Agencias / Ciudad de México.- La Tierra cuenta con una gran luna, pero a veces, cuando pasan los asteroides por nuestro vecindario, nuestro planeta se vuelve muy ambicioso. Su fuerza gravitacional captura estas rocas espaciales y las mantiene en su órbita.

Estas breves visitas por estas “minilunas” son raras, con solo dos asteroides confirmados hasta el momento. El más reciente es del 15 de febrero, cuando la pequeña roca 2020 CD3 fue descubierta por los astrónomos de la Catalina Sky Survey, subsidiada por la NASA. La gloriosa miniluna ha sido captada por la gravedad de la Tierra desde 2015 y se ha quedado con nosotros hasta mayo de 2020, cuando partió hacia el cosmos.

Pero, en 2020, los astrónomos han anunciado la detección de otra potencial miniluna: 2020 SO.

https://twitter.com/earthskyscience/status/1310748134826545152

Aunque esta “miniluna” no se está comportando como un pequeño asteroide. De hecho, esta miniluna no es una miniluna después de todo. Se mueve demasiado lento, por lo que los astrónomos creen debe ser un desecho espacial dejado ahí por la carrera espacial.

El cuerpo celeste, que se detectó hace solo mes y medio, se ha clasificado como asteroide de clase Apolo con el nombre 2020 SO y no presenta riesgo alguno de colisión con la Tierra, según el Centro para el Estudio de Objetos Cercanos a la Tierra (CNEOS), de la NASA, que establece su tamaño entre los 5,8 y los 13 metros.

Según su director, Paul Chodas, las características del objeto, especialmente su baja velocidad y su órbita, muy similar a la de la Tierra, indican que puede ser un Centauro, la segunda etapa de un cohete, concretamente el Atlas que lanzó la nave Surveyor 2 el 20 de septiembre de 1966.

Esta nave no tripulada debería haberse posado sobre la Luna, pero la misión fracasó. Surveyor se estrelló en el satélite tres días después y la etapa desechada del cohete que la impulsó hasta allí sobrepasó la Luna y se perdió en el espacio. Ahora sería la primera vez que se vuelva a ver tras más de 50 años perdido.

Otro experto ha indicado que seguramente el objeto entrará en órbita de la Tierra por el punto de Lagrange 2 al final de este mes y la abandonará por el punto de Lagrange 1 alrededor de mayo próximo. Tendrá una órbita complicada y distante y una primera máxima aproximación a la Tierra el 1 de diciembre, aunque todos estos datos son provisionales todavía.

A medida que se acerque el supuesto cilindro metálico, señalan los astrónomos, se podrá verificar si la hipótesis del cohete es cierta, con observaciones de su reflectividad, tamaño y hasta su forma con telescopios. La reflectividad indicará si va recubierto de pintura, apuntalando su origen artificial, y los cambios en su trayectoria darán pistas sobre su densidad, que sería mucho menor que la de una roca celeste.

La arqueóloga espacial Alice Gorman, de Australia, explica en Sciencealert que una buena parte de la basura espacial está formada por etapas desechadas de cohetes y que es bastante fácil que se pierdan para los observadores. “Existen tantos factores en el espacio, como factores gravitatorios y otros que afectan al movimiento que a veces estos objetos resultan impredecibles. Es asombroso el número de ellos que se han perdido”, comenta.

El objeto fue captado por la Tierra en octubre y tendrá su acercamiento más próximo a la Tierra el 1 de diciembre, a una distancia de 31,000 millas de nuestro planeta. Es en ese entonces cuando los expertos podrán echarle un vistazo más cercano.

Lo que es seguro es que serán muchos los observatorios que quieran obtener datos sobre 2020 SO, para verificar su origen artificial y tratar de conocer cómo le ha afectado su estancia de medio siglo en el espacio exterior, aunque a efectos astronómicos dejaría de considerarse miniluna. Si resulta ser un asteroide, será toda una sorpresa, todavía más interesante.

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