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julio 11, 2024

Camina otrora poderoso partido PRI hacia la extinción política en México

Agencias/Ciudad de México.- El Partido Revolucionario Institucional (PRI) que gobernó México por más de 70 años, enfrenta una grave crisis debido a las derrotas electorales que lo convirtieron en una fuerza política minoritaria paralelamente a la tensión que ha provocado el liderazgo de Alejandro ‘Alito’ Moreno, su actual dirigente.

“Nos entregaron el partido hecho pedazos”, afirmó Moreno el miércoles durante la reunión del Consejo Político Nacional en la que se defendió de las críticas que arreciaron desde que en las elecciones presidenciales del pasado 2 de junio el PRI obtuvo los peores resultados de su historia.

La responsabilidad política es de Moreno, el diputado que en 2019 asumió la dirigencia del PRI y que el año pasado promovió la coalición Fuerza y Corazón por México en la que participaron los partidos Acción Nacional (PAN) y de la Revolución Democrática (PRD), postulando a Xóchitl Gálvez como su candidata.

El resultado fue una derrota estrepitosa de Gálvez frente a Claudia Sheinbaum, la abanderada oficialista que fue apoyada por el presidente Andrés Manuel López Obrador.

A nivel individual, además, el PRI sólo obtuvo 5,7 millones de votos, muy lejos de los 16,2 millones que en 2012 le permitieron regresar a la presidencia del país con Enrique Peña Nieto. Proporcionalmente hablando, el de 2024 es el caudal de apoyo más bajo de sus casi 100 años de existencia.

Por eso, tendrá una mínima bancada en el Congreso: apenas 18 de los 128 senadores, y 41 de los 500 diputados. Además, ya sólo gobernará dos de los 32 estados del país: Coahuila y Durango.

Nunca, desde que se creó en 1929, el PRI había tenido una representación política tan marginal.

El fracaso electoral desató una fuerte presión para que Moreno renunciara a la presidencia del partido y que incluyó una carta firmada por más de 260 militantes.

La indignación de parte de la militancia se debe a que, cuando se elaboraron las listas de candidatos al Congreso, el dirigente colocó su nombre en el privilegiado primer lugar de la representación proporcional, lo que le garantizó su ingreso al Senado.

Además, por primera vez en su historia el partido centenario no presentó candidatura a la presidencia y se sujetó a la postulación de Gálvez, quien a pesar de que se autodefinía como “independiente”, nació y creció políticamente al amparo del PAN.

Pero ni la derrota ni las críticas amilanaron a Moreno, quien esta semana concretó una estrategia con el objetivo de cambiar los estatutos partidarios que le permitan la reelección con el fin de permanecer como dirigente por lo menos hasta el 2032.

La intención de Moreno quedó clara el año pasado, cuando forzó un primer cambio de normas para alargar un año el periodo para el cual había sido electo en 2019, lo que desató un éxodo de cientos de priistas inconformes con la decisión, entre ellos influyentes excandidatos presidenciales, exgobernadores y exsecretarios.

El pasado domingo, durante la Asamblea Nacional Ordinaria del PRI, Moreno volvió a la carga e incluso insultó a quienes se oponen a su reelección.

“(Son) una bola de cínicos, de lacayos, al servicio del Gobierno y sus intereses, que quieren romper la unidad a cambio de inmunidad (…) fueron el peor lastre para nuestro partido”, acusó durante un encuentro partidario en el que, sin debate alguno, se aprobaron a mano alzada los cambios estatutarios que permitirán su reelección.

El escándalo fue imparable, ya que en lugar de presidir el partido cuatro años, como ocurría hasta 2023, Moreno podrá alargar su cargo hasta completar 13 años, si es que antes no promueve otra reforma para perpetuarse en el poder, al estilo del viejo PRI.

El pasado miércoles, en la reunión del Consejo Político Nacional, Moreno no asumió responsabilidad alguna en la debacle del partido y culpó a sus antecesores, los mismos que ahora lo acusan de ‘secuestrar’ y ‘sepultar’ al PRI y le exigen la renuncia.

“Fue responsabilidad de ellos y todos los sabemos, por eso ya no están, por eso muchos se fueron hace tiempo. Dejen al PRI afuera de su carroña, porque si antes fuimos institucionales, ahora no les vamos a permitir que vuelvan a dañar al partido, los vamos a exhibir y a denunciar”, denunció a los gritos.

“Que se escuche fuerte y claro: la presidencia de la República en el 2000 la perdieron ustedes y no nosotros; la presidencia de la República en el 2018 la entregaron ustedes y no nosotros; la peor cara del PRI son ustedes y no somos nosotros, aquí están los priistas que aman y quieren al partido”, dijo frente al sector del partido que todavía lo apoya.

Ese grupo fue el mismo que aprobó, con 474 votos a favor, cinco en contra y siete abstenciones, el método para la próxima elección de la presidencia del PRI, que, en lugar de realizarse a través del voto abierto a la militancia, como ocurría hasta ahora, quedará en manos de una asamblea de consejeras y consejeros que, se prevé, ya tienen decidido su voto por Moreno.

Entre las personalidades políticas que votaron en contra se encuentran tres expresidentes del PRI: Dulce María Sauri, Enrique Ochoa Reza y Pedro Joaquín Coldwell, quienes ya anunciaron que impugnarán la reforma que permitirá la reelección del actual dirigente.

La crisis del PRI marca un parteaguas en la política mexicana, ya que se trata del partido que emanó de la Revolución de 1910, que nació formalmente en 1929 y que durante siete décadas se erigió como el más poderoso del país.

De hecho, el régimen de México fue catalogado como ‘la dictadura perfecta’, ya que, a diferencia de los gobiernos militares que poblaron América Latina durante el siglo pasado, aquí no hubo necesidad de golpes de Estado, ya que un solo partido copaba la vida política. La corrupción y el autoritarismo fueron sus sellos.

Después de 12 presidentes y 71 años en el poder, el PRI perdió por primera vez una elección en 2000. La alternancia que empujó una parte de la sociedad mexicana permitió que la derecha representada por el PAN gobernara durante dos mandatos consecutivos: Vicente Fox (2000-2006) y Felipe Calderón (2006-2012).

En 2012, el PRI volvió al poder con Peña Nieto, lo que le permitió sumar 77 años de Gobierno. Sigue siendo un récord en la región.

Pero en 2018 ganó el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), el partido fundado por López Obrador, quien en un solo sexenio logró convertirlo en la fuerza más grande e influyente del país, y desplazar por completo al PRI, al PRD y al PAN, los partidos que habían protagonizado la política mexicana en las últimas décadas.

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