Agencias/Ciudad de México.- El apagón total en que se sumió Cuba es el culmen de la crisis energética que sufre el país desde hace años, un problema enquistado y de compleja solución a largo plazo, de acuerdo a los expertos, que tiene graves consecuencias económicas y sociales.

El gobierno suspendió las clases y las actividades no vitales mientras se recupera el sistema energético nacional que colapsó pero continúa con la operación de servicios básicos como hospitales y bombeo de agua.

La central termoeléctrica Antonio Guiteras, en Matanzas (occidente), sufrió una avería y tuvo que salir del Sistema Eléctrico Nacional (SEN). Esta acción imprevista desequilibró un sistema ya en una elevada situación de estrés y provocó lo que la estatal Unión Eléctrica (UNE) denominó “cero cobertura energética nacional”.

Cuba llevaba desde finales de agosto experimentando prolongados apagones diarios. Se había alcanzado la tasa máxima de déficit de 2024, al superarse una afectación simultánea que apagó a más de la mitad del país. Este es el peor porcentaje de los últimos años, incluidos los picos de déficit de principios de este año y de julio y agosto de 2021 y 2022.

En La Habana, que suele preservarse de la crisis por su capitalidad, los apagones mínimos diarios eran ya de seis horas. En algunos municipios superaban desde hace semanas las 20 horas diarias.

Actualmente las causas son, según la UNE, dos: la escasez de combustible importado -fruto de la falta de divisas- para surtir los motores y plantas eléctricas, y las reiteradas averías en sus obsoletas centrales termoeléctricas.

Cuba, según datos del Minem, consume 8 millones de toneladas de combustibles al año, de las que sólo produce tres millones. El Gobierno ha apuntado en alguna ocasión que dedica más de 2.000 millones de dólares a este rubro anualmente. Aliados como Venezuela, Rusia y México han estado proveyendo al país de la mayor parte de la energía que requiere.

La isla cuenta actualmente con siete centrales termoeléctricas de factura soviética -construidas hace más de cuatro décadas y afectadas por un déficit crónico de inversión-, con un total de 20 unidades de generación (siete de ellas estaban en los últimos días paradas por averías y mantenimientos).

Además Cuba ha rentado en los últimos años varias centrales flotantes, de las que actualmente operan sólo cinco. Se trata de una solución rápida, pero costosa y contaminante, que no resuelve el problema estructural.

En septiembre de 2022 se produjo una situación similar de “cero producción” tras el paso del huracán Ian con categoría tres (de cinco) en la escala Saffir-Simpsom por el extremo occidental de la isla. Esto provocó un grave desajuste que dejó a oscuras a todo el país. La recuperación llevó días.

Los expertos coinciden en que no hay soluciones sencillas. El consultor independiente Emilio Romero cifró en 10,000 millones de dólares la inversión necesaria para reflotar el sistema electroenergético cubano.

El director general de electricidad del Ministerio de Energía y Minas, Lázaro Guerra, aseguró en una entrevista a EFE el pasado abril que esa cantidad no era “disparatada”, pero no aportó cifras propias.

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, aseguró por su parte que “la dirección del país” está dedicando “absoluta prioridad a la atención y solución de esta contingencia energética de alta sensibilidad para la nación” y subrayó que “no habrá descanso” hasta que se restablezca el flujo eléctrico en el país.

A largo plazo, Cuba aspira a reformar sustancialmente el SEN, según Guerra, y avanzar hacia la “independencia energética” basándose en “el crudo nacional, el gas acompañante y las renovables”, con un papel destacado de la solar.

El Gobierno cubano impulsa un plan para poner en marcha, con ayuda china, 100 parques solares de aquí a 2031 con una capacidad instalada de 2.000 megavatios, que podrían aliviar el déficit energético.

Los frecuentes cortes en el suministro eléctrico dañan severamente la economía cubana, que en 2023 se contrajo un 1,9 % y se encuentra aún por debajo de los niveles de 2019, en parte por la paralización forzada por los apagones.

El primer ministro cubano, Manuel Marrero, anunció en una inusual comparecencia televisiva que se iba a paralizar toda la actividad no esencial de las instituciones estatales, que abarca desde la agenda de los ministros a los colegios y la mayor parte de la industria pública.

Los apagones paralizan la vida cotidiana de los cubanos: no funcionan los semáforos, los cajeros automáticos, los servicentros (gasolineras), el pago electrónico de las tiendas, las oficinas de la administración, las cocinas eléctricas de la mayoría de hogares, y las bombas de agua de las ciudades y de las viviendas. Por citar sólo unos ejemplos.

Esto ha atizado el descontento en un contexto de grave crisis económica desde hace más de cuatro años, con escasez de básicos (alimentos, medicinas, combustible), inflación galopante, dolarización creciente y una oleada migratoria sin precedentes por su volumen y amplitud temporal.

Los expertos consideran además los apagones como los catalizadores de protestas antigubernamentales, incluidas las del 11 de julio de 2021 -las mayores en décadas-, y las del pasado 17 de marzo en Santiago de Cuba (este) y otras localidades.

Una noche a oscuras en el gran apagón de Cuba

Cuando de verdad se sufre el apagón es de noche. Cuando las casas quedan totalmente a oscuras, las cocinas eléctricas no sirven para preparar la cena, los ventiladores inertes no espantan el calor caribeño y sólo las luces de un carro o un celular rompen el negro más rotundo.

Bien lo saben los cerca de 10 millones de cubanos que han pasado la noche a oscuras después de que una avería en una central clave desatase un apagón completo del que el país está apenas empezando a recobrarse.

Este es el culmen de una crisis energética de años que se había agravado en las últimas seis semanas por el déficit de combustible -fruto de la falta de divisas para importarlo- y de las frecuentes averías en las obsoletas centrales termoeléctricas del país, de factura soviética.

“Ésta hay que pasarla”, dice mordaz a EFE Alexis, sentado en la penumbra de una acera estrecha del popular barrio de La Habana Vieja, sobre una rustica banqueta, mientras comenta con un grupo de amigos y familiares lo “duro que está esto”.

Es cerca de medianoche y en las calles de su distrito apenas se puede distinguir una fachada, un vecino caminando o un tanque de basura a unos metros. El centro de la capital cubana tiene un toque espectral, casi apocalíptico.

Cuatro hombres juegan al dominó en la calle aprovechando la luz delantera de una moto. Una pareja con una niña en brazos camina iluminando la calzada plagada de agujeros con una linterna. Un delgado anciano sin camiseta anhela el fresco sentado en el escalón de la entrada de su casa.

“Está de p…”, replica a Alexis su amigo Yoelkis, un joven habanero sentado a su lado y muestra una pequeña botella de ron local barato, su remedio para superar las dificultades.

“Cero cobertura energética nacional”

El Gobierno cubano explicó que tras el colapso del Sistema Eléctrico Nacional (SEN), el momento de “cero cobertura energética nacional”, se puso en marcha el proceso de reactivación, algo que debe hacerse de forma “gradual”. En este momento inicial no podían anticipar plazos de recuperación.

A primera hora de la noche la estatal Unión Eléctrica (UNE) comunicó que ya había algunos puntos de La Habana (y de al menos otras cuatro provincias) donde se había logrado poner en marcha circuitos y que su propósito era seguir ampliando esas áreas, conectarlas entre sí y acabar dando energía a las centrales termoeléctricas del país para que pudiesen volver echar a andar.

En la calle, mientras tanto, se trata de “resolver”, explica a EFE Kevin. “Ahí en la otra cuadra prepararon una caldosa en una hoguera en la calle. Agarran la madera del derrumbe de la esquina”, dice señalando a la pila de escombros de un casa adyacente en ruinas.

Kevin asegura que él tuvo suerte porque justo antes de que comenzase el gran apagón había llenado la cisterna de la casa y por lo menos tienen agua. “En provincias están peor”, afirma.

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, calificó la situación de “emergencia energética”. El Gobierno ha puesto en marcha medidas de contingencia que incluyen la paralización de toda actividad laboral estatal no esencial, lo que ha afectado desde la agenda de los ministros hasta las escuelas.

Otros habaneros prefieren no hablar de la situación y evadirse. Una cuadra sí y otra también, de una motocicleta eléctrica o una bocina (altavoz) de grandes dimensiones, surge música -generalmente reparto y reguetón- a un elevado volumen a pesar de la hora. Una pareja baila bien pegada aprovechando el anonimato de la oscuridad; más allá discurre una conga con los más jóvenes.

En zonas residenciales, por el contrario, reina el silencio. Sólo lo rompe de vez en cuando el ruido ronco y monótono de las plantas generadoras de los grandes hoteles y algunos restaurantes y de los escasos afortunados particulares que pueden permitirse uno de esos aparatos y el combustible para alimentarlo.

“Lo bueno que tiene esto es lo malo que se está poniendo”, resume Yoelkis.

Los frecuentes cortes eléctricos están alimentando un creciente descontento social en un país atenazado desde hace más de cuatro años por una grave crisis económica. Algunos expertos los consideran el catalizador de las inusuales protestas que se han registrado en Cuba desde 2021.

Calles espectrales sumió a Cuba en la oscuridad

Millones de cubanos se quedaron sin electricidad luego que el sistema energético nacional colapsara debido a la avería en una de las principales centrales eléctricas de la nación caribeña. El apagón generalizado que azotó la isla es el peor en al menos dos años.

Las autoridades lograron reconectar el suministro eléctrico a algunos circuitos, pero no estaba claro cuándo se restablecerá por completo en todo el país.

Aunque los problemas energéticos en Cuba llevan meses, en este año se agudizaron. Los reportes oficiales indicaron que en algunas jornadas el abastecimiento de electricidad en 2024 alcanzaron el 60% de los requerimientos o la demanda de ese día.

Se produjo el peor apagón hasta entonces en lo que iba del año, con un 50% del país a oscuras. En este contexto de inestabilidad, una avería en la Central Termoeléctrica Antonio Guiteras, en la provincia de Matanzas, provocó una desconexión total de todo el sistema nacional y el apagón total y masivo.

Cuba produce su energía a partir de grandes centrales termoeléctricas como la Antonio Guiteras, las cuales se abastecen de combustible. Otra parte de la generación se realiza mediante pequeñas plantas distribuidas localmente y patanas —embarcaciones equipadas con generadores de electricidad— alquiladas a Turquía, todas las cuales consumen crudo o derivados.

Pero la isla apenas produce la mitad del combustible que necesita, por lo que debe salir a comprar al extranjero, un mercado al cual no puede acceder normalmente debido a las sanciones de Estados Unidos, lo que la obliga además a pagar sobreprecios en dólares de lo cuales su economía en crisis carece.

También ha dependido de aliados como Venezuela y Rusia para obtener este combustible, pero estos países tienen sus propios problemas que atender.

Un segundo motivo es que las centrales son viejas y sin los mantenimientos adecuados, otra vez por falta de divisas, por lo cual se paran o averían —como la Guiteras— con frecuencia.

El tercer elemento en esta tormenta perfecta que ocasionó el colapso es un incremento de la demanda residencial, sobre todo en las tórridas madrugadas debido a un aumento de aires acondicionados -–unos 100.000 de estos equipos sólo en lo que va del año— que los cubanos están instalando.

Este es el peor apagón que se recuerde en décadas. Aunque los cubanos suelen tener cortes de algunas horas diariamente, nunca son tan serios como para desconectar el sistema energético nacional. En 2002 se produjo una desconexión del sistema energético ocasionado por averías tras el paso del poderoso ciclón Ian por el occidente del país.

Es impredecible decir cuál será el impacto político de estas afectaciones, pero la falta de luz fue el catalizador de las protestas de julio de 2021, octubre del 2022 y marzo de 2024, cuando personas salieron a la calle demandando corriente eléctrica. En julio del 2021 una persona murió y se produjeron saqueos. La reacción del gobierno con el encarcelamiento de manifestantes y su enjuiciamiento ocasionó críticas internacionales.

Las autoridades suelen señalar incluso que Estados Unidos y grupos de presión radicados en Florida alimentan campañas mediáticas y en redes sociales aprovechando el descontento puntual por la situación de crisis —energética y económica— para impulsar protestas que lleven a una caída del gobierno.

Se desconoce cuándo se solucionará esta avería puntual, pero las autoridades trabajan públicamente desde el año pasado en un proyecto que cambie la matriz energética de la isla mediante el uso de energías alternativas. Tiene en proceso la instalación de 31 parques fotovoltaicos que estarán listos en 2025.

Clases y Actividades no vitales suspendidas

Un reporte del ingeniero Lázaro Guerra del Ministerio de Energía y Minas informó a medios de prensa locales que el país estaba sirviendo unos 700 megavatios. Normalmente la demanda en horario pico suele ser de unos entre 2.000 y 3.000 megavatios.

Las autoridades eléctricas informaron que el 50% de La Habana ya cuenta con luz, aunque AP constató que el servicio era intermitente.

La emergencia energética obedece principalmente a un aumento de la demanda, la falta de combustible para alimentar las plantas de generación y las frecuentes averías en las viejas centrales termoeléctricas. Los dos últimos factores están ocasionados por las sanciones de Estados Unidos, que le impiden a Cuba comprar crudo o sus derivados o adquirir las piezas de repuesto.

A su vez la situación forma parte de una dura crisis económica que se hizo sentir en la población con desabastecimiento, inflación y apagones.

El reclamo de energía estuvo detrás de las protestas de julio de 2021, las más importantes en la isla en casi tres décadas. Otras manifestaciones más pequeñas y localizadas se desarrollaron en octubre de 2022 y marzo de 2024.

El presidente Miguel Díaz-Canel reconoció que la gente estaba disgustada por la falta de luz. “Hay toda una capacidad desde el partido y otras organizaciones para dar respuesta a las inquietudes de la población, siempre que sea de manera decente, organizada, civilizada y disciplinada”, dijo el mandatario, que advirtió que “no vamos a permitir que nadie actúe provocando hechos vandálicos y mucho menos alterando la tranquilidad ciudadana de nuestro pueblo”.

El Ministerio de Energía y Minas (Minem) de Cuba anunció que ya ha iniciado de forma “incipiente” el proceso de “reenergización” y “arranque” en varios puntos del país para tratar de reiniciar el sistema eléctrico nacional tras el apagón nacional registrado esta mañana.

El director general de Electricidad del Minem, Lázaro Guerra, explicó en la televisión estatal que estas operaciones deben realizarse de forma gradual: “es un proceso que hay que hacerlo con calma”.

El funcionario reiteró que “habrá horas sin servicio (eléctrico), la restauración será paulatina y se realiza cumpliendo los protocolos para hacerlo de manera segura”.

Guerra indicó que la estrategia que siguen es intentar dar energía a las centrales termoeléctricas terrestres (CTE) disponibles a través de la generación distribuida y que se reconecten a la red eléctrica nacional, tras la caída “total” del sistema eléctrico.

El sistema eléctrico nacional (SEN) de Cuba está desconectado desde las 11:07 hora local (15:07 GMT) y las autoridades han reconocido que hay “cero cobertura energética nacional” por la salida de la red de la CTE Antonio Guiteras, la más importante del país.

Esta infraestructura, informó la propia UNE, precisaba ya un mantenimiento de algunos días después de estar operativa todo el verano (y contar con más de cuatro décadas de actividad).

En septiembre de 2022 se produjo una situación similar de “cero producción” tras el paso del huracán Ian con categoría tres por el extremo occidental de la isla. Esto provocó un desajuste de graves dimensiones y dejó a oscuras a todo el país. La recuperación llevó días.

Cuba se encuentra inmersa en una grave crisis energética por el déficit de combustible -fruto de la falta de divisas para importarlo- para sus motores y plantas generadores, y de la obsolescencia de sus siete centrales termoeléctricas, de factura soviética y con falta de inversiones y mantenimientos.

La UNE preveía que, en el momento de máxima demanda, se produjese un apagón que afectaría de forma simultánea al 49 % del país.

Se trata del segundo mayor porcentaje de afectación previsto en lo que va de año, después de que se marcara el máximo de cerca de un 51 %. A principios de año ya se registraron tasas superiores al 40 %.

Los frecuentes apagones dañan la economía cubana- que en 2023 se contrajo un 1.9 % y se encuentra aún por debajo de los niveles de 2019- e impulsan el descontento social en una sociedad afectada por la crisis económica agravada en los últimos años.

Los frecuentes apagones han sido además catalizadores de las últimas protestas antigubernamentales de cierta entidad en la isla, incluidas las del 11 de julio de 2021 -las mayores en décadas-, y las del pasado 17 de marzo en Santiago de Cuba (este) y otras localidades.

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