Agencias/Ciudad de México.- El Secretario General de la ONU describió el futuro de los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo como “un caso de prueba” para la justicia climática y financiera en el que el mundo no debe fallar.

António Guterres pronunció estas palabras durante la inauguración de la Cuarta Conferencia Internacional sobre los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo (SIDS4), que se celebra en la isla de Antigua y Barbuda, una nación caribeña que entiende bien el poder destructivo del cambio climático luego de sufrir los devastadores huracanes Irma y María en 2017.

Sumergidos por las deudas y amenazados con ser barridos por los devastadores impactos del calentamiento global, los pequeños Estados insulares señalaron el lunes a los países ricos por su responsabilidad en la crisis climática y exigieron su apoyo.

Los Pequeños estados insulares en desarrollo (PEID) “están en la primera línea de una batalla contra una confluencia de crisis que no provocaron ni crearon ellos”, afirmó el primer ministro de Antigua y Barbuda, Gaston Browne, anfitrión de una conferencia dedicada al futuro de estos Estados que se extiende hasta el jueves.

La principal de estas crisis: los desastres climáticos que se multiplican en un mundo que se acerca a un calentamiento de +1.5°C, el límite más ambicioso del Acuerdo de París de 2015.

“Los principales culpables del cambio climático han fracasado en sus obligaciones de limitar sus efectos, perjudicando gravemente a los PEID y a nuestro planeta en general”, insistió Gaston Browne.

“La crisis climática nos destruirá a todos”, pero “el mundo está tomándose su tiempo mientras nosotros sufrimos, es injusto”, añadió el presidente de las Seychelles, Wavel Ramkalawan.

En el Caribe, en el océano Pacífico o en el Índico, estos Estados que cuentan en total con 65 millones de habitantes enfrentan desde hace tiempo desafíos específicos que los vuelven particularmente sensibles a los choques externos: una población esparcida, aislamiento geográfico y economías poco diversificadas y dependientes de las importaciones.

A estas dificultades se suma una vulnerabilidad excepcional ante los crecientes impactos del calentamiento climático, del cual no son responsables: sequías, inundaciones, huracanes y aumento del nivel del mar que amenaza literalmente con borrar del mapa a algunos de ellos.

“No podemos aceptar la desaparición de un país o de una cultura bajo el avance de las olas”, dijo en la apertura de la conferencia el secretario general de la ONU, António Guterres, subrayando que estas pequeñas islas no pueden luchar “solas” contra estos desafíos.

“La idea de que todo un Estado insular pueda tornarse un daño colateral de las ganancias de la industria de los combustibles fósiles o de la competencia entre las mayores economías es simplemente obscena”, añadió.

La primera reivindicación de los países insulares es una aceleración del accionar mundial en materia climática para frenar el calentamiento, del cual son las primeras víctimas, y un aumento del financiamiento en ese sector.

“El costo seguirá aumentando y lo pagaremos con cada vez más vidas humanas si no atacamos la raíz (del calentamiento): las energías fósiles”, añadió la presidenta de las Islas Marshall, Hilda Heine.

Según el PNUD, la activación de las medidas de adaptación para los impactos de calentamiento en esos 39 países requeriría entre 4,700 y 7,300 millones de dólares anuales.

Pero la mayoría de ellos son considerados países de ingresos intermedios, y por ello se encuentran excluidos de la ayuda internacional y de la financiación a tasas preferenciales de los bancos de desarrollo.

“Están atrapados en una tierra de nadie en la que no tienen acceso a la red de seguridad que representan los financiamientos de la comunidad internacional”, lamentó Achim Steiner, director del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que defiende para ellos una reforma del sistema financiero internacional.

Mas aún teniendo en cuenta que la mayoría sufre también el peso de una deuda importante. La ONU estima que en 2024 gastarán 15,9% de sus ingresos solo para reembolsar los intereses de esa deuda.

Los pequeños Estados insulares estiman que no saldrán adelante sin ayuda externa, aunque de todos modos tendrían que comprometerse ellos mismos a reforzar y diversificar sus economías para volverse más resistentes a los choques externos.

Entre sus ejes prioritarios se encuentran el desarrollo de las energías renovables y el impulso de la “economía azul” (por ejemplo a través de la pesca duradera) en archipiélagos con territorios terrestres muy pequeños pero que cuentan con 19% de las zonas económicas exclusivas (espacio marítimo en el que un Estado ejerce su soberanía) del planeta.

Sin olvidar la promoción de un turismo más responsable para preservar una biodiversidad excepcional, especialmente los corales amenazados que atraen anualmente a los amantes del buceo.

“Su futuro es nuestro futuro. Nuestra tierra, nuestros océanos, nuestro planeta y, en última instancia, todos nosotros necesitamos acciones valientes y determinadas”, afirmó el rey Carlos III en un mensaje de video.

El presidente de la Asamblea General, Dennis Francis, oriundo del cercano estado caribeño de Trinidad y Tobago, argumentó que la tan esperada conferencia SIDS4 “ofrece una plataforma poderosa y única” para la acción en el marco del programa de Antigua y Barbuda.

“Si no emprendemos una reforma sustancial del marco financiero internacional y la arquitectura multilateral y su gobernanza, los países en desarrollo, incluidos los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo, no podrán liberar todo su potencial para movilizar recursos muy necesarios con el fin de lograr la Agenda 2030 y sus ODS”, señaló Francis.

El primer ministro de Antigua y Barbuda, Gaston Browne, subrayó que las vulnerabilidades de los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo colocan a esos países en una gran desventaja.

La implacable crisis climática ha socavado gravemente los esfuerzos para cumplir los ODS, haciendo que la búsqueda de soluciones sea más crítica, apuntó.

Este año ha sido el más caluroso de la historia prácticamente en todas partes, lo que subraya la urgencia de nuestra situación. Ignorar esto “es jugar con nuestro futuro colectivo”, dijo.

“Continuar con las cosas como siempre no es sólo negligencia, es una elección activa que invita al desastre. Tal indiferencia tendrá repercusiones desastrosas que afectarán a cada nación, cada comunidad y cada individuo en todo el planeta”, alertó.

Browne aseveró que se debe poner fin a anteponer las ganancias a la sostenibilidad, y conminó a que se instaure un impuesto global al carbono a las compañías petroleras enormemente rentables. “No actuar dictará el destino de los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo… Es imperativo que actuemos ahora, no mañana sino hoy, con convicción y resolución inquebrantable”.

Un momento de enorme incertidumbre, que al mismo tiempo presenta diversas oportunidades. En mayo de 2024, la comunidad internacional se reunirá en Antigua y Barbuda para revisar el progreso del desarrollo sostenible de los PEID y proponer una nueva década de asociaciones y soluciones para potenciar la trayectoria de estos países hacia una prosperidad flexible y sólida.

Comentarios desactivados en Pide ONU impulsar justicia climática y financiera en Estados Insulares en Desarrollo