Agencias/Ciudad de México.- Pistoleros asesinaron al sacerdote Román de la Cruz Hernández, cuyo cuerpo abandonaron a un costado de una carretera de terracería, en los límites de los municipios de Tlanchinol y Lolotla, en la región norte de Hidalgo.

Los verdugos dejaron el cuerpo boca bajo oculto entre la hierba con varios impactos de bala y una cartulina pegada en la espalda, con un mensaje que hasta ahora no ha sido revelado.

A la par del cadáver del sacerdote originario de Lolotla,  los sicarios abadonaron la camioneta Toyota Tacoma roja, con placas de Baja California, sobre en el tramo carretero de terracería Tlolango-Tetlapayac.

Desde 2024, De la Cruz Hernández de 48 años de edad, fue desginado párroco diocesano de Santa Cruz y coordinaba la Comisión para la Pastoral Profética de la Diócesis de Huejutla, en el norte de Hidalgo, en la empobrecida región de la Huasteca.

La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) exigió a las autoridades una investigación exhaustiva para esclarecer el asesinato y llevar a los responsables ante la justicia.

“Nos unimos fraternalmente a Mons. José Hiraís Acosta Beltrán, obispo de Huejutla, a sus sacerdotes, a la vida consagrada y a todo el pueblo de Dios de esta Iglesia particular y junto con él hacemos un llamado para que las autoridades correspondientes realicen una investigación exhaustiva que permita esclarecer estos hechos y se haga justicia de manera expedita”, señaló el organismo episcopal.

La Procuraduría General de Justicia de Hidalgo abrió una carpeta de investigación para tratar de esclarecer los móviles del homicidio y capturar a los responsables.

Hasta la tarde de este miércoles, la Fiscalía de Hidalgo desconocía el posible móvil del crimen.

La Diócesis de Huejutla, Hidalgo, exigió esclarecer el homicidio del sacerdote De la Cruz Hernández

Y, pidió evitar especulaciones sobre las circunstancias del asesinato mientras continúan las investigaciones.

De acuerdo con reportes periodísticosdurante el gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo (2024-2026) se han registrado 28 ataques contra instalaciones de la Iglesia Católica y sacerdotes, en Chiapas, Estado de México, Guerrero, Colima, Guanajuato, Ciudad de México, Tabasco y Baja California, Hidalgo.

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