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febrero 4, 2024

Enfrenta crisis de agua sin plan ni política CDMX

Agencias/Ciudad de México.- La actual crisis hídrica que sufren la Ciudad de México y otras localidades de este país latinoamericano no responde solo a los efectos del cambio climático. De hecho, en esta megaurbe de más de 20 millones de habitantes llueve hasta 50% más que lo que llovía hace 100 años. Un experto en geografía explica a Sputnik las razones de la escasez.

Para empezar existen cuatro tipos de sequías:
Sequía meteorológica, que es la variabilidad del clima que en ciertos años resulta en menos lluvia de la que esperamos.
Sequía agrícola, cuando el agua no alcanza para los cultivos.
Sequía hidrológica, como la que sufre actualmente el Sistema Cutzamala cuando sus niveles son anómalamente bajos.
Sequía socioeconómica, que es cuando no hay agua para abastecer, por ejemplo, a los centros urbanos.

Así lo explica Víctor Magaña Rueda, investigador en el Instituto de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y doctor en Ciencias Atmosféricas por la Universidad de California, para quien la actual crisis de agua que vive la capital mexicana es un resultado de políticas poco eficientes o incluso inexistentes.

“Las autoridades solamente hablan de sequía meteorológica como el aspecto que resulta en la escasez y en la crisis hídrica porque conviene más hablar así, ya que parecieran liberarlos de la responsabilidad de un manejo muy pobre en materia de agua para la Ciudad de México y para otras urbes”, explica el experto.

Según él, es cierto que hay una sequía meteorológica, pero la razón por la que realmente existe una crisis en la urbe más grande de América Latina es porque los gobiernos “nunca construyeron políticas” que prepararan a la ciudad ante la disminución o la falta de lluvias.

“Hay que partir de eliminar eso que llamamos el enfoque naturalista, en el cual se piensa que toda la culpa es de la naturaleza que nos crea sequías. [Debemos] dejar de pensar solo en el cambio climático, que es el otro candidato a explicar todo y que no explica nada”, asegura.

Según el investigador, en la Ciudad de México llueve un 50% más de lo que llovía a principios del siglo XX, pero uno de los principales factores que han provocado diversas crisis hídricas es el crecimiento demográfico.

En la Ciudad de México, por ejemplo, había medio millón de habitantes al inicio del siglo y, de acuerdo con último censo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en 2020 contaba con 9.209,944 habitantes, sin contar la población de los municipios conurbados del Estado de México.

Tan solo en la década de 2010 al 2020, la metrópoli tuvo un crecimiento absoluto de 358,864 residentes y en 2020 la densidad de población era de 6.163 habitantes por kilómetro cuadrado en la capital del país, lo que contrasta con la media nacional de 64,3 habitantes por kilómetro cuadrado.

Para el doctor Magaña, las autoridades tienen la responsabilidad de prever estos aumentos demográficos y hacer planes para satisfacer la demanda y que los impactos de las sequías meteorológicas sean los menos posibles.

“Esto no ha sido el caso (…) Hemos vivido una política en la que dependemos totalmente de lo que la naturaleza quiere hacer con nosotros, y a pesar de que se construye infraestructura como la del sistema Cutzamala, rápidamente el destino nos alcanza porque el crecimiento demográfico va mucho más rápido que nuestra infraestructura para ofrecer agua”, dice el especialista.

De acuerdo con un reporte del Instituto Mexicano de Competitividad (IMCO) publicado el pasado 31 de enero, México vive una crisis hídrica que, al 15 de enero de 2024, afectaba a un total de 1.613 de los 2.457 municipios del país con sequías severas, extremas y excepcionales.

Según este reporte, la disponibilidad promedio de agua por persona en México ha disminuido de forma constante en las últimas décadas, producto del crecimiento demográfico, la mala gestión y el crecimiento en la producción agropecuaria, entre otros factores.

En 1960 la disponibilidad ascendía a 10.000 metros cúbicos, mientras que para el año 2000 se había reducido a 4.000. Actualmente, se encuentra en 3.200 y, de continuar la tendencia, se estima que para 2030 se ubique por debajo de 3.000 a medida que aumenta la población, las sequías y la sobreexplotación, señaló el IMCO.

En el agua también hay injusticia

El doctor Magaña afirma que se tendría que analizar qué tan eficiente ha sido el manejo del agua en cuanto a qué tanto del presupuesto invertido termina realmente en agua ofrecida a la población.

Y esto, afirma el experto, tiene que ver con la reutilización —que en México es de apenas un 10%—, el desperdicio de agua en fugas y la contaminación de los cuerpos de aguas superficiales.
Sin embargo, afirma Magaña, un punto crítico es cómo generar un programa de cultura del agua en una ciudad como la de México, y esto tiene que ver con los consumos.

De acuerdo con el investigador, en la Ciudad de México cada habitante consume en promedio unos 170 litros por día, pero estos no son distribuidos uniformemente.

En las zonas ricas de la ciudad, por ejemplo, el consumo es de hasta 300 litros por persona al día, mientras que en las zonas pobres puede ser solo de 40 litros.

“Es un punto que se debe mencionar sobre la inequidad en términos del acceso al agua; escuchamos ahora muchas manifestaciones de la gente con más recursos económicos en términos de que no tienen toda el agua que están acostumbradas a utilizar, pero nadie reconoce o ni siquiera deben saber, en promedio, cuánto consumen”, sostiene el académico.

De acuerdo con Magaña, entidades internacionales como la Organización Meteorológica Mundial consideran que con 110 litros por persona al día tendríamos suficiente para satisfacer todas nuestras necesidades.

“Estamos consumiendo más de lo que deberíamos”, asegura el especialista, quien recomienda tomar medidas para reducir el consumo como instalar regaderas ahorradoras y otros sistemas de doble uso en los hogares.

No hay plan ni política

Sin embargo, asegura, no hay en el país normas, por ejemplo, para que esas regaderas “que parecen cataratas del Niágara” se prohíban o para reducir los consumos; tampoco existen normas para obligar a reducciones en los grandes usuarios.

“No existen muchas cosas de política. Por eso, cuando llega el momento de una sequía que ya lleva alrededor de dos o tres años, para el caso del nacido en el centro de México la situación se vuelve crítica y lo toma sin saber qué hacer, pero lo único que hacemos son tomar medidas de emergencia porque no hay planeación previa”, apunta el experto.

Según él, algunos programas para un uso más eficiente del agua, como el que se implementó por la Comisión Nacional del Agua (Conagua) durante la Administración del expresidente Enrique Peña Nieto, se abandonaron y actualmente no hay ningún proyecto en ese sentido.

“Enfrentamos un periodo de sequías nuevamente y lo único que queda a las autoridades, bastante limitadas en materia técnica y científica, es echarle la culpa al cambio climático y a las sequías”, afirma Magaña.

El último reporte del Organismo de Cuenca Aguas del Valle de México, fechado el 1 de febrero de este año, indicaba que el almacenamiento de la cuenca del Cutzamala, el sistema que suministra agua a 12 de las 16 alcaldías de la Ciudad de México, se encontraba a 39,47% de su capacidad, un mínimo histórico.

Para el especialista, esto se trata de un problema de acumulación de malas políticas, malas estrategias de manejo y nula participación de la ciudadanía, en términos de saber cómo ahorrar agua.

El problema no es solo de las autoridades

Para Magaña, esta conciencia de la ciudadanía se debe impulsar con medidas como el cobro real del costo del agua, sin subsidios gubernamentales.

“El agua debe costar lo que vale [en México] para que nos genere conciencia [de su valor]”, sugiere.

Otra manera de hacer frente al problema, asegura el investigador, es implementar estrategias de ahorro domésticas para que eventualmente la capital mexicana sea una urbe que pueda lidiar con sequías futuras y, también, con grandes precipitaciones.

“La ciudadanía tampoco puede quedarse solamente culpando a las autoridades. La mayoría de los problemas que enfrentamos en este país son problemas de sociedad y Gobierno que de forma conjunta y coordinada deben encontrar las mejores soluciones”, concluye.

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