Agencias/Ciudad de México.- A poco más de una semana del inicio de la temporada el Chongqing Liangjiang se dio de baja de la Super Liga de China debido a que no ha podido pagarle a jugadores y personal. Se trata de otro duro golpe a la liga doméstica.

Así como sucedió antes de la campaña 2021 cuando el campeón Jiangsu FC se dio de baja, el Chongqing anunció que financieramente no podía continuar y no formará parte de la temporada que está programada para iniciar el 3 de junio.

“Tras una cuidada deliberación por parte de los accionistas del club, tomamos la lamentable decisión de darnos de baja de la liga y disolver al equipo”, dijo el club en un comunicado. “Gracias a todo los jugadores y personal por su duro trabajo”.

Este mes una corte china fue informada que los jugadores del Chongqing habían estado 16 meses sin recibir su salario completo.

“Desde el 2019, hemos estado sufriendo por la miseria de salarios sin pagar”, publicó un jugador en una carta abierta. “Nuestro consistente, discreto y completo compromiso ha sido recompensado con palabras vacías”.

En contraste al derroche en jugadores famosos extranjeros en la década anterior —el punto máximo ocurrió en la temporada 2016-17 cuando la Super Liga de China fue la que más gasto en el mercado de transferencias— ahora el fútbol chino enfrenta varios problemas financieros.

Una recesión económica ha impactado a varias empresas que proveen de fondos a los clubes chinos y los efectos de la pandemia, que ha llevado a que los estadios estén prácticamente vacíos en las últimas dos temporadas, ha empeorado la situación.

Se suponía que organizar el campeonato continental cuatrienal en nueve arenas nuevas y relucientes y un estadio reconstruido sería un trampolín hacia la realización de la ambición del presidente chino, Xi Jinping, de ser el principal candidato para organizar la Copa del Mundo de 2030.

La política de China de cero COVID ha llevado a confinamientos estrictos que ha afectado a la liga que usualmente comienza en marzo.

“El brillo ha desaparecido del ecosistema deportivo de China”, dijo a la agencia Reuters Mark Dreyer de China Sports Insider.

“¿Quién confiaría en China con una candidatura para la Copa del Mundo dado todo lo que hemos visto en los últimos dos años desde la pandemia?”, se cuestionó y añadió que: “en términos futbolísticos básicamente hemos visto el auge y la caída completos”.

El clima actual está muy lejos del día, hace 10 años, cuando el Guangzhou Evergrande presentó al ganador de la Copa del Mundo, Marcello Lippi, como su nuevo entrenador con un salario anual de 10 millones de euros (10.44 millones de dólares).

La llegada del italiano anunció una nueva era para el fútbol chino, impulsada en gran medida por el dinero de ambiciosos promotores inmobiliarios decididos a hacer realidad el sueño de Xi.

A los 18 meses de su llegada, Lippi había llevado al Guangzhou al título de la Liga de Campeones de Asia. Dos años más tarde, otro ganador de la Copa del Mundo, Luiz Felipe Scolari, repitió la hazaña.

Dejando a un lado la eternamente débil selección nacional, el fútbol volaba alto en China y las sumas gastadas en jugadores y entrenadores de todo el mundo aumentaron a medida que prosperaba la Superliga china.

Oscar cambió Chelsea por Shanghái y un salario que, según se informó, era de poco menos de medio millón de dólares a la semana en 2016, siguiendo los pasos de su compatriota brasileño Hulk, que se había mudado de San Petersburgo por una tarifa de alrededor de $50 millones.

Mientras tanto, los empresarios del país acudieron en masa a Europa en un esfuerzo por importar experiencia a la naciente industria del fútbol de China. Pronto el Atlético de Madrid, el AC Milan y el Inter de Milán estuvieron bajo propiedad china.

Los órganos de gobierno fueron cortejados. La FIFA se asoció con Wanda Sports y Alibaba, propiedad de Jack Ma, se inscribió para patrocinar la Copa Mundial de Clubes ampliada en su relanzamiento programado en China en 2021.

Se esperaba una candidatura para albergar la Copa del Mundo en 2030 o 2034 y los derechos de la Copa Asiática de 2023 se aseguraron en el congreso extraordinario de la Confederación Asiática de Fútbol en París en 2019.

Ya había algunos cambios en el aire antes de que surgiera el covid-19 a fines de 2019, pero la pandemia mundial que siguió hizo que el juego cayera en picada.

La Copa Mundial de Clubes de 2021, sin expandir, se descargó en los Emiratos Árabes Unidos y ahora se han devuelto los derechos de la Copa Asiática, dejando las esperanzas de China de organizar la Copa del Mundo como poco más que un sueño febril por covid-19.

En la Super Liga el declive ha sido igual de precipitado con el Jiangsu FC, propiedad de Suning Group, propietario del Inter de Milán, que se retiró unos meses después de ganar el título de la Superliga china de 2020 y ahora lo hace el Chongqing Liangjiang.

La presión del gobierno sobre los endeudados constructores, los principales patrocinadores del fútbol chino, ha hecho que se recorten los fondos en numerosos clubes, incluido Guangzhou.

Con salarios significativamente más bajos que hace una década y la sombría opción de jugar en burbujas bioseguras y sin fanáticos, son ya pocos los jugadores de alto perfil que quedan y que alguna vez acudieron en masa a la Superliga china.

“Se sabe que Xi Jinping es un fanático del fútbol, ​​pero el fútbol está muy abajo en su lista de prioridades en este momento”, dijo a Reuters Dreyer, autor de “Superpotencia deportiva: una visión interna sobre la búsqueda de China para ser el mejor”.

“Solía ​​ser un hecho que viviría para ver a China albergar una Copa del Mundo, pero ahora creo que es solo un 50-50” de probabilidades, puntualizó.

Ha pasado ya una década desde que las maletas llenas de dinero en efectivo de China comenzaran a inundar el mercado de transferencias del fútbol y muchas estrellas dilucidarán ir a jugar a la naciente Super Liga a cambio de millones de dólares para sus bolsillos.

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