Agencias, Ciudad de México.- Un estudio con software de ultima generación ha desechado la tecnología teorizada hace medio siglo para viajar a las estrellas usando hidrógeno del medio interestelar como combustible.

En las historias de ciencia ficción sobre el contacto con civilizaciones extraterrestres, existe un problema: ¿Qué tipo de sistema de propulsión podría hacer posible salvar las enormes distancias entre las estrellas? No se puede hacer con cohetes ordinarios como los que se usan para viajar a la Luna o Marte. Se han presentado muchas ideas más o menos especulativas al respecto, una de ellas es el “colector Bussard” o “propulsión Ramjet”. Implica capturar protones en el espacio interestelar y luego usarlos para un reactor de fusión nuclear.

Peter Schattschneider, físico de la Vienna University of Technology y autor de ciencia ficción, ha analizado ahora este concepto con más detalle junto con su colega Albert Jackson de Estados Unidos. Desafortunadamente, el resultado es decepcionante para los fanáticos de los viajes interestelares: no puede funcionar de la forma en que Robert Bussard, el inventor de este sistema de propulsión, lo pensó en 1960. El análisis se ha publicado ahora en la revista científica Acta Astronautica.

Peter Schattschneider y Albert Jackson ahora examinaron más de cerca las ecuaciones, medio siglo después. El software desarrollado en TU Wien como parte de un proyecto de investigación para calcular campos electromagnéticos en microscopía electrónica resultó inesperadamente ser extremadamente útil: los físicos pudieron usarlo para demostrar que el principio básico del atrapamiento de partículas magnéticas realmente funciona. Las partículas pueden recogerse en el campo magnético propuesto y guiarse a un reactor de fusión. De esta manera, se puede lograr una aceleración considerable, hasta velocidades relativistas.

“Definitivamente vale la pena investigar la idea”, dice en un comunicado el profesor Peter Schattschneider. “En el espacio interestelar hay gas altamente diluido, principalmente hidrógeno, aproximadamente un átomo por centímetro cúbico. Si recolectaras el hidrógeno frente a la nave espacial, como en un embudo magnético, con la ayuda de enormes campos magnéticos, podrías usarlo para hacer funcionar un reactor de fusión y acelerar la nave espacial”. En 1960, Robert Bussard publicó un artículo científico al respecto. Nueve años después, este campo magnético se describió teóricamente por primera vez.

“Desde entonces, la idea no solo ha entusiasmado a los fanáticos de la ciencia ficción, sino que también ha generado un gran interés en la comunidad astronáutica técnica y científica”, dice Peter Schattschneider.

Sin embargo, cuando se calcula el tamaño del embudo magnético, las esperanzas de una visita a nuestros vecinos galácticos se desvanecen rápidamente. Para lograr un empuje de 10 millones de newtons, equivalente al doble de la propulsión principal del transbordador espacial, el embudo tendría que tener un diámetro de casi 4,000 kilómetros. Una civilización técnicamente avanzada podría construir algo así, pero el problema real es la longitud necesaria de los campos magnéticos: el embudo tendría que tener unos 150 millones de kilómetros de largo, esa es la distancia entre el sol y la Tierra.

Entonces, después de medio siglo de esperanza de viajes interestelares en un futuro lejano, ahora es evidente que el propulsor de estatorreactor, aunque es una idea interesante, seguirá siendo simplemente parte de la ciencia ficción. Si queremos visitar a nuestros vecinos cósmicos algún día, tendremos que pensar en algo más, afirman los autores.

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