Agencias/Ciudad de México.- Colectivos de búsqueda ‘Madres Hasta Encontrarte’ y ‘Unión y Fuerza por Nuestros Desaparecidos’ localizaron nueve cuerpos sin vida en las inmediaciones del rancho ‘La Uva’, en el municipio de Tecate, un paso cotidiano de migrantes en una intrincada zona rural camino a la frontera hacia el condado de San Diego, California, difundió el Semanario Zeta-Tijuana.
El Semanario Zeta reportó que los activistas recibieron varias llamadas anónimas sobre la presencia de restos humanos avistados en las inmediaciones del rancho ‘La Uva’, cercano al cerro de Cuchumá en una vereda hacia la línea fronteriza con Estados Unidos, el pasado 5 de septiembre.
Tras recibir la llamada anónimo los activistas iniciaron la búsqueda que permitió el hallazgos de cuatro cadáveres al parecer de migrantes el pasado sábado 5 de septiembre.
Los activstas continuaron los trabajos en el área en el que encontraron otros cinco cuerpos sin vida en el área rural con dirección hacia la línea fronteriza que divide el municipio de Tecate y el condado de San Diego, el jueves 10 de septiembre.
Los colectivos Madres Hasta Encontrarte y Unión y Fuerza por Nuestros Desaparecidos,encabezaron la búsqueda a la que posteriormente se sumaron el Colectivo de Búsqueda de Baja California, Buscando a Tolano y Armadillos Tijuana, en esos enmarañado caminos de cerros afilados en Tecate, Baja California.
Ningún denunciante confió en las autoridades locales para reportar los hallazgos de cuerpos sin vida. Y optaron por contactar de forma anónima al colectivo Madres Hasta Encontrarte al que enviaron coordenadas y fotografías como evidencia.
Mónica Madrigal, presidenta y fundadora de ese colectivo, solicitó apoyo a las demás agrupaciones tras recibir el aviso.
El 5 de septiembre, primer día de búsqueda se extendió por más de cinco horas bajo temperaturas extremas en un terreno serrano de difícil acceso.
Los activistas encontraron cuerpos en dos condiciones distintas. Algunos aún vestidos indicaban una muerte reciente, mientras otros presentaban huesos carcomidos por animales de rapiña.
La jornada del 10 de septiembre, resultó extenuante. Los participantes caminaron mayores distancias bajo una temperatura de 40 grados centígrados (104 grados Fahrenheit).
Integrantes de los colectivos y agentes de la Guardia Nacional que los acompañaron sufrieron golpes de calor. Varios terminaron deshidratados, mareados y desorientados, y abandonaron temporalmente la búsqueda.
Bomberos y paramédicos atendieron a los afectados a varios kilómetros del punto de búsqueda. El difícil acceso a la zona impidió que los servicios de emergencia llegaran hasta el lugar de los hallazgos.
Los buscadores más resistentes continuaron y localizaron los cinco cuerpos restantes. La Guardia Nacional reportó el hallazgo por radiofrecuencia policiaca, según documentó Zeta.
La Fiscalía General del Estado recibió el reporte sin acudir a la escena. En su lugar, pidió a los buscadores y Guardia Nacional que trasladaran los restos hasta el acceso principal para su registro.
Sin equipo ni capacitación forense, los familiares de desaparecidos trasladaron los cadáveres en mantas. El traslado por terreno escarpado tomó más de tres horas hasta llegar al punto donde esperaban las autoridades.
Los humanos han sido enviados al Servicio Médico Forense de Tijuana, para su identificación mediante pruebas genéticas que permitirían la reclamación de los cuerpos de parte de familiares.
“Va a ser difícil, sí, porque algunos de ellos ya no traían ninguna pertenencia, o estaban incompletos”, dijo uno de los buscadores al Semanario Zeta-Tijuana.
El mismo buscador expresó su confianza en que los cuerpos sin vida regresen algún día con sus familias.
Elementos de la fiscalía consultados por la publicación señalaron que las pruebas periciales determinarán la causa de muerte.
Uno de ellos explicó que la mayoría de víctimas no presentaban huellas visibles de violencia y que al parecer la causa de su deceso podría ser por eshidratación tras ser abandonadas por los coyotes o traficantes de migrantes.
Al menos dos de los cuerpos mostraban características que apuntan a heridas de arma de fuego.
“Hay ocasiones que por falta de dinero no logran concretar un acuerdo con los traficantes, y se adentran a intentarlo solos”, dijo un investigador estatal al Semanario Zeta-Tijuana.
Agregó que quienes controlan los caminos asesinan a los migrantes que no pagan la cuota.
Tecate conecta por vía terrestre a Mexicali con Tijuana, condición que convierte al municipio en corredor estratégico para el narcotráfico.
Los grupos criminales trafican droga, personas, dinero en efectivo y armas por esa misma ruta, de acuerdo con la investigación de Zeta-Tijuana.
Personal de inteligencia de la Mesa de Coordinación por la Paz y Seguridad de Baja California confirmó la presencia de células de los cárteles de Sinaloa y Jalisco en el tráfico de personas por el corredor. Los antiguos “polleros” de la zona se integraron a esas estructuras o fueron desplazados.
Los migrantes, en su mayoría originarios de Centroamérica y del sur de México, pagan entre USD 20.000 y USD 40.000 a los traficantes por el traslado desde Tecate hasta una ciudad específica en Estados Unidos. Un agente estatal detalló al diario que, ante el asedio de las patrullas fronterizas, los guías abandonan a los migrantes sin agua ni orientación.
La Organización Internacional para las Migraciones estimó en 2021 que entre 600 y 800 personas mueren cada año al intentar cruzar la frontera por Baja California.
Activistas locales consideran que la cifra real es mayor, porque decenas de cuerpos nunca son recuperados del desierto, los cerros o los ríos, según la publicación.
¿Por qué mueren migrantes en Tecate?
El área montañosa y desértica del municipio es usada de forma sistemática por el crimen organizado para el cruce clandestino: los traficantes cobran miles de dólares y prometen un paso seguro, pero abandonan a quienes no resisten el trayecto o no completan el pago, sin agua ni orientación en terreno hostil.
En junio de 2026, un mensaje anónimo guió a los buscadores hacia dos fosas en la zona residencial Del Bosque. Ahí recuperaron los cuerpos de tres adolescentes de 15 y 16 años, desaparecidos en abril e identificados posteriormente por sus familiares.
En marzo de 2026, el colectivo Unión y Fuerza por Nuestros Desaparecidos localizó una fosa en las faldas del Cerro del Cuchumá.
Un mes más tarde se confirmó que las dos osamentas correspondían a dos jóvenes de Durango, desaparecidos el 26 de diciembre de 2025 en la carretera Tijuana-Tecate mientras intentaban cruzar hacia Estados Unidos.
El 28 de abril de 2025, en un paraje de La Rumorosa, apareció el cuerpo de Elena Ríos, desaparecida catorce días antes.
En mayo de ese año, buscadores hallaron seis cuerpos en una fosa del mismo poblado y dos cadáveres más en una fosa contigua.

















