Agencias/Ciudad de México.- Dos soldados rusos que caminaban con dificultad a través de un denso campo de nieve fueron avistados por fuerzas ucranianas tan pronto como salió el sol. Separados de sus compañeros, intentaban acelerar el paso, pues conocían el riesgo de quedar expuestos por mucho tiempo.
La reseña del periódico The New York Times, menciona que mientras tanto, a varios kilómetros de distancia, bajo el resguardo y el calor de su base, oficiales ucranianos los observaban atentamente a través de un conjunto de pantallas. Eran las 07:09 a. m.; 15 minutos después se dio la orden: los dos soldados rusos murieron al instante tras un ataque con drones.
Al inicio del conflicto, en febrero de 2022, tanques y otras unidades blindadas dominaban el campo de batalla. Este tipo de transporte no tenía inconveniente moviéndose por terrenos congelados; sin embargo, conforme la nieve se derretía por el paso de los vehículos, aparecían sitios fangosos por los que los tanques de guerra han tenido dificultades para moverse durante el invierno.
Hoy el escenario es diferente: la constante presencia de los drones ha hecho imposible el movimiento de cualquier vehículo blindado sin importar la temporada.
Esto ha generado un cambio de estrategia en el ejército ruso, que ahora manda a pequeños grupos de soldados en motocicletas o a pie para infiltrarse entre las líneas enemigas, esperando que así los drones no los detecten.
El combate se mantiene igual sin importar la estación. “Nada cambia realmente de verano a invierno”, dijo un comandante de infantería ucraniano con nombre clave Salo; “la única diferencia es el frío”, describen los periodistas del rotativo NYT, Cassandra Vinograd y Oleksandr Chubko.
Ahora que el campo de batalla es dominado por drones, los cambios de clima durante el invierno se han vuelto un aspecto de suma importancia, porque el enemigo conoce las debilidades de esta tecnología.
“Una vez que las nevadas se agudizan, perdemos visibilidad”, dijo el comandante. “Para nosotros es el clima más peligroso”. Las fuerzas rusas usan los reportes meteorológicos de niebla o nevadas severas para realizar misiones de infiltración, de acuerdo con analistas y soldados.
“Un porcentaje más alto [de soldados] logra pasar la primera línea de defensa cuando el clima es desfavorable”, apuntó Rob Lee, un experto militar del Instituto de Investigación de Política Exterior en Filadelfia.
Sin embargo, el tiempo invernal también tiene sus ventajas. Por ejemplo, la pérdida de follaje de los árboles facilita a los drones la ubicación de tropas enemigas; las marcas en la nieve hacen más evidente el avance de tropas contrarias, y las bajas temperaturas hacen más eficientes las cámaras térmicas.
Durante siglos, el frío ha sido un factor que afecta a las tropas en el campo de batalla, y Ucrania no es la excepción: aún es difícil para la infantería soportar las bajas temperaturas cuando pasan días a la intemperie.

Al igual que ellos, los drones también sufren durante el invierno. Las bajas temperaturas degradan la vida útil de las baterías y algunos drones se vuelven inoperables.
“El frío y la tecnología no son amigos”, reconoce el sargento con nombre clave Sol mientras está sentado en un futón rodeado por drones y modelos de coches que decoran las paredes de su pequeño apartamento.
Explica cómo el frío hace que los motores de las hélices en algunos drones sean propensos a congelarse a determinadas temperaturas. Explicó al NYT que, de todas las recetas caseras para evitar el congelamiento, la que mejor le ha servido a él y a su equipo de pilotos ha sido la grasa animal.
El pelotón bajo el mando del sargento Sol está compuesto por pilotos expertos en volar drones de primera persona (FPV, por sus siglas en inglés) que son monitoreados a través de una transmisión en vivo a visores especiales.
Este tipo de drones, así como algunos modelos más comerciales, son los más afectados por el clima. Cuando estos no pueden volar, drones bombarderos de mayor tamaño, llamados “Vampiros”, toman su lugar.
A 24 kilómetros de la vanguardia, Daryna, una médico, espera sentada pacientemente dentro del hospital de campaña. En el cuarto hay un par de camas con calefacción eléctrica y mantas térmicas plateadas; hoy no hubo pacientes.
Dice que el clima es parcialmente responsable: la nieve hace más complicada la tarea de mover a los heridos de la primera línea, la cual se encuentra bajo asedio constante de ataques de drones.
“Hace un año recibíamos heridos de hace dos o tres horas”, relata; “ahora recibimos a soldados que llevan heridos más de una semana”.
Los búnkeres también han cambiado: deben ser cavados a mayor profundidad por culpa de los drones, lo que se convierte en toda una odisea cuando el suelo está congelado. Las tropas “deben permanecer sin moverse en los búnkeres, esto incrementa su posibilidad de supervivencia”, constata el comandante de infantería Salo.
Reconoce que los drones “hacen una gran cantidad de trabajo”, pero también pone de manifiesto que la infantería sigue siendo crucial: “El factor humano aún tiene que estar presente, la infantería mantiene la línea”.
Los analistas aún no tienen claro si el clima invernal beneficia o perjudica a Rusia o a Ucrania; todo depende de la severidad del frío y las nevadas.
“La dependencia climática de la guerra de drones ha creado una paradoja: ambos bandos dependen de sistemas no tripulados para la conciencia situacional y los ataques de precisión, sin embargo, ambos enfrentan ventanas operativas restringidas”, dijo el Sr. Gady, el analista militar.
Aun así, anota que el invierno ha tendido a favorecer a los defensores, una lectura compartida por varios soldados ucranianos entrevistados en Dnipro por The New York Times.
Las tropas rusas buscan avanzar, mientras que las fuerzas de Kiev solo necesitan mantenerse en su sitio y no retroceder en la primera línea, limitando su exposición.
“El invierno”, dice Black, un sargento de infantería, mientras frota sus manos para calentarse, “solo lo tienes que resistir y esperar a que pase”.
Texto-NYT-Traducción-Emiliano Pensamiento Monterrosa
















