Cuando la sociedad escucha, protesta y toma decisiones, los pueblos se van transformando. Hoy los tiempos son los de una sociedad hambrienta de democracia y de justicia.
El Silencio.
Por David Vargas Araujo/Ciudad de México.- Desde la creación del IFE, con Carlos Salinas de Gortari, y hasta el día de hoy, ha sido todo una travesía nebulosa, oscura, sinuosa y decadente. Décadas han pasado y nuestra democracia sigue siendo endeble, frágil. Su debilidad radica en cómo está estructurado el INE, funciona como árbitro en las elecciones y su esencia es la antidemocracia.
Hoy se nombraron cuatro miembros, dos mujeres y dos hombres, que salen de cuatro quintetas, es decir, de 20 propuestas quedaron: Norma Irene Cruz Magaña, Carla Humphrey Jordán, José Martín Fernando Faz y Uuc-Kip Espadas.
Ellas y ellos son los nuevos miembros del Consejo General del INE. Tendrán un gran reto: Coadyuvar en su democratización. Quitarle a la derecha la conducción institucional del organismo y construir un nuevo modelo democrático de este órgano colegiado.
Las elecciones en México, han estado manchadas con tinta indeleble. El fraude electoral ha sido su objetivo y metodología para imponer a candidatos neoliberales, desde la compra de votos, hasta financiar las campañas con dinero sucio. El relleno, robo y quema de urnas, la operación tamal, votación de muertos, el carrusel y el acarreo masivo, se siguen imponiendo como si la gente no se diera cuenta. EL PRI-PAN se quedó anclado en las viejas prácticas fraudulentas, porque solo así ganan las elecciones y han permanecido en el poder.
Los grandes fraudes de 1988 y 2006, fueron los más escandalosos de nuestra historia electoral. Ahí se evidenciaron todas las malas formas de hacer política, quedó de manifiesto que hay una simbiosis entre la derecha y el fraude electoral. No pueden ganar elecciones sin trampa. No pueden tener un gobierno sin comprar a los votantes. No pueden tener el poder sin la violencia electoral, mucho menos sin maquinaria electoral corrupta e impune.
Con la llegada de AMLO a la presidencia, con más de 30 millones de votos, ya no fue posible para el INE hacer fraude. No se podía. El pueblo masivamente votó por el verdadero cambio, que por décadas había luchado.
Hoy se aprobó como delito grave y federal el fraude electoral, no alcanzarán fianza los delincuentes electorales. Es posible que la derecha no entienda, el jugar limpio no se les da, sería contra natura pedirles honestidad. En el 2021 veremos a una derecha sin estructura, sin liderazgos, sin unidad y sin rumbo. Las elecciones del año que vienen serán la extinción de los partidos que apenas respiran. No habrá intubación, ni mascarilla de oxígeno, ni vacuna, ni medicamento alguno, para revivir al conservadorismo que hoy se encuentra en terapia intensiva.
La conformación del nuevo INE, estará a prueba en las elecciones del año que viene, veremos el resultado de los cambios que hoy se dieron. Veremos si las y los nuevos integrantes ejercen con valentía democrática, su conocimiento institucional y electoral, su visión de transformación del INE.
El INE tendrá un cambio verdadero, o se mantendrá en la antidemocracia que ha hecho sufrir a nuestra nación. El entorno político es totalmente diferente, el cambio del Instituto tiene que ser una realidad. Tiene que ser funcional como órgano electoral. Tiene que demostrar los alcances que el pueblo necesita para que la democracia siga caminado, desarrollándose y más tarde se consolide.
Lorenzo Cordova y Ciro Murayama, no pueden continuar administrando los fraudes electorales, imponiendo la deshonestidad como mecanismo de su “democracia”. El juego ya empezó, el balón está en el centro de la cancha, falta el pitazo del árbitro y que aplique el reglamento, para que la democracia triunfe. Ya no les queda tiempo, el 2021 es su último aliento. En el 2021 el INE retoma su rumbo democrático o se hunde en el mar del fraude. Estará vigilado por los ojos del pueblo que ya tiene la mirada puesta en las próximas elecciones.


















