Agencias/Ciudad de México.- El frágil alto el fuego en Oriente Medio se ha mantenido, a veces por muy poco, pese a verse sacudido por repetidos estallidos de violencia en los últimos dos meses. Pero ahora está más cerca que nunca de romperse y devolver a la región a una guerra a gran escala — y el detonante es Líbano.

Los ataques israelíes contra milicianos del grupo político-paramilitar Hezbollah en Beirut durante el fin de semana provocaron represalias de su principal patrocinador, Irán, que lanzó su primera ofensiva contra Israel desde que se pactó el alto el fuego el 7 de abril. Israel respondió con ataques contra objetivos en todo Irán, y los aliados de Irán en Yemen e Irak amenazaron con ampliar la guerra. Estados Unidos y otros mediadores se apresuraron a evitar que los combates se salieran de control.

Incluso si se restablece la calma, las dinámicas que llevaron al estallido de violencia siguen vigentes.

Israel y Estados Unidos siguen enfrascados en una disputa con Irán y Hezbollah para moldear el futuro orden regional, y cada bando está convencido de que actúa desde una posición de fuerza. El presidente estadounidense Donald Trump y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, ambos ante elecciones clave, tienen intereses divergentes.

Así es como cada parte ve los riesgos, las recompensas y el camino a seguir:

Israel

Israel se dirige a sus primeras elecciones nacionales desde el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 contra Israel, que desencadenó las guerras de la región.

Netanyahu está bajo presión para proyectar fortaleza luego de prometer repetidamente destruir a Hezbollah. Pese a guerras reiteradas y rondas de combates, Israel no ha logrado poner fin de manera definitiva al fuego de Hezbollah hacia el norte de Israel.

Netanyahu también teme parecer subordinado a Trump, en medio de críticas en Israel de que la deferencia hacia Estados Unidos está impidiendo que el país alcance sus objetivos de guerra.

Trump ha presionado a Netanyahu para que no permita que los combates en Líbano descarrilen los esfuerzos de Estados Unidos por negociar una paz en toda la región, y ha afirmado que es él, y no Netanyahu, quien “toma las decisiones”.

Así, aunque Israel ha entablado negociaciones directas con Líbano y ha logrado varios acuerdos de alto el fuego con el gobierno libanés en las últimas semanas, Netanyahu ha seguido adelante con operaciones en el sur de Líbano, apoderándose de una gran parte del territorio y avanzando más al norte del río Litani, en Líbano. Ha continuado con incursiones en el sur que, sostiene, apuntan a los arsenales de cohetes y drones de Hezbollah.

Netanyahu quería una demostración de poder después que Hezbollah atacó el norte de Israel con fuego de cohetes el domingo — un paso sobre el que funcionarios israelíes han advertido que desencadenará ataques israelíes contra Beirut.

Hezbollah

Hezbollah ha rechazado los altos el fuego acordados por Israel y el gobierno libanés y ha sostenido que no dejará de combatir al tiempo que Israel continúe con sus ataques y sus fuerzas permanezcan en el sur de Líbano. El grupo político-paramilitar ha mantenido ataques contra tropas israelíes en el sur de Líbano, así como salvas hacia el norte de Israel.

Irán, en gran medida, dejó que Hezbollah se las arreglara por su cuenta durante buena parte de una guerra anterior en 2024. Tras esa guerra, Hezbollah detuvo sus disparos de misiles hacia Israel —aunque Israel continuó con ataques regulares contra lo que calificó como objetivos de Hezbollah en Líbano.

Pero cuando Israel se unió a Estados Unidos para atacar a Irán el 28 de febrero, Hezbollah lanzó ataques contra el norte de Israel en apoyo de su aliado.

Las represalias de Irán contra Israel por los ataques en Beirut señalaron su disposición a arriesgar una guerra renovada en la región en defensa de sus intereses en Líbano y de su aliado regional más importante.

Hezbollah enfrenta una presión creciente a medida que las tropas israelíes avanzan al norte del Litani, acercándose a la ciudad de Nabatiyeh, un centro regional donde Hezbollah goza de amplio apoyo. El grupo también afronta mayores fricciones con el gobierno libanés, donde el primer ministro y el presidente han denunciado a Hezbollah por reanudar los combates con Israel.

Hezbollah se ha resistido a entregar sus armas, algo que los líderes libaneses han prometido que ocurrirá. El grupo ha dicho que sólo discutirá renunciar a su arsenal como parte de una “estrategia de defensa” gubernamental más amplia, quizá una que contemplara la incorporación de Hezbollah al ejército libanés.

Irán

La arremetida de Irán contra Israel en defensa de Hezbollah conlleva riesgos importantes. Si estalla de nuevo una guerra a gran escala, Irán afrontará nuevos daños a su economía, así como ataques contra sus fuerzas armadas y su cúpula militar y política.

Pero las autoridades iraníes han buscado proyectar confianza en que la República Islámica y su economía pueden resistir el golpe. En los últimos dos meses han arriesgado repetidamente que el alto el fuego se desmorone, al mantener una línea dura en las negociaciones con Estados Unidos.

Irán apuesta a que su capacidad de interrumpir masivamente el tráfico a través del estrecho de Ormuz le da fuerza para resistir que Estados Unidos e Israel impongan sus objetivos en las negociaciones —y a que la reticencia de Trump a volver a sumergirse en una guerra garantizará que Estados Unidos contenga a Israel.

Irán ha insistido en que Líbano forme parte de cualquier resolución regional, y quiere evitar un patrón en que Israel pueda atacar objetivos en Líbano e Irán sin enfrentar una respuesta.

Estados Unidos

Estados Unidos e Israel coordinaron los ataques contra Irán que dieron inicio a la guerra. Pero los desacuerdos públicos entre Trump y Netanyahu últimamente han quedado a la vista.

La guerra se perfila como un riesgo para el Partido Republicano de Trump, con comicios de medio mandato en noviembre. Trump ha dicho que las elecciones —y las preocupaciones sobre la economía— no influyen en sus decisiones sobre la guerra.

Pero su partido y sus asesores probablemente recelan del posible daño ante los votantes de un conflicto desbocado que eleve el precio de la gasolina y otros bienes. El presidente tampoco quiere que los votantes lo vean como alguien que arrastró a Estados Unidos a otro costoso atolladero en Oriente Medio.

Al igual que en Líbano, Estados Unidos e Israel están adoptando cada vez más un tono distinto respecto a Irán.

En las negociaciones, las principales prioridades de Estados Unidos han sido una resolución del programa nuclear de Irán y el libre tránsito de la navegación a través del estrecho de Ormuz.

Israel, desde hace tiempo preocupado por el programa nuclear iraní, también ve una oportunidad histórica para degradar el arsenal de misiles balísticos de Irán y su apoyo a grupos armados en toda la región.

Pese a todas las conversaciones, hay pocas señales de que Irán esté dispuesto a hacer concesiones sobre su material enriquecido y el futuro de su programa nuclear.

Estados del Golfo

Los Estados árabes del Golfo están ansiosos por poner fin al conflicto lo antes posible. Antes que el alto el fuego de abril detuviera la mayor parte de los combates, ataques aéreos iraníes dañaron infraestructura en toda la región. Aeropuertos, plantas desalinizadoras, fundiciones de aluminio e instalaciones petroleras fueron blanco de ataques.

Un regreso a una guerra más amplia expondrá esos objetivos a más daños. Un ataque con dron iraní contra el aeropuerto de Kuwait la semana pasada fue un recordatorio de la amenaza.

Al mismo tiempo, el control de Irán sobre el estrecho de Ormuz ha impactado las exportaciones de petróleo y gas de esas naciones del Golfo que dependen de enviar petroleros a través del estrechamiento entre el golfo Pérsico y el mar Arábigo.

Los Estados del Golfo alineados con Estados Unidos han albergado durante mucho tiempo bases navales, aéreas y militares estadounidenses porque ven la asociación como una protección frente a Irán. Sin embargo, cuando estalló la guerra, aun así se encontraron vulnerables a ataques, poniendo a prueba su fe en una alianza que se suponía garantizaba la seguridad.

Los Estados del Golfo tienen poco que ganar con una guerra más prolongada y mucho que perder si la inestabilidad se convierte en la nueva normalidad de la región.

Interrupción del suministro energético desde Oriente Medio golpearía la economía global

La interrupción prolongada de los suministros de energía procedentes de Oriente Medio debido a la guerra con Irán asestaría un duro golpe a la economía mundial, enviando a algunos países a la recesión y propagando la inflación y un mayor desempleo, señaló la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos en un informe publicado el miércoles.

Las economías más golpeadas serían las asiáticas que dependen del petróleo crudo, los combustibles y el gas natural del golfo Pérsico, suministros que se han visto en gran medida estrangulados por el cierre del estrecho de Ormuz. Y los países más pobres, donde la gente destina una mayor parte de sus ingresos a combustible y alimentos, también se verían gravemente afectados, indicó la OCDE.

Pero las consecuencias del fuerte aumento de los precios de la energía y de la inflación se sentirían en todo el mundo. El crecimiento global se desplomaría a niveles no vistos salvo en grandes reveses como la pandemia de COVID-19 y la crisis financiera mundial y recesión de finales de la década de 2000. En el escenario de interrupción prolongada de la OCDE, el crecimiento mundial se desacelera del 3.4% del año pasado al 2.1% este año y al 1.8% en 2027, lo que podría empujar a algunas economías a entrar en recesión o a quedar cerca de ella.

En un escenario distinto de la OCDE para una interrupción limitada en el tiempo, en el que la producción energética y los envíos desde el Golfo Pérsico comienzan a volver a los niveles previos a la guerra a mediados de este año, el crecimiento se desaceleraría al 2,8% este año y repuntaría al 3,1% el próximo año.

“La economía mundial entró en 2026 con un impulso sólido, pero las perspectivas se han debilitado significativamente desde el inicio del conflicto en Oriente Medio, con efectos que probablemente se sentirán durante algún tiempo”, declaró el secretario general de la OCDE, Mathias Cormann.

“Cuanto más duren las interrupciones, mayores serán los costos económicos y sociales”, añadió.

Cormann advirtió que el gasto público destinado a aliviar los costos de la energía debía enfocarse en quienes más lo necesitan y ser temporal, para evitar acumular un exceso de deuda pública y preservar los incentivos para ahorrar energía.

Pese a repetidos brotes de violencia, un alto al fuego declarado en la guerra entre Estados Unidos e Irán sigue oficialmente vigente. Sin embargo, el riesgo persistente para el transporte marítimo significa que el tráfico a través del estrecho de Ormuz se ha reducido a un goteo, con una caída de más del 90% en comparación con antes de la guerra. Eso ha alterado cerca de una quinta parte de los suministros mundiales de petróleo crudo y productos combustibles, así como de gas natural.

El informe de la OCDE se publica después de un estudio de la ONU de que los precios más altos de la energía afectarán a casi 1.000 millones de personas en países más pobres y pequeños estados insulares que dependen del combustible importado, obligándolos a elegir entre cubrir las facturas de energía e invertir en servicios públicos esenciales. Más del 30% de las personas en esos países ya vive por debajo de la línea de pobreza extrema, definida como vivir con 3 dólares o menos al día.

La OCDE es una organización intergubernamental internacional y un foro de políticas de 38 democracias con economías de mercado, con sede en París.

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