Texto Periódico El Mundo/Madrid.- El último minuto es siempre del Madrid. El guionista del destino, pues, debió equivocarse, porque esta vez fue para su rival. Nadie pega como lo hace el equipo blanco, nadie necesita menos para llegar al gol, pero fue peligroso dejar que el Borussia lo hiciera tantas veces. Tiene jugadores que son, como se decía de Muhammad Ali, mitad mariposa, mitad abeja. Es el caso de Aubameyang. El empate no es grave, puesto que el segundo lugar del grupo no depara un Everest, y es posible que abone las especulaciones, pero la realidad es que al Madrid le faltó la contundencia y el control necesarios ante un rival que será mucho más de lo que es. Al tiempo.

El paso adelante con el que empezó el Borussia permitió al Madrid hacer lo que mejor se le da, que es aprovechar los espacios que los rivales dejan a su espalda. A la animosidad del Borussia, nada contenida, dada la idiosincrasia del equipo y los apetitos, algo desmesurados, de su entrenador, Thomas Tuchel, no le acompañó la precisión. La consecuencia fue la constante pérdida de la pelota con muchos hombres por delante de ella y menos por detrás. Pasto libre para el equipo que mejor corre en el fútbol. El Borussia, por cierto, también lo hace, lanzado por Dembelé, Aubameyang o Pulisic, rayos.

Ocasiones visitantes

El equipo de Zidane, de nuevo con cuatro centrocampistas, dada la lesión de Bale y la decisión de que Morata empezara en el banquillo, robó mucho en el arranque y se equilibró bien en el centro gracias a Modric y Casemiro. El físico del brasileño necesita kilómetros en su puesta a punto. En los momentos en los que los mediocentros eran superados, los delanteros del Borussia encontraron a Varane, rápido en el uno contra uno y adornado en el recorte. Si el francés fuera siempre tan seguro, habría pocas dudas para Zidane. No es así.

Varane fue especialmente necesario cuando, al final de la primera mitad, el Borussia sí encontró las ocasiones que no había consolidado al principio. También lo hizo Keylor, bien ante Pulisic y soberbio en una falta escondida por Schürrle en el ángulo muerto. Fue felino.

Ese escenario, prolongado en el inicio de la segunda mitad, se produjo después de que el Madrid dominara el marcador y se desconectara en parte del balón. Nunca volvió a tener el control. Hasta el primer gol de Benzema, el conjunto de Zidane había subido la intensidad lo necesario para obtener su fruto. Cristiano estuvo en los trámites, muy selectos, de las entregas a Benzema y James que no llegaron a consumarse. Acabó con un tiro al palo. El gol le ha sido esquivo en una semana difícil, dados sus problemas fiscales.

Minutos para Kroos y Morata

La segunda ventaja, obra, asimismo de Benzema, hizo excesiva la confianza y la consecuencia fue el tanto de Aubameyang, en una acción que dejó de piedra a toda la defensa blanca. La inició el envío de Weigl, el jugador que movió con más criterio al Borussia. De ahí en adelante, la velocidad de Dembelé, Aubameyang y Pulisic hizo el resto. Jóvenes, rápidos y ambiciosos, lo mismo que su entrenador, Thomas Tuchel. Necesitan mucho para marcar, pero lo produjeron hasta llegar al empate final, obra de Reus, que salió en el tramo final, después de una carrera en la que Aubameyang redujo a Sergio Ramos a su condición humana.

El resultado no debe opacar el gran acto de Benzema, después del túnel que atravesó en el Camp Nou. El taciturno delantero se aprovechó de sendos envíos trazados con cartabón por Carvajal y James, y de la mala posición de la defensa del Borussia. El colombiano, titular, correspondió a la oportunidad que le concedió Zidane, cuya lectura del partido no fue la mejor. Con los cambios, quiso dar minutos a jugadores que regresan, como Kroos y Morata, cuando el partido estaba más que nunca para los que se encuentran en plenitud. El empate no es trágico, ni mucho menos, y mantiene la racha de este Madrid invicto, que se amplía a 34, la misma que marcó el equipo de Leo Beenhakker. Pero eso no era lo que Zidane quería, digan lo que digan.

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