Agencias/Ciudad de México.- La legendaria actriz francesa Brigitte Bardot, icono del cine, defensora de la causa animal y conocida por sus comentarios polémicos, murió a los 91 años, tras décadas alejada del estrellato, anunció este domingo la fundación que lleva su nombre.
“La Fundación Brigitte Bardot anuncia con inmensa tristeza el fallecimiento de su fundadora y presidenta, la señora Brigitte Bardot, actriz y cantante mundialmente reconocida, que decidió abandonar su prestigiosa carrera para dedicar su vida y su energía a la defensa de los animales y a su Fundación”, indicó un comunicado remitido a la AFP, sin precisar el día ni el lugar del fallecimiento.
⚫️La Fondation Brigitte Bardot annonce avec une immense tristesse, le décès de sa Fondatrice et Présidente, Madame Brigitte Bardot, actrice et chanteuse mondialement reconnue, qui a choisi d’abandonner sa carrière prestigieuse pour dédier sa vie et son énergie à la défense des… pic.twitter.com/OgKo2cYOF0
— Fondation Brigitte Bardot (@FBB_Officiel) December 28, 2025
La protagonista de “Y Dios creó a la mujer” y “El desprecio” rodó medio centenar de películas, impuso un estilo de vestir simple y sensual, y forjó la leyenda de Saint-Tropez, en Francia, y de Buzios, en Brasil.
A mediados de los 1970, decidió abandonar el cine y dedicarse a otro combate, el de la defensa de los animales. En 1986, creó la Fundación Brigitte Bardot con ese propósito.
En los últimos años, causó controversia con sus declaraciones sobre política, migración o el mundo de la caza. Algunas le valieron condenas por difamación.
“La libertad es ser uno mismo, incluso cuando incomoda”, escribió en el epílogo de un libro titulado “Mon BBcédaire”, publicado en Francia en octubre.

En el libro también aseguraba que su país se ha vuelto “sombrío, triste, sumiso, enfermo, dañado, arrasado, ordinario, vulgar…”.
La derecha es el “único remedio urgentísimo para la agonía” de Francia, añadía la artista, quien reivindicó su cercanía a la ultraderechista Marine Le Pen.
Bardot vivía en los últimos años en el sur de Francia, entre su famosa residencia de “La Madrague” y una segunda casa escondida en la vegetación, “La Garrigue”, que alberga animales y una capilla privada.
En una entrevista el pasado mes de mayo a la cadena francesa BFMTV, confesó que anhelaba “la paz, la naturaleza”.
“Ahora vivo como una granjera con mis ovejas, mis cabras, mis cerdos, mi burrito y mi poni, todos mis perros, mis gatos”, declaró la actriz, que dijo no tener “ni móvil ni ordenador”.
Antes de que se hablara de sus posiciones políticas o sociales, B.B., por sus iniciales, era simplemente un mito: la de una mujer liberada de la moral, de la forma de vestir, del amor, de los códigos sexuales.
“Brigitte Bardot, Bardot/Brigitte besó, besó/y dentro del cine/todo el mundo enloqueció” cantaba el brasileño Jorge Veiga en los años 1960, una composición a ritmo de samba testigo de la fascinación planetaria por esta mujer de mirada insolente.
Era una mujer que “no necesita a nadie”, como ella misma cantaba en el título compuesto por Serge Gainsbourg en 1967.
Muchos consideraron a Bardot como una Marilyn Monroe “à la française”, también rubia y de una belleza impresionante, perseguida por los paparazzi día y noche, y con una tumultuosa vida privada.
Ambas se habían conocido en 1956, cuando la joven francesa empezaba en el mundo del cine.
Pero la intérprete de “¡Viva María!” no quiso seguir la estela de Monroe.
A mediados de los años 1970, antes de cumplir 40, y tras medio centenar de películas, tomó la decisión fulminante de abandonar el mundo del celuloide.
Dos escenas habían ya pasado a la historia del cine: un mambo febril (e improvisado) en un restaurante de Saint-Tropez (“Y Dios creó a la mujer”) y un monólogo, pronunciado desnuda, donde enumera las partes de su anatomía (“El desprecio”).
Nada predestinaba a la joven Brigitte a esa fama: nacida en el seno de una familia burguesa en 1934, era una apasionada de la danza y probó suerte en el modelaje.
Se casó con su primer amor, Roger Vadim, quien le confió el papel de Juliette en “Y Dios creó a la mujer”, con la que se inició la leyenda de sex symbol.
Tras el éxito del filme, Bardot no paró de rodar, desatando pasiones.
En 1960, en el apogeo de su gloria, dio a luz a un niño, Nicolas, su único hijo, bajo la mirada inquisitiva de la prensa.
Una experiencia traumática. Bardot dijo que le faltaba instinto maternal y dejó la crianza del niño en manos de su nuevo esposo, Jacques Charrier.
Después de Vadim y Charrier, se casó con el playboy y millonario alemán Gunter Sachs y luego con el industrial Bernard d’Ormale, cercano al Frente Nacional (ultraderecha).
Cabra y crías de foca
Entró entonces en escena otra Brigitte Bardot, dedicada a la causa animal.
El momento clave se produjo durante el rodaje de la que fue su última película, “L’histoire très bonne et très joyeuse de Colinot Trousse-Chemise”, en 1973.
En el rodaje había una cabra, y para evitar que acabara transformada en plato de comida, Bardot la compró y la instaló en su habitación de hotel.
Rápidamente, se convirtió en defensora de animales salvajes y domésticos.
Hizo campaña contra la tauromaquia, popular en el sur de Francia, contra la caza de elefantes, exigió que los franceses cesaran de comer carne de caballo.
En 1977, para alertar sobre la caza cruel de las crías de foca, viajó a Terranova. La campaña casi acabó en desastre y la experiencia le dejó un amargo recuerdo.
En esa época, pasaba su tiempo entre su casa de “La Madrague”, en Saint-Tropez, y otra residencia más discreta, “La Garrigue”, también en el sur, donde se dedicaba a recoger animales en peligro y gestionaba su fundación, creada en 1986.
En una entrevista en mayo a la cadena francesa BFMTV, confesó que anhelaba “la paz, la naturaleza”, y que vivía como “una granjera” con sus animales, y sin “móvil ni ordenador”.

















