Agencias/Ciudad de México.- La vida entera de Israel Vail en la pequeña ciudad de Cajolá, en el oeste de Guatemala, depende del dinero que sus tres hijos envían desde Estados Unidos.

El pago de sus trabajos en la construcción costeó la casa blanca de dos pisos donde Vail vive ahora, y donde sus hijos, que están en Estados Unidos ilegalmente, también residirían si alguna vez son deportados. Vail, de 53 años, invirtió parte del dinero en abrir una tienda local de alimentos, que utiliza para mantener a su familia a flote.

En pequeños pueblos migratorios como Cajolá, no es inusual que toda la economía se construya a partir de las remesas, es decir, de los fondos que los trabajadores migrantes envían a sus países de origen.

“La gente aquí no viven bien, pero viven por las remesas”, afirmó Vail.

Los republicanos de la Cámara de Representantes han incluido en el proyecto de ley prioritario del presidente Donald Trump un impuesto especial del 5% sobre las transferencias de remesas, que cubriría a más de 40 millones de personas, incluidos los titulares de permisos de residencia permanente y los titulares de visas de no inmigrante, como las de tipo H-1B, H-2A y H-2B. Los ciudadanos estadounidenses estarían exentos.

Trump también anunció recientemente que está finalizando un memorando presidencial para “acabar con las remesas” enviadas por personas que están en Estados Unidos sin autorización. Los funcionarios de la Casa Blanca y del Tesoro no han respondido a las solicitudes de comentarios de The Associated Press sobre los detalles del memorando presidencial que Trump adelantó en una publicación de Truth Social el 25 de abril y cómo funcionaría.

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, respondió enérgicamente contra la medida y pidió a los legisladores republicanos que la reconsideren, diciendo que “dañaría la economía de ambas naciones. Y que además es contraria al espíritu de libertad económica que dice defender el gobierno de Estados Unidos”.

“Las remesas son el fruto del esfuerzo de quienes, a través de su trabajo honesto, fortalecen no solo la economía mexicana sino también la de Estados Unidos, por lo que consideramos esta medida arbitraria e injusta”, dijo.

Expertos en remesas, líderes locales y antiguos migrantes dicen que prohibir, limitar o agregar un impuesto a ciertas remesas podría dañar a las comunidades que dependen de ellas, resultar oneroso para los ciudadanos y empresas estadounidenses y, paradójicamente, terminar causando aún más migración ilegal a Estados Unidos.

El flujo de dinero proporciona un importante sustento económico a los residentes de pueblos más pobres que a menudo tienen poco acceso a empleos o ingresos. Las remesas brindan oportunidades a las personas en su país de origen, lo que hace menos probable que tomen el riesgo de migrar a Estados Unidos, dicen los expertos.

Manuel Orozco, director del Programa de Migración, Remesas y Desarrollo en el Diálogo Interamericano, señaló que cualquier medida para reducir las remesas tendrá un impacto negativo en el interés nacional de Estados Unidos y en el país de origen.

Los defensores de los esfuerzos para afectar a las remesas dicen que son un impuesto efectivo a las personas que están sin permiso en Estados Unidos y podrían ser una fuente de ingresos para el gobierno estadounidense.

Mark Krikorian, director ejecutivo del Centro de Estudios de Inmigración, que aboga por menos inmigración, reconoce que limitar, prohibir o gravar las remesas haría la vida más difícil para los inmigrantes que están en Estados Unidos sin autorización.

“Una de las principales razones por las que la gente viene aquí es para trabajar y enviar dinero a casa”, comentó Krikorian. “Si eso es mucho más difícil de hacer, se vuelve menos atractivo venir aquí”.

La legislación para controlar las remesas a través de impuestos sobre las transferencias de dinero, nacionales e internacionales, se ha propuesto en 18 estados en los últimos años. Casi todos esos esfuerzos han sido rechazados.

La excepción es Oklahoma, que en 2009 aprobó un impuesto sobre las remesas: una tarifa de 5 dólares por cualquier transferencia de dinero inferior a 500 dólares y un 1% sobre cualquier cantidad superior.

Steven Yates, que actualmente es investigador de alto nivel en el Heritage Institute, escribió para el America First Policy Institute que cada estado debería adoptar esta política como una forma de combatir el impacto de la inmigración ilegal.

Otros altos funcionarios del gobierno de Trump también han apoyado los esfuerzos para endurecer los controles sobre las remesas. Cuando era senador de Ohio en 2023, el vicepresidente JD Vance fue uno de los proponentes de la Ley WIRED, que habría impuesto una tarifa del 10% a las remesas enviadas desde Estados Unidos.

La intención del proyecto de ley, que permitiría a las personas que pudieran probar su ciudadanía recuperar el gravamen en forma de un crédito fiscal reembolsable, era “penalizar actividades ilícitas, como el tráfico de drogas y de personas”. El proyecto de ley no logró salir del comité.

“Esta legislación es una solución de sentido común para desincentivar la inmigración ilegal y reducir el poder financiero de los carteles”, dijo Vance cuando se presentó el proyecto de ley.

Según el Banco Mundial, las remesas enviadas a los países de origen en 2023 totalizaron alrededor de 656.000 de dólares, equivalente al producto interno bruto de Bélgica. El dinero que los migrantes mexicanos envían a sus familiares creció un 7,6% en 2023, alcanzando un récord de 63.300 millones de dólares en ese año.

Las remesas también son un factor importante en la economía global, ya que a menudo se envían a través de servicios de transferencia de dinero estadounidenses en lugar de bancos y cooperativas de crédito. India, México y China son los mayores receptores de esos fondos, según el Banco Mundial.

En respuesta a la propuesta de gravar las remesas en el nuevo proyecto de ley republicano de la Cámara, Orozco afirmó que algunos remitentes encontrarían formas de enviar dinero de manera diferente, a través de canales no autorizados, mientras que otros enviarían menos.

Esto último tendría un impacto en los hogares receptores, limitando la capacidad de ahorrar, y a su vez, podría aumentar la intención de migrar, afirmó Orozco, quien también es investigador de alto nivel del Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard.

Western Union señaló el mes pasado que, aunque las remesas han aumentado en todo el mundo en los últimos meses, los pagos enviados desde Estados Unidos a otros países del continente americano experimentaron una fuerte caída. En el último año, los pagos de remesas a través de Western Union disminuyeron un 8%, algo que el CEO Devin McGranahan atribuyó a la caída de los niveles de migración.

Vail dijo que su pequeño negocio de comestibles ha tenido dificultades desde que Trump asumió el cargo en enero y sus ventas de cosas como huevos, frijoles, azúcar y más han disminuido.

“Cuando Donald Trump ganó, mucha gente no enviaron remesa, o empezaron a guardar dinero. El negocio bajó mucho”.

En Cajolá, los líderes locales dicen que el flujo de remesas ha evitado que los jóvenes migren porque ven oportunidades económicas que de otro modo no tendrían. Vail dijo que perder ese sustento sería un golpe devastador para familias como la suya e incluso podría hacer que su pequeño negocio cierre.

“Hay mucho miedo”, dijo Vail. “Miedo que la gente que vive en Guatemala, no habrá trabajo porque ya no hay negocios”.

Durante meses, los consumidores y las empresas estadounidenses han escuchado que los enormes impuestos a las importaciones del presidente Trump —los aranceles— harán subir los precios y perjudicarán la economía estadounidense. Pero los últimos reportes económicos no reflejan ese pesimismo: La inflación, de hecho, disminuyó el mes pasado, y la contratación se mantuvo sólida en abril.

Por ahora, la desconexión hace que a las empresas y a los consumidores se les dificulte conciliar lo que se les dijo que esperaran, lo que muestran las cifras y lo que ven en la realidad. Trump y sus partidarios señalan rápidamente que las guerras comerciales de su primer mandato no se tradujeron en una inflación general más elevada en la economía.

Entonces, ¿ya podemos respirar tranquilos?

Todavía no, dicen los economistas. Los aranceles de Trump aún son enormes —los más altos desde la Gran Depresión de la década de 1930—, son impredecibles —el presidente anuncia con frecuencia impuestos a las importaciones sólo para suspenderlos días después y conjurar otros nuevos— y todavía no concluyen su paso por el sistema.

“Tuvimos un buen reporte de empleo. Tuvimos un buen reporte de inflación —y eso es genial”, dijo Ernie Tedeschi, director de economía del Laboratorio de Presupuesto de la Universidad de Yale. “Pero eso no debería tranquilizarnos sobre lo que ocurrirá el próximo mes, particularmente en cuanto a la inflación”.

Walmart, por ejemplo, advirtió a sus clientes la semana pasada que los precios subirán para todo, desde la ropa hasta los asientos para automóvil. Los precios de algunos artículos, como los plátanos, ya aumentaron.

Es cierto que la tregua con China del lunes pasado redujo drásticamente los riesgos para la economía estadounidense, y los mercados bursátiles mundiales y estadounidenses subieron la semana pasada con alivio.

Estados Unidos redujo los aranceles que Trump impuso con ira a China —la tercera mayor fuente de importaciones de Estados Unidos— de un exorbitante 145% al 30%; Beijing redujo sus impuestos de represalia a las importaciones estadounidenses del 125% al 10%. Los economistas de JPMorgan Chase, quienes habían pronosticado el mes pasado que los aranceles a China hacían probable una recesión, no la esperan ahora.

Los aranceles de Trump son los más altos desde la Gran Depresión

Pero incluso con la reducción de los gravámenes a China, el Laboratorio de Presupuesto de Yale informó que el costo de la guerra comercial de Trump será alto. El aumento de precios reducirá el poder adquisitivo del hogar promedio en 2.800 dólares. Los precios del calzado subirán un 15% y de la ropa un 14%. Los impuestos a las importaciones reducirán 0,7 puntos porcentuales el crecimiento económico de Estados Unidos este año y aumentarán la tasa de desempleo —actualmente en un bajo 4,2%— en casi 0,4 puntos porcentuales.

Trump ha impuesto aranceles del 10% a las importaciones de casi todos los países del mundo. También impuso aranceles del 25% a los automóviles, el aluminio, el acero y muchas importaciones de Canadá y México.

El Laboratorio de Presupuesto de Yale estima que las políticas de Trump elevarán la tasa arancelaria promedio de Estados Unidos al 17,8%, la más alta desde 1934 —y un aumento significativo del promedio de alrededor del 2,5% cuando Trump asumió el cargo. (Otros economistas sitúan su tasa arancelaria entre el 14% y el 15%).

Durante el primer mandato de Trump, el arancel promedio aumentó sólo 1 punto porcentual a pesar de todos los titulares generados por las políticas comerciales. Ahora, según el Laboratorio de Presupuesto, aumenta 15 puntos porcentuales.

Y los aranceles apenas han comenzado a sentirse. En abril, los ingresos por impuestos a las importaciones recaudados por la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP, por sus siglas en inglés) alcanzaron una tasa arancelaria de tan solo el 4,5%, una fracción de lo que se avecina, dijo Tedeschi. Esto se debe en parte a los retrasos en la implementación de los impuestos a las importaciones —incluidas fallas técnicas que impidieron a los agentes aduaneros cobrarlos durante un par de semanas.

El impacto total también se ha retrasado porque las empresas se adelantaron e importaron productos extranjeros antes que entraran en vigor los aranceles de Trump. Asimismo, Minoristas e importadores suspendieron en gran medida los pedidos de zapatos, ropa, juguetes y otros artículos debido a los nuevos aranceles, pero muchos ya reanudaron las importaciones desde China.

Tedeschi, quien fue economista jefe del Consejo de Asesores Económicos del presidente Joe Biden, también señala que simplemente toma tiempo que los aranceles se traduzcan en precios más altos. Durante el primer mandato de Trump, sus gravámenes de enero de 2018 sobre lavadoras extranjeras no resultaron en electrodomésticos más caros sino hasta abril de ese año. Sin embargo, un estudio de la Reserva Federal de este mes encontró que los aranceles que Trump impuso en 2018 Y 2019 significaron precios más altos apenas dos meses después, lo que sugiere que los consumidores podrían comenzar a pagar más en junio.

Los consumidores están menos dispuestos a aceptar precios más altos

Las cosas han cambiado desde la primera vez que Trump estuvo en la Casa Blanca, cuando las empresas prácticamente trasladaban el costo total de sus aranceles a sus clientes. Esta vez, los consumidores estadounidenses, aún afectados por el estallido inflacionario que siguió a la pandemia de COVID-19, podrían ser más reacios a aceptar precios más altos.

“Los consumidores no estaban tan agotados por la inflación en 2018 de la manera en que están ahora”, resaltó Tedeschi. Las encuestas realizadas por los bancos de la Reserva Federal en Atlanta y Dallas han encontrado que la mayoría de las empresas asumirán al menos una parte de los costos arancelarios esta vez. Y una razón por la que el índice de precios al productor del Departamento de Trabajo cayó en abril fue porque tanto minoristas como mayoristas reportaron menores márgenes de ganancia, una señal de que quizá ya absorben parte del costo arancelario.

Trump quien ha insistido durante mucho tiempo en que son los países extranjeros y no las empresas o los consumidores estadounidenses los que pagan sus impuestos a las importaciones, arremetió el sábado contra Walmart por decir que aumentará los precios. En redes sociales, exigió al gigante minorista: “¡¡¡ABSORBE LOS ARANCELES y no le cobres nada a tus valiosos clientes. Estaré atento, y tus clientes también!!!”.

El daño económico no es sólo resultado del costo de los impuestos a las importaciones, sino por la forma errática en que el presidente los impone. Por ejemplo, los aranceles del 145% a China se suspendieron recientemente durante 90 días. De la misma manera, Trump suspendió los aranceles altos que impuso el mes pasado a las importaciones de países con que Estados Unidos tiene un déficit comercial. ¿Podrían volver a aplicarse esos gravámenes?

Los consumidores claramente temen que los aranceles eleven los precios, ya que las encuestas de confianza del consumidor se han desplomado desde que Trump comenzó a intensificar sus amenazas arancelarias en febrero. El índice de confianza del consumidor del The Conference Board (La Junta de la Conferencia), una organización independiente de expertos sin fines de lucro y apartidista, que ofrece análisis económicos y estratégicos a empresas para anticiparse al cambio, con sede en la Ciudad de Nueva York, ha caído durante cinco meses consecutivos a su nivel más bajo desde el auge de la pandemia en mayo de 2020.

Se avecinan café y coronas navideñas más caras

Snowy Owl Coffee Roasters, en Sandwich, Massachusetts, que importa granos de Brasil, Nicaragua, Burundi y otros países, ahora planea subir sus precios esta semana para cubrir el costo de los impuestos a las importaciones del 10%. Aumentará entre 25 y 35 centavos al precio de cada taza.

“Los aranceles incrementan los costos y contribuyen a mucha de la incertidumbre sobre la posible recesión”, dijo Shayna Ferullo, de 44 años, copropietaria de Snowy Owl. “Estamos analizando detenidamente el próximo año con el objetivo de consolidarnos y operar de forma muy, muy ajustada”.

Ferullo también tendrá que pagar mucho más de lo presupuestado para renovar su tienda en Brewster, Massachusetts —una de sus tres sucursales— porque el contratista ha elevado su presupuesto en parte debido a los aranceles a los materiales de construcción. Ya optó por no cubrir un puesto tras la renuncia de un trabajador, y busca maneras de que la automatización le ayude a reducir sus costos laborales —aunque no ha despedido a ninguno de sus 35 empleados.

Jared Hendricks, director general de Village Lighting Co., suspendió el mes pasado los envíos de suministros que recibe de China —bolsas de almacenamiento, coronas, luces y guirnaldas navideñas. Ahora que Estados Unidos y China llegaron a una tregua, intenta que los productos lleguen a Estados Unidos a tiempo para las festividades.

Calcula que el transporte marítimo desde China hasta los puertos de la Costa Oeste tardará entre 10 y 20 días, y entre 20 y 40 días más para que la mercancía pase por la aduana estadounidense y luego viaje mediante la empresa de transporte ferroviario Union Pacific Railways hasta su empresa en Utah. Dados todos los retrasos previstos, Hendricks dijo que le preocupa que su decoración navideña no llegue para el 1 de septiembre, cuando debería comenzar a exhibirse en las tiendas.

Mientras tanto, intenta calcular cómo afrontar la factura de 1 millón de dólares por los aranceles. Espera cubrir ese costo si eleva los precios entre un 10% y un 15%.

Además de eso, intenta conseguir un préstamo para pagar los impuestos con su casa como garantía.

“Seguimos adelante”, agregó, “pero con un costo, riesgo personal y cansancio enormes”.

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