Agencias, Ciudad de México.- El fortalecimiento del dólar estadounidense se ha convertido en un importante motivo de preocupación para los países de todo el mundo, disparando especialmente las alarmas en las economías emergentes, y preocupando también a los países industrializados.

Casi todas las monedas del grupo de las principales economías del G20 se están depreciando frente al dólar. La lira turca lidera el descenso desde principios de año, con un 8.8 por ciento. El yen japonés ha caído un 8 por ciento y el won surcoreano un 5.5 por ciento.

Tanto las economías desarrolladas como las emergentes han visto debilitarse sus divisas a un ritmo acelerado: el dólar australiano, el dólar canadiense y el euro han caído un 4.4 por ciento, un 3.3 por ciento y un 2.8 por ciento, respectivamente.

El principal motivo de la subida del dólar es la posibilidad de que la Reserva Federal estadounidense recorte pronto los tipos de interés. El índice de precios al consumidor (IPC) de EE. UU., publicado el miércoles 10 de abril, subió por encima de las expectativas del mercado. Esto significa que la inflación estadounidense podría estar volviendo a subir.

Por ese motivo, los operadores han reducido sus apuestas sobre posibles recortes de los tipos de interés de la Reserva Federal, impulsando así la subida del dólar. Como reflejo de esta tendencia, solo este año, el índice Bloomberg Dollar Spot, que mide la cotización del dólar frente a un conjunto de divisas importantes, ha subido más de un 4 por ciento.

Además, recientemente, las crecientes tensiones en Oriente Medio, tras los ataques de Irán a Israel, han impulsado la divisa estadounidense, gracias a su estatus de refugio seguro. Por último, mientras muchas economías del mundo experimentan un crecimiento moderado, los indicadores económicos estadounidenses superan sistemáticamente las expectativas.

Los países emergentes son especialmente sensibles a los efectos negativos de la subida del dólar, ya que eso eleva los intereses de su deuda en dólares.

Según el Fondo Monetario Internacional, una subida del dólar del 10 por ciento en el mercado de divisas haría caer el producto interno bruto real de las economías emergentes un 1.9 por ciento al cabo de un año, con efectos económicos adversos que durarían más de dos años.

En 2022, cuando se estaba produciendo un fortalecimiento similar del dólar, Sri Lanka cayó de hecho en suspensión de pagos, al depreciarse su moneda. En 2021 y 2022, otras economías emergentes intentaron evitar la depreciación de sus monedas, subiendo los tipos de interés antes que la Reserva Federal estadounidense.

A principios de 2024, muchos creían que los tipos de interés estadounidenses bajarían a finales de año y que la fortaleza del dólar se corregiría. Pero, de momento, el dólar parece estar en camino de lograr un repunte más largo de lo esperado.

Varios países emergentes ya han empezado a tomar medidas. El Banco Central de Brasil intervino el 1 de abril en el mercado de divisas, por primera vez desde que su presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, asumiera el cargo. Aunque el Gobierno y el banco central no han explicado claramente sus intenciones, analistas del mercado creen que el propósito era frenar la depreciación del real.

Por su parte, el Banco de Indonesia ha intervenido para apuntalar la rupia, que se encuentra en su nivel más bajo en cuatro años, rondando las 16,000 rupias por dólar. En Turquía, el banco central también subió su tipo de interés oficial un 5 por ciento en marzo, en respuesta a la depreciación de la lira y la aceleración de la inflación.

Sin embargo, los países en desarrollo también temen una situación en la que sus economías se enfríen, debido a las subidas de los tipos de interés para frenar la inflación, como en Turquía. Justo cuando estaban preparados para empezar a recortar los tipos, el retraso de la bajada de tipos en EE.UU. hace más probable que las economías emergentes se vean obligadas a volver a subirlos.

Kota Hirayama, de SMBC Nikko Securities, dice que “el riesgo de una vuelta a la inflación está aumentando en las economías emergentes”, debido a los tipos de cambio y a la subida de los precios del petróleo. “Sin embargo, es poco probable que suban los tipos de interés. En lugar de responder con política monetaria, es probable que respondan temporalmente a la depreciación de sus divisas mediante intervenciones para ganar tiempo”, afirma en una nota a los inversores.

Estas preocupaciones no se limitan a las economías emergentes. Japón y otros países desarrollados andan también nerviosos por la continua depreciación de sus monedas.

En relación con la reunión de ministros de Finanzas y gobernadores de bancos centrales del G20, que se celebrará esta semana en Washington DC, el ministro japonés de Finanzas, Shunichi Suzuki, declaró que “es posible que [el dólar] esté en la agenda”.

China, por ejemplo, recurre a la fijación diaria de su moneda para apoyar el yuan, y algunos bancos estatales chinos están vendiendo reservas en dólares. El Banco de Indonesia está haciendo más o menos lo mismo, ya que utiliza sus reservas de divisas para comprar rupias. El banco central de Malasia quiere que las empresas asociadas con el Estado repatríen los ingresos de inversiones extranjeras y los conviertan en ringgit o dólar malasio.

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