Agencias/Ciudad de México.- Al menos 100 personas han muerto por ébola menos de un mes después de que las autoridades declararon un brote en el este de República Democrática del Congo, una cifra sombría mientras se intensifican los esfuerzos para frenar la enfermedad descubierta con semanas de retraso.

Los ataques contra trabajadores de la salud por parte de residentes enfurecidos, el escepticismo entre algunos residentes y los conflictos armados en puntos críticos siguen dificultando los esfuerzos para frenar la expansión del brote declarado el 15 de mayo, causado por una forma grave de la enfermedad del ébola.

De los 550 casos de la enfermedad confirmados, se han registrado 101 fallecidos y 19 recuperaciones, según el reporte publicado anoche. El brote se concentra en la provincia oriental de Ituri, que representa más del 90% de los casos. También se han registrado enfermos en las provincias de Kivu del Norte y Kivu del Sur, y se ha propagado a través de la frontera hacia Uganda.

Sin embargo, se cree que el número de casos en el Congo es mayor porque el brote se confirmó con semanas de retraso y la tasa de cobertura del rastreo de contactos, que ha mejorado en los últimos días, sigue en el 64%.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) dijo que, en las últimas 24 horas, solo se han analizado 137 muestras, de las cuales 35 dieron positivo.

El brote más reciente de ébola está causado por el raro virus Bundibugyo, que no tiene una vacuna o tratamiento aprobados, a diferencia del virus Zaire responsable de los 16 brotes anteriores de la enfermedad en el país.

El rápido aumento en el número de casos se debe en parte a la ampliación de las capacidades de diagnóstico, lo que permite analizar el retraso de muestras recolectadas previamente, informaron las autoridades.

El brote altera la vida en una capital provincial

Las medidas sanitarias implementadas para limitar la propagación del ébola han alterado la vida cotidiana en Bunia, la bulliciosa capital de la provincia de Ituri.

Justin Abekani, que transporta a clientes en su motocicleta, dijo que “ahora solo se nos permite llevar a un cliente por motocicleta”.

Todavía hay escepticismo generalizado y desprecio hacia los protocolos sanitarios en algunas partes de la provincia. Los sobrevivientes del brote de ébola que golpeó el país en 2018, el segundo más grande de la historia, han advertido que una repetición de los errores del pasado podría llevar a un alto número de muertes prevenibles.

Los trabajadores sanitarios de primera línea, con escasos salarios y horas de descanso, han sido atacados varias veces por residentes enojados y no han podido llegar a algunas comunidades aisladas por el conflicto con rebeldes armados.

Durante años, el este del país ha registrado ataques de decenas de grupos rebeldes e insurgentes escindidos, algunos de ellos con vínculos con países extranjeros o con la milicia extremista Estado Islámico.

Desde que se declaró el brote a mediados de mayo, se han reportado más de 520 incidentes que afectan el trabajo de los profesionales de la salud, según Marie Roseline Darnycka Belizaire, directora de emergencias de la OMS para África. No dio más detalles sobre los incidentes ni dijo si alguien resultó herido.

El conflicto y los desplazamientos complican el rastreo

Los combates están “interrumpiendo la vigilancia y las actividades de respuesta, y aumentando el riesgo de transmisión no detectada”, indicó la OMS. “Estos incidentes subrayan los desafíos del contexto y la importancia de trabajar estrechamente con líderes y comunidades locales”, añadió la organización.

Casi un millón de personas se han visto desplazadas por el conflicto en Ituri, según la oficina humanitaria de Naciones Unidas, lo que dificulta el rastreo de contactos mientras la población huye de los ataques o se mueve con frecuencia en la vasta provincia con densos bosques, malas carreteras y aldeas remotas a las que puede tomar días llegar.

El rastreo también es complicado entre los miles de mineros artesanales que se desplazan regularmente entre zonas remotas en la región rica en minerales.

Actualmente, la OMS considera el riesgo de propagación para el resto de África y a nivel mundial como bajo.

“Los pacientes (de ébola) pueden recuperarse si reciben el apoyo médico que necesitan”, dijo el director general de la agencia, el doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, durante una visita a Uganda.

Protestas en Kenia por planes de EEUU para un centro de ébola

La policía keniana disparó gas lacrimógeno para dispersar a manifestantes en la ciudad de Nanyuki, cerca de una base aérea militar donde Estados Unidos planea construir un centro de cuarentena para ébola, un proyecto que desde entonces ha provocado protestas pero que posteriormente fue detenido por los tribunales.

Un fuerte despliegue de policías antidisturbios y regulares impidió que los manifestantes marcharan hacia la base.

El mes pasado, funcionarios estadounidenses dijeron que Washington pretende enviar a estadounidenses expuestos al ébola en el extranjero a una nueva instalación en Kenia en lugar de trasladarlos de regreso a casa en avión. Dijeron que el centro estaría ubicado en la Base Aérea de Laikipia con capacidad para 50 camas de cuarentena.

Posteriormente, un tribunal keniano suspendió la construcción de la instalación y prohibió la llegada de cualquier paciente extranjero, a la espera del resultado de un caso presentado por la Sociedad de Abogados de Kenia y un grupo de vigilancia constitucional. Los demandantes citaron preocupaciones sobre el frágil sistema de salud de Kenia y la falta de transparencia en torno al acuerdo bilateral.

Kenia no ha registrado ningún caso de ébola, pero el vecino Uganda ha confirmado 19.

OMS: “Estamos rezagados” en el brote de ébola en el Congo aunque mejoran las pruebas

El brote de ébola en la República Democrática del Congo “tuvo una gran ventaja inicial, y todavía estamos rezagados”, manifestó el director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, pero sostuvo que “nos estamos poniendo al día” a medida que mejoran las pruebas.

Según las autoridades congoleñas, se han confirmado 344 casos, incluidos 60 fallecimientos, a causa del virus Bundibugyo del ébola desde que el brote se anunció a mediados de mayo en las provincias orientales de Ituri, Kivu del Norte y Kivu del Sur. El número de casos sospechosos bajó de 906 a 116.

Uganda, país vecino, tiene 15 casos confirmados, incluida una muerte, informó su Ministerio de Salud.

El jefe de la OMS evitó una pregunta sobre un centro de cuarentena de Estados Unidos en Kenia que ha provocado protestas, al señalar: “Creo que, con base en su evaluación de riesgos… pueden hacer lo que consideren correcto para ellos”.

Expertos han indicado que el virus se propagó durante semanas en una de las regiones más vulnerables del mundo antes de que las pruebas de laboratorio lo confirmaran. Se han enviado con urgencia recursos al brote, incluido equipo de protección, para un tipo de ébola que no tiene medicamento ni vacuna aprobados.

Al menos cinco personas se han recuperado del virus, señales poco frecuentes de esperanza.

“La verdadera magnitud del brote sigue siendo difícil de evaluar”, señaló la organización Médicos Sin Fronteras. “La capacidad de pruebas extremadamente limitada y las dificultades para acceder a ciertas zonas obligan a interpretar estas cifras con cautela”.

Llevar una posible vacuna a la región podría tardar meses.

La doctora Aruna Abedi, epidemióloga congoleña que ha gestionado brotes anteriores en el país, dijo a The Associated Press que “es difícil contar rápidamente con una vacuna eficaz que se ajuste al protocolo científico disponible”.

Mientras mejoran los recursos de laboratorio y diagnóstico para el brote, Tedros afirmó que el rastreo de las personas que tuvieron contacto con infectados en el Congo sigue rezagado.

“Solo se ha dado seguimiento un 45% de los contactos, y para adelantarnos al brote necesitamos elevar esa cifra por encima del 90%”, explicó. “La inseguridad, el desplazamiento y las poblaciones móviles hacen que el rastreo de contactos sea especialmente difícil”.

Entre los grupos armados activos en la región figuran el grupo rebelde M23, respaldado por Ruanda, que tomó ciudades clave como Goma y Bukavu hace más de un año, y un grupo aliado del Estado Islámico llamado Fuerzas Democráticas Aliadas, que opera en la región fronteriza entre el Congo y Uganda. Años de inseguridad han generado una enorme y vulnerable población desplazada.

Residentes recelosos han atacado centros de salud durante este brote y, en ocasiones, exigiendo los cuerpos de sus seres queridos. Los trabajadores médicos también lidian con creencias erróneas entre algunos residentes de que el ébola no es real, lo que ha impedido que algunos busquen atención.

Las mujeres son las principales cuidadoras en este brote de ébola, y las más expuestas al contagio

Cada día durante la última semana, Aline Kasiwa ha alimentado a su madre enferma, la ha ayudado a beber y ha lavado su ropa, todo mientras teme contagiarse del virus del ébola, ya que el este de República del Congo está sumido en uno de los brotes de ébola de propagación más rápida de los que se tiene registro.

“Ella es la única familia que me queda. No puedo abandonarla”, afirmó Kasiwa a The Associated Press. Añadió que le da demasiado miedo llevar a su madre al hospital, donde podría confirmarse una infección. “Estos días oímos que allí está muriendo mucha gente, incluso enfermeras”, comentó.

Sin equipo de protección más allá de una mascarilla barata, la joven de 28 años en Bunia, una ciudad en el corazón del brote, es un ejemplo de las mujeres del este del Congo que casi siempre son las primeras cuidadoras, un papel que, según trabajadores de la salud, las está poniendo en mayor riesgo de contraer ébola.

“Es la mujer la que les da un baño, es la mujer la que les da de comer, y es la mujer la que está ahí para lavar la ropa sucia y todo lo demás”, explicó la doctora Furaha Elisabeth, directora de la clínica de ginecología y obstetricia Karibuni Wa Maman en Bunia.

El Bundibugyo, el tipo de ébola presente en este brote, no tiene tratamiento ni vacuna aprobados. Incluso trabajadores de la salud han señalado que no cuentan con mascarillas, guantes y otros equipos para protegerse.

Eso deja a algunas mujeres ante decisiones imposibles, especialmente a las embarazadas.

“Cuando ves la manera en que la gente muere — incluso las enfermeras que nos atienden están muriendo — ¿cómo no vas a tener miedo?”, comentó Anny Ekyambo, una mujer de 32 años en Bunia. Añadió que le da demasiado miedo acudir a una clínica para hacerse las revisiones, aunque tiene cinco meses de embarazo.

Los brotes de ébola han afectado más a las mujeres

El brote se identificó con semanas de retraso porque al principio no se hicieron pruebas diagnósticas para Bundibugyo, una variedad inusual del virus. Las autoridades congoleñas informaron que han confirmado 363 casos, incluidos 62 fallecimientos, y se sospechan más. La vecina Uganda ha confirmado 15 casos, incluida una muerte.

No está claro cuántas mujeres se han infectado. Pero la historia muestra que brotes anteriores de ébola han afectado más a las mujeres.

En el primer brote registrado en la década de 1970, las mujeres representaron el 56% de las muertes, según ONU Mujeres. Durante el brote de 2018-2020 en Congo, el más mortífero en la historia del país, las mujeres y las niñas constituyeron cerca de dos tercios de los casos reportados.

“Sin duda veremos que el mismo patrón emerge en el brote actual”, dijo en un comunicado Sofia Calltorp, jefa de acción humanitaria de ONU Mujeres. “La transmisión del ébola sigue realidades sociales. El virus se propaga a lo largo de las líneas del cuidado, el trabajo doméstico, el trabajo sanitario en primera línea y las prácticas funerarias”.

En muchas comunidades del este de República Democrática del Congo, las mujeres son quienes preparan los cuerpos para el entierro.

“No tenían protección ni equipo”

En la clínica Karibuni wa Maman, el personal indicó que no ha recibido ningún equipo de protección personal desde que comenzó el brote, pese a los llamados a las autoridades sanitarias.

Los pacientes que presentan síntomas son examinados en la clínica antes de ser remitidos a centros de tratamiento más grandes, lo que expone a médicos y enfermeras a una posible infección con salvaguardas mínimas.

Julienne Lusenge, presidenta de Solidaridad de las Mujeres por una Paz y un Desarrollo Inclusivos, el grupo de ayuda que gestiona la clínica, señaló que han pedido equipo de protección a diversos proveedores y que sólo han recibido desinfectante de manos y unas pocas mascarillas para las enfermeras.

Indicó que la falta de equipo también pone en peligro a las mujeres que cuidan en casa a familiares enfermos, y que la mayoría de ellas no sabe que el ébola puede ser la causa.

“Durante brotes anteriores, muchas mujeres murieron porque eran ellas quienes cuidaban a familiares enfermos”, recordó Lusenge.

A pesar de nuevas llegadas de ayuda y de instalaciones sanitarias mejor organizadas en los últimos días, Médicos Sin Fronteras ha advertido que el virus sigue propagándose más rápido que la respuesta.

“Nadie conoce la verdadera magnitud y gravedad de este brote”, sostuvo en un comunicado el doctor Alan Gonzalez, subdirector de operaciones de la organización médica.

El brote se desarrolla en un entorno implacable. La provincia de Ituri tiene una red de carreteras deficiente y centros de salud mal equipados a más de 1.000 kilómetros (620 millas) de la capital del Congo, Kinshasa.

Los ataques de las Fuerzas Democráticas Aliadas, un grupo rebelde aliado del grupo Estado Islámico, y una coalición de milicias étnicas también han obstaculizado la respuesta. También se han reportado otros casos en las provincias de Kivu del Norte y Kivu del Sur, donde el grupo rebelde M23, respaldado por Ruanda, controla ciudades clave como Goma y Bukavu.

La desconfianza hacia los forasteros tras décadas de conflicto en la remota región es otro factor que mantiene a la gente alejada de las clínicas y bajo el cuidado de las mujeres.

Las mujeres embarazadas pueden estar particularmente expuestas

El temor a contraer ébola en un centro de salud se ha extendido.

Ekyambo, la mujer embarazada en Bunia, dijo que otras mujeres de la comunidad comparten su miedo de ir a la clínica.

“Sé que hay pasos que debemos seguir con los médicos para vigilar el embarazo y al bebé, pero no tenemos opción porque esta epidemia nos asusta”, expresó.

Lusenga, sin embargo, advirtió que mantenerse alejadas de las clínicas podría significar perder consultas cruciales de atención prenatal y posnatal.

“Corremos el riesgo de ver un aumento de la mortalidad prenatal y posnatal, tanto de las madres como de los niños”, afirmó.

ONU Mujeres ha señalado que las mujeres embarazadas podrían estar más expuestas por su contacto frecuente con los servicios de salud.

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