Agencias/Ciudad de México.- La situación económica del Barcelona es tan dramática que la madrugada del martes al miércoles se celebraron como una gran victoria en los despachos del Camp Nou el cierre de unas operaciones, la marcha de Antoine Griezmann y la llegada de Luuk de Jong, que debilitan a la plantilla pero que permiten coger aire a los números de la entidad, con una deuda de 1.350 millones de euros.
Durante este mercado de verano el club azulgrana se ha centrado en rebajar imperiosamente la masa salarial, que antes de la marcha de Leo Messi suponía un 110% de los ingresos del Barça, para poder cumplir con el límite salarial de LaLiga (del 70%, ahora situado en los 348 millones) y a hacer caja con jugadores que ha considerado prescindibles.
En este sentido, la ventana se ha cerrado satisfactoriamente para la entidad presidida por Joan Laporta, que sentenció que no piensa permitir que el Barça deba convertirse en una Sociedad Anónima Deportiva, el peligro que acecha si no se conseguir revertir esta situación económica.
La Cadena SER informó que para el curso 2021-2022 el club tiene proyecciones económicas que apuntan a nuevas pérdidas millonarias después de acumular 481 millones en el ejercicio 2020-2021.
El Barça ha logrado deshacerse de 126,6 millones de euros en salarios netos, según datos del portal ‘Salary Sport’, al desprenderse de Messi (71), Griezmann (36), Francisco Trincao (8), Junior Firpo (6), Emerson Royal (3), Ilaix Moriba (2) y Matheus Fernandes (0,6). Además, ha conseguido las adecuaciones salariales de los capitanes Sergio Busquets, Gerard Piqué y Jordi Alba, de las cuales aún no se han explicado las cifras.
Sin estas operaciones el Barça no hubiese podido inscribir a los cinco fichajes de este curso: Memphis Depay, Eric Garcia, Sergio ‘Kun’ Agüero, Luuk de Jong y Emerson Royal, quien finalmente ha acabado poniendo rumbo a Londres para jugar en el Tottenham.
Ahora el brasileño Philippe Coutinho, que no tuvo asegurada su continuidad en el Barça hasta el tramo final del mercado y que sale de una grave lesión de rodilla, pasa a ser el jugador mejor pagado de la plantilla azulgrana, con 24,5 millones anuales.
Le sigue Miralem Pjanic con 16,5, un jugador que no cuenta para Ronald Koeman. Pero no se le ha encontrado salida precisamente por sus altas pretensiones salariales. Un caso prácticamente idéntico al de Samuel Umtiti, que ahora será el sexto jugador mejor pagado de la plantilla con 13 millones de euros.
Por otro lado, el Barça ha hecho caja con traspasos. Sumando los fijos y los variables podría llegar a ingresar 137,1 millones de euros por este concepto.
Uno de los traspasos es el de Emerson, que fichó este martes por el Tottenham por 25 millones de euros. Aunque el Betis se llevará un 20% del traspaso, unos 5 millones. Por lo tanto, el beneficio para el Barça, teniendo en cuenta que el valor contable neto del jugador era de 16,2 millones, será de 3,8.
Pero el gran adiós del último día de mercado fue el de Antoine Griezmann, que se va cedido al Atlético de Madrid por una temporada más otra opcional. El jugador no regresará a la disciplina azulgrana porque la entidad ‘colchonera’ tiene una opción de compra obligatoria. Diferentes medios aseguran que durante la cesión el Atlético pagaría 10 millones de euros al Barça y 40 más cuando deba hacer efectiva la compra.
Este martes también se oficializó la marcha de Ilaix Moriba al Red Bull Leipzig traspasado por 16 millones más 6 en variables y la de Rey Manaj al Spezia como cedido por 300.000 euros hasta el 30 de junio de 2022 y una opción de compra no obligatoria de 2,7 millones.
Otras operaciones que ha cerrado el Barça este verano han sido la venta de Junior Firpo al Leeds United por 15 millones de euros, la de Carles Aleñà al Getafe (5), la de Sergio Akieme al Almería (3,5) y la de Konrad de la Fuente al Olympique de Marsella (3).
Además, Francisco Trincao ha sido cedido al Wolverhampton con una opción de compra obligatoria (que se sitúa alrededor de los 30 millones) y el Barça ha percibido 1,8 millones de euros por el traspaso de Marc Cucurella al Brighton procedente del Getafe.
En cambio, todos los jugadores que han llegado al Barça lo han hecho libres (Memphis, Eric Garcia, ‘Kun’ Agüero) o en forma de cesión (Luuk de Jong).
La marcha de Griezmann es un nuevo golpe a la capacidad del Barça para encontrar nuevos patrocinadores e ingresos a nivel internacional después del adiós de Messi. Y esto sucede cuando el club debe atar a un nuevo patrocinador para el frontal de la camiseta (Rakuten finaliza contrato en 2022) y otro para la manga izquierda (ahora está libre tras la renuncia de Beko).
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Sería absurdo decir que Joan Laporta no tiene la culpa de nada. De entrada, tiene la culpa de no haber sabido gestionar las expectativas: de haber insinuado que con él habría renovación de Leo Messi, que con él llegaría savia nueva al banquillo y que bajo su mandato volvería la excelencia al campo.
Eso, en la situación económica actual del Barcelona, es imposible. El Barcelona ha dejado de ser un grande que ficha a placer para mejorar su plantilla y ha pasado a ser un club que lucha por sobrevivir… sin dejar de ser competitivo por el camino.
Obviar que, de un año a otro, el Barça ha perdido a Leo Messi y a Antoine Griezmann a cambio de prácticamente nada es imposible. Hacer a un lado el hecho de que ha acabado con Luuk de Jong y Martin Braithwaite de delanteros, que Koeman sigue en el banquillo porque no se le puede pagar el finiquito -no se le ha pagado ni a Quique Setién aún- o que ha sido imposible “colocar” a Ousmane Dembélé, Samuel Umtiti o Philippe Coutinho es mucho hacer a un lado y no estamos por la labor: todo eso está ahí y es terrible para el aficionado barcelonista, que el mismo martes desayunaba con rumores que apuntaban a la compra de Dani Olmo… ¡por 75 millones de euros!
La directiva del Barça no ha sabido transmitir el mensaje correcto ni se ha preocupado demasiado por ello. No sé si porque no eran conscientes de la gravedad de la situación, porque siendo conscientes pensaban que todo se solucionaría por arte de magia… o porque el optimismo vende más y mejor. El caso es que buena parte de los medios se levantan hoy con la noticia del “papelón” del Barça por el traspaso-cesión de Griezmann al Atlético de Madrid por un tercio de lo que se pagó originalmente, y ese “papelón” solo puede verse como tal si no se atiende a lo básico: el club está en quiebra. No hay un duro. Hasta ayer, no se consiguió inscribir al “Kun” Agüero porque seguían sin cumplirse las reglas básicas de LaLiga. Ahora, tocará inscribir a Mingueza. Pequeños objetivos.
Ahora bien, lo que sí ha sabido gestionar la directiva es la realidad, que es lo que cuenta. Messi nunca habría podido renovar, a Griezmann no se le podía pagar esa ficha, los grandes jugadores con contrato están fuera del alcance del club y lo estarán durante años. En esas circunstancias, Laporta se ha movido con cierta agilidad: no ha conseguido desprenderse de tanto contratazo heredado pero ha solventado bien la crisis de Ilaix Moriba, ha sacado un dinero por Emerson de Souza y ha convencido a sus capitanes de diferir los sueldos para poder tener margen de maniobra a corto plazo.
Aparte, ha traído a Eric García, al citado “Kun” Agüero y a Memphis Depay sin tener que pagar traspaso y con unos sueldos moderados en comparación con lo antes visto. Es cierto que lo de Luuk de Jong empaña un poco todo porque ha sido lo más reciente y porque damos todos por hecho que no es jugador para el Barcelona, pero, insisto, quizá lo que tenemos que cambiar es nuestra percepción del Barcelona. Igual, ahora mismo, ese jugador sí vale para ese equipo, aunque otros años nadie se lo habría planteado.
¿Queda el Barça tan atrás como se dice en términos competitivos? No lo creo. Europa es un imposible, pero eso no es nada nuevo. Ya era imposible con Leo Messi y Luis Suárez, no lo va a ser con lo de ahora. En España, sin embargo, es otra historia. Cuando uno tiene a Ter Stegen, Piqué, Alba, Busquets, Pedri o Frenkie de Jong en la plantilla, siempre va a poder aspirar a algo. El asunto es qué pasará con los de arriba y en esto hay dos nombres clave que sobresalen del resto: Memphis Depay y, sobre todo, Ansu Fati, a punto de volver a los terrenos de juego tras un año lesionado.
Ninguno de ellos es Messi. Vamos, ni Messi, ni Ronaldinho, ni Rivaldo, ni Ronaldo, ni Romario, ni Stoichkov… y así podríamos seguir un buen rato. Eso no quiere decir que no puedan competir al nivel de Ángel Correa o Luis Suárez o Vinicius o versiones menores de Eden Hazard o Karim Benzema. El Barcelona sigue teniendo equipo para ganar la liga, pero depende de que el holandés siga mostrando esta cara superlativa que ya se insinuó a tramos el año pasado en el Olympique de Lyon… y que el canterano vuelva a un nivel parecido al jugador imparable que parecía antes de su gravísima lesión.
Con una buena versión de estos delanteros, el centro del campo funcionando como se espera de ellos y un mínimo de contundencia defensiva -hay muchas dudas con García y están justificadas, pero la paciencia con los jóvenes es clave-, el Barcelona no debería jugar mucho peor que el año pasado ni conseguir muchos menos puntos. Y recordemos que, el año pasado, el Barcelona ganó la Copa del Rey y estuvo a medio tiempo contra el Granada en casa de liderar la liga a falta de cuatro jornadas. No es el favorito, pero tampoco es un equipo de media tabla.
Del mismo modo hay que valorar su actuación en el mercado: no ha sido la habitual en un gran club, ha perdido jugadores importantes… pero ha dado un paso adelante en la solución del problema económico consiguiendo a la vez jugadores que pueden funcionar. Como esto no parece que vaya a ser algo circunstancial sino que pinta a que será la norma de los próximos mercados, bien hará el aficionado y la prensa culé en acostumbrarse y vivir con ello. Mirándolo por el lado bueno, sin dinero que despilfarrar, ya no hay despilfarro posible. Para progresar hay que conocerse y saber quién es uno en cada momento. El nuevo Barça se está conociendo. No da tan bien en el espejo, de acuerdo, pero los espejos no pueden serlo todo.
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