Agencias/Ciudad de México.- ¿Puede una serie salvar al mundo? Probablemente no. Pero si alguna tuvo oportunidad de hacerlo esa es Ted Lasso, la comedia de Apple TV+ ya estrenó su segunda temporada.

Lanzada el año pasado en medio de la pandemia, la serie que cuenta la historia del entrenador de fútbol americano del título contratado por un equipo de fútbol de la Premier League británica a pesar de no saber qué es un offside o porqué a veces un empate es lo mejor que te puede pasar, pero que está repleto de un optimismo contagioso.

Y sí llegó en el momento indicado. Un antídoto para el batallón de antihéroes que reinan en las series hace un par de décadas, la amabilidad de Ted, su curiosidad innata y su aparentemente infinita empatía le cambiaron la cara a la ficción televisiva justo a tiempo.

En medio del desasosiego generado por la pandemia y las crisis políticas, sociales e institucionales que la emergencia sanitario hizo más evidentes alrededor del planeta, una serie sobre fútbol creada por un grupo de norteamericanos, talentosos pero no precisamente expertos en el deporte, aportó un puerto seguro, amable, inteligente y sensible-pero nunca sensiblero-, para muchos.

Lo que comenzó en 2015 como una serie de spots publicitarios destinados a promocionar la emisión de la Premier League en la cadena NBC (todavía disponibles en YouTube), se transformó en un fenómeno que sumó veinte nominaciones para los premios Emmy que se entregan en septiembre, el mayor número de menciones para una comedia debutante en la historia del premio y la casi segura ganadora de la estatuilla a la mejor del género.

Antes había cosechado un prestigioso galardón Peabody por “ofrecer la perfecta contraparte a la masculinidad tóxica que prevalece tanto dentro como fuera de la pantalla en un momento en que el país necesita inspiradores modelos de bondad”, según se lee en la página del premio otorgado en junio, y un globo de Oro al mejor actor de comedia para Jason Sudeikis (Saturday Night Live), su protagonista y creador junto a Brendan Hunt, quién interpreta al estoico entrenador Beard, y Bill Lawrence, el experimentado showrunner de Scrubs, Cougar Town y Spin City, entre otras exitosas comedias.

“Todos estos reconocimientos son realmente maravillosos pero también me hace pensar cuán hambrientos estábamos como espectadores de ver a personajes que tratan con amabilidad a los demás, que se escuchan mutuamente, que no prejuzgan y son empáticos. Lo que más me enorgullece del programa está en los guiones porque todos los personajes son tratados con justicia. Incluso si son unos imbéciles vas a saber por qué lo son.

“Todo el mundo tiene una historia y razones para ser como son y si hacés las preguntas correctas y prestás atención a las respuestas es posible que dejes de pensar que son unos idiotas. Creo que la repercusión de la serie en parte tiene que ver con que ese planteo es una rareza en la ficción actual y es algo que el público necesitaba”, dijo a LA NACION vía zoom desde Londres Brett Goldstein, el comediante, actor y guionista que interpreta al veterano goleador Roy Kent, forma parte del equipo de guionistas y en la nueva temporada también dirigió uno de los episodios.

Puro gruñidos, cejo fruncido y malas palabras, Roy integra junto a la botinera Keeley (Juno Temple) la pareja más estable y sana que la TV haya visto en mucho tiempo. Una suerte de bella y bestia que demuestran que la comedia romántica está en gran forma si uno sabe dónde buscarla y ciertamente la nueva temporada de Ted Lasso rebosa de amor por ese género de principio a fin.

De hecho el dúo que forman Goldstein y Temple (ambos nominados también para los premios Emmy), es apenas uno de los ejemplos de personajes bien escritos, definidos, con matices y muy lejanos de los estereotipos que presenta el programa.

El primero de la fila, claro, es el propio Ted, una criatura que podría representar todos los clichés del estadounidense campechano, pero ignorante, gritón y pagado de sí mismo y sin embargo desde la primera escena hasta la última de la primera temporada, el entrenador Lasso subvirtió las expectativas de todos. Sí, aceptó un trabajo en una de las ligas más competitivas del mundo conociendo poco y nada de fútbol y sí, también es tan campechano que su inglés de Kansas a veces puede resultar ininteligible-e hilarante, por supuesto- pero su ignorancia equivale a un interés por aprender, a una curiosidad sin descanso que logra traspasar las barreras de los más atildados de los británicos que en principio no saben qué hacer con el rayo de sol que es Ted. La más desconcertada, claro, es Rebecca Welton, la dueña del equipo que al contratarlo imaginó que el bruto americano lo arruinaría todo y así podría por fin vengarse de su exmarido, propietario original de F.C. Richmond, el club de sus amores.

“En un principio estaba nerviosa porque Rebecca tenía un tono y unas formas muy distintas del resto de los personajes. Era, en la primera temporada, una suerte de contracara de Ted. Jason me decía que esa era la intención y que mi estilo al interpretarla estaba por el buen camino. Lo fantástico de estos guiones es que poco a poco se empezaban a ver los claros y oscuros del personaje, algo que continúa en la segunda temporada dónde exploramos otros costados de Rebecca y creo que el público, especialmente las mujeres de más de cuarenta, van a poder entusiasmarse con su camino de descubrimiento. Y cómo, ya sin la sombra del controlador pero carismático Rupert (Anthony Head) en su vida, tiene que encontrar una nueva forma de ser, de estar en el mundo”, detalla en la charla con LA NACION vía zoom Hannah Waddingham, la formidable actriz y cantante que interpreta a Rebecca que en los nuevos episodios también demostrará su prodigiosa voz.

En los nuevos episodios los productores ya no corrían con la de la sorpresa que generó la primera temporada cuando los espectadores encontraron un mundo de sensaciones en lo que parecía una comedia del montón sobre un sapo de otro pozo en el contexto de la repetida fórmula de las películas dedicadas al deporte con sus historias de redención y el triunfo imposible del equipo al final de la tabla. En los doce nuevos episodios la hazaña se logra de sobra sin haber cambiado los valores que la llevaron al éxito y al mismo tiempo introduciendo nuevas historias y personajes capaces de agregarle aun más capas a cada uno de los personajes.

Así, cuando Dani Rojas (Cristo Fernández), el goleador del equipo se dé cuenta de la manera más gráfica posible que su frase de cabecera “el fútbol es vida” no se aplica siempre y puede ser también todo lo contrario, Richmond sumará una psicóloga deportiva a su staff, una nueva presencia que descubrirá el lado menos sonriente del director técnico. Enfrentado al sillón de la terapeuta, interpretada por la fantástica Sarah Niles (Catastrophe), Ted se verá obligado a detener su parloteo constante para hablar de lo que importa. Algo tan ajeno a él como su explosivo alter ego Led Tasso, una de las incorporaciones más graciosas de la serie.

Lo cierto es que aun desde su faceta confrontativa y resistente, el personaje renovará la empatía y la identificación que logró con los espectadores. Incluso aquellos que no tienen el mínimo interés por el fútbol. De hecho, como sucedía en la primera temporada, ni los partidos ni los entrenamientos ocupan demasiados minutos en los nuevos episodios. En parte estrategia para no alienar al público norteamericano poco afecto al deporte y en parte necesidad técnica según explicaba hace unos meses Hunt, el actor y guionista que interpreta al entrenador Beard, en una charla en el podcast de Goldstein (Films To Be Bury With, algo así como Films para llevarse a la tumba). Es que grabar un partido de fútbol es complicado para las cámaras porque a diferencia del tenis, el básquet o el fútbol americano, explicaba Hunt sobre las secuencias deportivas, no hay tiempos muertos entre jugada y jugada y el posicionamiento de las cámaras para una ficción no son los mismos que se utilizan para grabar un partido en vivo. Y de todos modos, la esencia de Ted Lasso está en otro lado.

“Creo que la gente suele ignorar a los que tiene alrededor, a no escucharlos adecuadamente y al mirar Ted Lasso algunos empezaron a pensar: ‘quiero algo de eso en mi vida, quiero ser más curioso y prestarle atención a los demás porque así se aprende y se puede ser más comprensivo y empático’”. Y ese entendimiento es la clave de la vida”, resumió Temple todavía emocionada por ser parte del programa que logró hacer eso por tantos. Una serie que se mira con una sonrisa en la cara que solo se desdibuja por la irrupción de las carcajadas y la ocasional aparición de algunas lágrimas de emoción cortesía del inimitable Ted Lasso.

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