"Aunque ha sido una predicción teórica importante en los últimos años, esta es una de las primeras pruebas que, sin ambigüedad, ofrecen una evidencia observacional de una lluvia fría y caótica alimentando a un agujero negro supermasivo", afirma Grant Tremblay, astrónomo de la Universidad de Yale en New Haven (Connecticut, Estados Unidos), ex compañero de ESO y autor principal del nuevo artículo. "Es emocionante pensar que, realmente, podríamos estar observando este aguacero, que abarca toda la galaxia, alimentando a un agujero negro cuya masa es de cerca de 300 millones de veces la del Sol".

Agencias / InsurgentePress, Ciudad de México.- Una supernova en particular está desafiando a los modelos aceptados por la comunidad astronómica sobre cómo distribuyen sus elementos las estrellas que estallan.

La supernova SN 2014C cambió su apariencia de manera espectacular en el transcurso de un año, aparentemente porque había lanzado mucho material en la última fase de su vida. Esto no encaja en ninguna categoría reconocida de cómo debería producirse una explosión estelar.

Para explicarlo, los científicos deben cuestionarse si son realmente válidos algunos dogmas sobre cómo viven las estrellas masivas sus vidas antes de explotar.

Esta rara supernova podría ser la demostración de que existe un mecanismo hasta ahora desconocido por el cual las estrellas masivas pueden suministrar al resto del universo los elementos creados en sus núcleos.

El equipo de Raffaella Margutti, profesora de física y astronomía en la Universidad del Noroeste en Evanston, Illinois, Estados Unidos, ha realizado un análisis detallado sobre la supernova SN 2014C.

Los astrónomos clasifican las estrellas que explotan basándose en si hay o no hidrógeno presente en el suceso. Si bien las estrellas inician sus vidas con la fusión entre átomos de hidrógeno que da lugar a átomos de helio, las estrellas muy masivas que se acercan a la muerte por supernova han agotado el hidrógeno como combustible. Las supernovas en las que está presente muy poco hidrógeno son llamadas “Tipo I”. Aquellas que tienen una cierta abundancia de este elemento son llamadas “Tipo II”.

Pero SN 2014C, descubierta en 2014, en una galaxia espiral a entre 36 y 46 millones de años-luz de distancia, es diferente. Observándola en longitudes de onda ópticas con varios telescopios situados en tierra, los astrónomos han llegado a la conclusión de que se transformó de supernova de Tipo I a una de Tipo II tras el derrumbe de su núcleo sobre sí mismo. Las observaciones iniciales no detectaron hidrógeno, pero, después de un año, quedó claro que las ondas de choque que se propagaban desde el punto de la explosión estaban golpeando una envoltura de material que en su mayor parte era hidrógeno y que estaba situada fuera de la estrella.

En el nuevo estudio, el satélite NuSTAR de la NASA, gracias a su capacidad única de observar radiación en el rango de energías de los rayos X duros (los de mayor energía), permitió a los científicos contemplar cómo la temperatura de los electrones acelerados por la onda de choque de la supernova cambiaba con el tiempo. Se valieron de esta medición para estimar cuán rápido se expandía la supernova y cuánto material hay en la envoltura externa.

Para crear esta envoltura, SN 2014C hizo algo realmente misterioso: lanzó mucho material (sobre todo hidrógeno, pero también elementos más pesados) décadas o siglos antes de explotar. De hecho, la estrella eyectó el equivalente a la masa del Sol. Normalmente, las estrellas no lanzan material de este modo tan tarde en su vida.

Fuente: NASA.

Imagen captada en rayos X por el Chandra de la NASA en la cual la galaxia espiral NGC 7331 está en el centro. Los colores rojo, verde y azul se emplean para representar los rayos X de energías bajas, medias y altas, respectivamente. La supernova SN 2014C fue detectada en esta galaxia, estando su posición señalada por el recuadro. (Foto: NASA/CXC/CIERA/R.Margutti et al).
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