De Primera Mano/Por Por Rodulfo Reyes/Ciudad de México.- Contra lo que muchos creen, la peor etapa de la inseguridad en Tabasco no es la actual, marcada por el enfrentamiento entre los remanentes de La Barredora, cártel fundado y respaldado durante el gobierno del hoy senador Adán Augusto López Hernández.
La temporada más cruda de la delincuencia organizada se vivió en el tramo final de la administración de Manuel Andrade Díaz, cuando por primera vez en la historia del estado un grupo de civiles armados atacó un cuartel policial para rescatar a su líder, detenido horas antes.
Lo hicieron con armamento entonces sofisticado: de un solo bazucazo rostizaron dentro de su patrulla a un oficial de la Policía Estatal.
¿Qué provoca, sin embargo, que en la percepción pública se amplifique lo que está pasando hoy y se pierda de vista aquella situación del gobierno andradista?
Posiblemente una respuesta a bote pronto sería que no existe lo que se conoce como memoria colectiva. Sin embargo, a manera de hipótesis de trabajo puede plantearse que actualmente hay actores políticos multiplicando la sensación de que “todo está peor” en aras de beneficios de grupo.
Vea usted la prueba más acabada: Mateo “N”, alias Comandante Mateo, fue capturado el sábado 15 de julio de 2006 en una cantina de Cunduacán, su tierra natal. Pero la nota nacional del evento —hasta ese momento uno de los más impactantes en el país y el más peligroso en la historia de Tabasco— se dio a conocer hasta el lunes 17 en los diarios de la capital mexicana.
No existía la inmediatez de la noticia de ahora, con las redes sociales y, sobre todo, con los medios digitales establecidos.
Ahora contrapongamos la primera noticia impactante de la actual temporada: La noche del 22 de diciembre de 2023 hubo una balacera en la casa de Hernán Bermúdez Requena, señalado por las autoridades como líder del cártel de La Barredora, por una disputa entre compinches.
Se sabría después que un lugarteniente del entonces titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSyPC) resultó herido, pero no de gravedad.
El resto de la noche y al día siguiente, víspera de Navidad, hubo bloqueos carreteros y quemas de tiendas de conveniencia.
El gobierno de Carlos Manuel Merino Campos —a quien las redes sociales bautizaron como El Florero— salió a desmentir, a través de su vocero Juan Carlos Castillejos, la información del ataque al secretario de Seguridad, quien también negó los hechos.
La noticia, empero, ya corría por la llamada supercarretera de la información y fue haciéndose gigantesca hasta convertirse hoy día en una bola de nieve descomunal, con el agregado de que el responsable de aquella situación es el gobierno de Javier May Rodríguez.
En el pleito actual ha habido muertos que por lo general ponen los grupos en pugna, y la quema de coches y tiendas solo afecta lo material.
En cambio, la madrugada del domingo 16 de julio de 2006, un comando de Los Zetas trató de entrar a sangre y fuego a la Casa de Justicia de Cunduacán para rescatar a su jefe Mateo “N”, líder regional de ese desaparecido cártel.
Las balas se vomitaron para matar servidores públicos: dentro de la patrulla quedó el cuerpo calcinado de un agente vial.
Este reportero conoció un video logrado esa noche trágica adentro de la cárcel y que impacta por los gritos aterradores del personal, sobre todo femenino, que se arrastraba para ponerse a salvo de las balas.
En una celda protegida por un enorme candado que parecía la figura de un león tallado en roca, había un sujeto de baja estatura y melena sucia y desarreglada que balbuceaba “me van a matar, me van a matar”, mientras se daba vueltas en el suelo sin poderse parar por la borrachera y las esposas empotradas a sus manos atrás de la espalda.
Agentes de la Policía Municipal y de la entonces Procuraduría General de Justicia de Tabasco (PGET) lograron, como pudieron y al puro valor mexicano, que el comando de Los Zetas no entrara a sacar a su jefe.
Los hombres armados atacaron con todo. Accionaron incluso una bazuca con la que quemaron dentro de su patrulla a un agente de Tránsito que estaba desarmado y solo reportaba por radio a su central lo que estaba ocurriendo.
El arma que lo asó en vida en ese momento solo la usaba el Ejército, lo que muestra la capacidad de fuego del crimen organizado desde décadas atrás.
Previamente, esa organización criminal había matado al presunto narcotraficante veracruzano Ponciano Vázquez Lagunes, también durante el gobierno de Manuel Andrade, cuyo subsecretario de Prevención y Rehabilitación Social, Hernán Bermúdez, resultó detenido por la PGR por ese caso.
Y la penetración del crimen en las propias estructuras de seguridad llegó a un punto todavía más grave: Juan Cano Torres, secretario de Seguridad Pública durante el gobierno de Andrade, fue detenido y procesado por su presunta participación en el atentado contra el general Francisco Fernández Solís, quien había llegado a ocupar ese cargo con el gobierno de Andrés Granier Melo.
De acuerdo con una declaración incorporada a la investigación, Cano habría pagado dos millones de pesos a un jefe de Los Zetas para ejecutar al general.
El general sobrevivió al ataque, pero su chofer murió. El caso exhibió además la existencia de una estructura de mandos policiacos conocida como La Hermandad, señalada en las investigaciones de la época por sus vínculos con actividades criminales.
También los R-15 del grupo de Mateo “N” mataron el 15 de noviembre de 2006 al edil perredista de Huimanguillo, Walter Herrera, involucrado en la masacre ocurrida poco antes en un rancho de Ixtacomitán, Chiapas, que colindaba con Tabasco y era del pariente de un alto jefe narcotraficante originario de Michoacán.
Todo eso ocurrió en el cierre de la administración de Andrade. Por eso resulta patético que a quien le tocó conducir la entidad en aquella época esté afirmando todos los días en redes sociales que Tabasco vive ahora su peor crisis de inseguridad.
Al ahora perredista, no obstante, le falta aclarar por qué no cesó a su entonces subsecretario Bermúdez, cuyo nombre apareció en un expediente de la época sobre narcotráfico.
También le debe a Tabasco una explicación de su defensa de Hernán Bermúdez después de que, el 14 de febrero de 2025, le liberaron una orden de aprehensión.
Dijo entonces Andrade que el proceso penal no era por justicia, y que lo buscaban las autoridades por todo el mundo para afectar políticamente a quien fue su coordinador de campaña en el año 2000, cuando compitió por la gubernatura: el senador López Hernández.
De este último, por cierto, ya es inocultable sus nexos con la delincuencia organizada en su modalidad de huachicol fiscal, sin olvidar el tema de La Barredora, que surgió en su administración.
¿Hará pronto Andrade un video para defender a Adán Augusto diciendo que es víctima de una persecución política del mandatario morenista Javier May Rodríguez?.


















