mayo 26, 2022

Las armas que sangran a Estados Unidos y México

Por Erick Olivera Méndez/Ciudad de México.- La masacre de Uvalde, Texas, en donde fueron asesinados 19 niños y dos maestras en la primaria Robb, y cuyo tirador, un joven de 18 años armado con un par de fusiles semiautomáticos AR-15, es el episodio más reciente de violencia extrema contra inocentes en el que se ven involucradas armas de fuego de alto poder.

El debate por el control de armas en Estados Unidos se reavivó tras los hechos de Uvalde, un pueblo fronterizo con México y cuyos habitantes son mayoritariamente de origen mexicano.

El presidente Joe Biden se mostró horrorizado y dijo que estaba harto de los tiroteos escolares. “Hay niños que vieron morir a sus amigos como si fuera un campo de batalla; tenemos que actuar y hacer frente a los cabilderos de las armas”.

Pero los cabilderos de las armas cuentan con el respaldo de los Republicanos, entre los que destacan el gobernador de Texas, Greg Abbott y el expresidente Donald Trump, dos activos promotores de la compra y portación de armamento en Estados Unidos.

De hecho, en medio de la tragedia, la Asociación Nacional del Rifle (NRA), la organización que concentra a los poderosos cabilderos armamentistas, confirmó que se llevará a cabo la convención anual este fin de semana en Houston, Texas, a la que asistirán como oradores el gobernador de ese estado y el propio Trump.

La NRA ha presionado en el seno del Congreso norteamericano para no permitir el control de la venta y el uso de armas mediante leyes más estrictas, un debate que se mantiene vivo y que se agita cada vez que hay una tragedia como la de Uvalde.

En Estados Unidos se estima que la producción de armamento se ha triplicado desde el año 2020, pasando de 3.9 millones de armas producidas en ese año, a 11.3 millones en el 2022.

Se calcula también que desde el 2000 en ese país se han fabricado 139 millones de armas de fuego y según una encuesta de Small Arms Survey de 2018, los estadounidenses tienen en sus casas un arsenal de 400 millones de armas.

La masacre de Texas de este martes ha reavivado el debate por el control del uso de armamento en Estados Unidos, y como cada vez que se presenta un acto de violencia de esta naturaleza, se han puesto sobre la mesa los números que revelan la sangre que se ha derramado por el uso de armas en ese país.

Según la organización de monitoreo Gun Violence Archive, en lo que va de 2022, han muerto alrededor de 17 mil personas por armas de fuego en Estados Unidos, y entre las víctimas se han contabilizado a 650 menores de edad.

En ese contexto de violencia doméstica y política por el control de las armas, México mantiene su propia batalla contra los cabilderos del armamento en Estados Unidos. La demanda contra fabricantes y distribuidores de pistolas y rifles semiautomáticos de alto poder que terminan de contrabando en territorio mexicano, ha basado su argumentación en lo que la Cancillería ha llamado prácticas negligentes que han derivado en un tráfico ilícito de arsenales en México.

“El argumento central del litigio es que, desde hace varias décadas, las empresas demandadas son conscientes de que las armas que comercializan son traficadas y usadas en actividades ilícitas en México, inclusive en ataques en contra de las autoridades. Sin poder ignorar el uso que se da a esas armas en México, los demandados promueven su venta al público en general destacando sus características militares, permiten ventas múltiples a un solo comprador y facilitan las ventas entre particulares, en las que no se efectúan revisiones de antecedentes del comprador o del origen del arma”, destacó la Cancillería mexicana en agosto de 2021 cuando presentó la demanda.

Las armas que sangran a Estados Unidos son las mismas que mantienen la herida abierta en México, y parece que la batalla contra la industria armamentista la tienen que dar los dos gobiernos, en un afán de parar las masacres y la violencia en ambos territorios.

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