Agencias, Ciudad de México.- El anuncio de que próximamente abrirá una licorería para diplomáticos no musulmanes en Arabia Saudita generó debate en el reino ultraconservador, donde locales y expatriados se preguntan si se trata de un cambio superficial o del inicio de un giro de mayor alcance.

Según fuentes próximas a la iniciativa, el proyecto estará estrictamente limitado por las autoridades y no supondrá ningún cambio para la gran mayoría de los 32 millones de habitantes de la monarquía del Golfo.

A la licorería, que se ubicará en la capital, Riad, solo podrán acceder los diplomáticos no musulmanes, quienes hasta ahora podían conseguir alcohol a través de las valijas diplomáticas.

Los clientes deberán respetar cuotas y registrarse a través de una aplicación móvil. También tendrá que guardar su celular en un “bolsillo especial” al llenar sus carritos de cerveza, vinos y licores.

Sin embargo, hay quien ve en esta medida una ruptura en la política de prohibición que rige a escala nacional desde 1952 y que podría preceder a otros cambios más importantes.

“Este país no deja de sorprendernos”, reaccionó un empresario libanés –que quiso permanecer en el anonimato– mientras cenaba en el LPM, un restaurante francés de la capital saudita, conocido por su carta de vinos y cócteles sin alcohol y su barra de mármol de 18 metros.

“Este es un país que se desarrolla, que crece y que atrae mucho talento e inversiones. Así que, por supuesto, habrá mucho más”, consideró.

En cambio, dos saudíes treintañeros se mostraron preocupados por la identidad del reino.

“No es eso lo que somos”, dijo uno de ellos, asegurando no juzgar a la gente que bebe. Pero, según él, “el hecho de tener [una tienda de venta de alcohol] afecta a la cultura y a la comunidad”.

“Digamos que, si tengo un hermano más joven y hay alcohol en circulación, es posible que se vuelva alcohólico”, explicó.

Según su amigo, quienes quieran beber deberían hacerlo en el extranjero, como se ha hecho hasta ahora. “Asusta que autoricen que algo así entre [en el país]”, apuntó.

En el marco de su extenso programa de reformas, el príncipe heredero y dirigente de facto Mohamed bin Salmán busca diversificar la economía del primer exportador mundial de petróleo desarrollando los sectores los negocios, el deporte y el turismo, con la emisión de visados turísticos desde 2019.

En los últimos años, en el país se han producido varias reformas sociales, impulsadas por el príncipe heredero, como la reapertura de los cines en 2018 después de 35 años.

Además, desde ese mismo año las mujeres pueden conducir en el reino y ahora ya las hay que son mecánicas y maquinistas.

Un año después se permitió a las mujeres sauditas de más de 21 años a sacarse el pasaporte y viajar al extranjero sin que ningún varón las tenga que autorizar previamente.

Y mientras que hasta no hace mucho la policía de la moral impedía que las personas de sexo opuesto se reunieran en lugares públicos, ahora hombres y mujeres pueden compartir algunas playas o acudir juntos a determinados conciertos y eventos deportivos.

Según Kristin Diwan, del Arab Gulf States Institute, en Washington, Mohamed bin Salmán desea atraer a más extranjeros y un levantamiento “por etapas” de las restricciones al alcohol podría ayudar a ello.

“Se trata de un paso más en la normalización, llevada a cabo por el gobierno, de una aprobación del alcohol en unos contextos definidos”, apuntó.

Las autoridades sauditas afirmaron que su objetivo es “contrarrestar el comercio ilícito de productos alcohólicos recibidos por las misiones diplomáticas”.

Para Kristian Ulrichsen, investigador en el Baker Institute de la Universidad Rice, el gobierno saudita transmite así un “mensaje sutil, afirmando que podría producirse un cambio pero que el proceso será progresivo y que estará controlado de cerca”.

Un comunicado del gobierno saudita afirmó que las autoridades introducirán “un nuevo marco regulatorio (…) para contrarrestar el comercio ilícito de productos alcohólicos recibidos por las misiones diplomáticas”.

“El nuevo proceso consistirá en asignar cantidades específicas de productos alcohólicos al entrar en el país para poner fin al anterior proceso no regulado que provocaba un intercambio incontrolado de dichos bienes”, precisó.

Las normas vigentes hasta ahora dejan a la mayoría de los 32 millones de sauditas pocas posibilidades de consumir bebidas alcohólicas.

Más allá de asistir a recepciones diplomáticas, pueden hacer vino casero o recurrir al mercado negro, donde las botellas de whisky pueden llegar a costar cientos de dólares en vísperas de fiestas como Nochevieja.

Según la ley saudita, las sanciones por consumo o posesión de alcohol pueden incluir multas, penas de cárcel, flagelación pública y deportación para los extranjeros.

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