Cruzar el muro no sólo requiere valentía, también requiere inteligencia, firmeza, y sobre todo, ideología de transformación.
El silencio.
Por David Vargas Araujo/Ciudad de México.- En las discusiones previas a la visita ha habido de todo, injurias, contradicciones, calumnias, falsedades, manipulación, odio, venganza y enojo.
Sin tener argumentos sólidos, mucho menos una discusión teórica política basada en la verdad.
Las realidades se confrontan, llegando al punto que la molestia hace que no se escuchen y la propuesta política quede perdida en el mar de la ignorancia.
La búsqueda de la veracidad, o la búsqueda de sus verdades no existen, y si están, vuelan alrededor de sus cabezas de “intelectualidad” atrasada. Comentarios van y vienen. Conversatorios se quedan en la computadora como fondo de pantalla porque lo que dicen no trasciende.
La discusión ideológica ha caído en bravatas y consideraciones esquizofrénicas. La actualidad política en nuestro país, es la expresión de una lucha de clases, donde una es la privilegiada y otra la abandonada. Es decir, la lucha entre los que tienen riqueza y los que no tiene nada.
Esto ha sido la antesala de la visita de AMLO a Estados Unidos, donde algunos suponían que le iría mal.
Porque lo acusan de entreguista y vende patrias. Los acusadores son el PRI-PAN, el neoliberalismo en su máxima expresión, que incluso, llegaron a plantear que era un error la visita de AMLO a Estados Unidos, porque abonaría a la reelección de Trump. El PRI-PAN aconsejando cómo hacer política internacional, cuando históricamente gobernó endeudado a nuestro país con capital extranjero, y se regían por los dictados del FMI y del BM. Consejos de corruptos.
A pesar de ello, la visita se hizo. AMLO pisó la tierra de Abraham Lincoln. Desde el avión, en la CDMX, el apoyo de los pasajeros era evidente. En la escala de Atlanta, también hubo alegría de la gente por ver al Presidente. Ningún Presidente de México había tenido tanto apoyo popular, dentro de nuestro país, como en el exterior. Cientos de paisanos corearon su nombre, le brindaron su apoyo y su solidaridad.
En la Casa Blanca fue recibido por Trump. AMLO leyó su discurso, planteó la necesidad de seguir impulsando el T-MEC y el desarrollo de las tres economías (EEUU, Canadá y México). Defendió la mano de obra, respaldó la fuerza de trabajo de los obreros mexicanos que generan ganancias a Estados Unidos.
Esa fuerza de trabajo que no puede sustituir la tecnología, esa fuerza de trabajo que no puede ser abandonada, sino darle mejores salarios y bienestar social. AMLO al lado de Trump, defendiendo con argumentos a nuestras y nuestros trabajadoras y trabajadores mexicanos.
Desde la Casa Blanca, junto a Trump, habló de manera elegante y con rigor, por la defensa de nuestra soberanía, de nuestra independencia, de nuestro país. Desde ahí Dijo: “Agradezco al Presidente Trump por no tratar de imponernos su política, así como llevar una relación de respeto y no intervención”. Palabras que llenan ese discurso de firmeza nacional, de confianza presidencial, de sentirse respaldado por más de 30 millones de mexicanos y de seguridad plena para plantear ante Trump no queremos injerencismo.
AMLO demostró la capacidad de un estadista al asumir el papel que hoy le ha dado la historia. Trump, escuchando la voz de AMLO, sin hacer gesto alguno, solo mostrando su respeto.
A pesar de los malos augurios de sus adversarios, de los malos consejos de la derecha y de sus enemigos, la visita ya es parte de la historia. AMLO ha quedado con letras y palabras que permanecerán en los oídos de todo el mundo, como un gobernante legítimo, democrático y defensor de la soberanía.
Con su voz, representó a México, la libre autodeterminación de los pueblos. Con su personalidad sureña, quedó plasmada la transformación de la nación y, desde luego, dejo el sello de su gobierno: El combate a la corrupción. Ha dejado el camino lleno de huellas en la Casa Blanca, su perseverancia en la defensa de nuestros paisanos, el sudor de su lucha a millones de compatriotas que generan desarrollo en EEUU y en México. Así se queda el Presidente AMLO, como el compañero que hizo su primer viaje al extranjero para fijar postura patriótica y soberana de manera verdadera.
Con su discurso dejó para la historia, páginas de libertad e igualdad. Dejó capítulos de coherencia política y transformación social. El discurso histórico, respaldado por su andar democrático y soberano, que no solo recorre México, sino que hoy, brincó la frontera. Cruzó el muro con palabras de valentía, firmeza, y sobre todo, confianza para el mundo y México.
Habrá quienes no estén de acuerdo con AMLO, y plasmarán reiteradamente los supuestos argumentos que salen del limbo de la oscuridad intelectual. Pero allá ellos, que sigan viviendo su realidad, esa que solo existe en su escritorio, en su mente, en defensa de sus intereses personales. Seguirán con su odio. AMLO continuará dando pasos seguros, fomentando la libertad de expresión y generando certidumbre para nuestra patria. Que mañana escuchemos nada más palabrerías. Que mañana escuchemos la congruencia de las ideas arraigadas en el cambio profundo, ese cambio de raíz que millones queremos que se haga realidad.
Ojalá que la discusión nacional sea constructiva, propositiva, comprometida, por el bien de todas las mexicanas y los mexicanos.