Agencias/Ciudad de México.- Las penúltimas dos horas de fútbol han dejado las cosas como estaban: sin campeón aún. Atlético y Real Madrid han cumplido con sus respectivas obligaciones (2-1 de manera agónica ante el Osasuna y 0-1 ante el Athletic, respectivamente) dejando en el camino al Barcelona que cayó ante el Celta y al Sevilla goleado en Villarreal.

Pero hablemos de un triunfo agónico del Atlético de Madrid que, después de todo, deja en sus manos la opción de levantar el título de Liga si vence la próxima semana al Valladolid en calidad de visitante.

Tuvo que aparecer Luis Suárez. El exculé participó en la jugada del gol de Lodi que emparejaba un partido que iba a llevar al abismo la temporada rojiblanca gracias a la anotación de Budimir. Con el empate, Luis Suárez remató un centro de Carrasco que quedó en el área para retomar el liderato del torneo que en ese tiempo ya estaba en manos del Real Madrid.

Retrociendo en el tiempo, el 9 tuvo una, recogiendo un balón suelto para topar con Herrera. El 9 tuvo dos, pero no acertó con el taconazo que había dibujado para desviar un servicio de Hermoso. El 9 tuvo tres, y se estrelló con el poste después de que Correa se apañara para dejarlo solo dentro del área. El 9 tuvo cuatro, y ésa que se había fabricado se le marchó desviada. Todo eso, en la primera media hora.

Las tuvieron también Llorente, Correa, Koke o Saúl, no todo iba a ser cosa del 9. De cerca y de lejos. El que no topaba con el meta de Osasuna topaba con su propia impericia. El primer acto dejó un racimo de ocasiones clave rojiblancas, pero ninguna tuvo traducción. Y como cada oportunidad que se pierde es por definición una oportunidad que no vuelve, la ansiedad se adueñaba del Metropolitano a medida que el reloj cumplía con su jornada laboral.

Osasuna se manejaba con cinco atrás, incrustado Juan Cruz como tercer central. En lo que a la motivación respecta, la de Sergio Herrera valía por la de todos sus compañeros. Dentro sólo se oían los gritos del meta rojillo, protagonista del partido mucho más de lo que hubiera deseado él mismo, pero sobre todo mucho más de lo que hubiera deseado el Atlético.

La vida parecía seguir igual, porque a las primeras de cambio Suárez se equivocó al rematar un servicio de Trippier, pero en realidad al Atlético le costó llegar durante un buen tramo. Ansiedad, se llamaba la figura. Cuando lo hizo otra vez, además, fue para estrellarse con la tecnología: el VAR exhibió posición ilegal en sendas dianas de Savic y Carrasco, la primera validada por el asistente, la segunda con bandera levantada ya. Entre una y otra, por cierto, Correa envió a las manos de Herrera una volea que merecía otra suerte.

Simeone envió por fin a Joao y Lodi, pero poco después pasó lo que cualquier podía sospechar que pasaría: que la primera que tuviera Osasuna iría para dentro.

Budimir cobró sus cuentas pendientes con Savic, sacándole además del gol una tarjeta que le inhabilita para la última batalla, pero el arreón final rojiblanco valió una remontada que puede significar un campeonato. El Atlético remontó y sigue teniendo el campeonato a su disposición.

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