Agencias/ Ciudad de México.- Shanghái avanzó con cautela en sus planes para restablecer parte de su red de transportes, un paso importante para salir de un confinamiento por el COVID-19 que ha durado semanas, mientras Pekín mantenía sus defensas ante un brote que ha persistido durante un mes.

La cuarentena en Shanghái desde principios de abril ha supuesto un duro golpe económico para la ciudad más poblada de China y ha suscitado un debate sobre la sostenibilidad de la política nacional de cero COVID.

A diferencia del centro financiero, Pekín se ha abstenido de imponer un confinamiento en toda la ciudad, pero sólo con docenas de nuevos casos al día frente a las decenas de miles de Shanghái en su punto álgido.

Aun así, los controles y las interminables pruebas masivas impuestas en la capital china han desestabilizado su economía y trastornado la vida normal.

Mientras Pekín seguía sumida en la angustia por el COVID, los trabajadores de Shanghái desinfectaban las estaciones de metro y los trenes antes de la reapertura prevista de cuatro líneas de metro.

Aunque el servicio tendrá un horario limitado, permitirá a los residentes desplazarse entre los distritos y satisfacer la necesidad de conexión con las estaciones de tren y uno de los dos aeropuertos de la ciudad. También se reabrirán más de 200 líneas de autobús.

Subrayando el nivel de precaución, las autoridades de Shanghái dijeron que los viajeros serán examinados para detectar temperaturas corporales anormalmente altas y tendrán que mostrar resultados negativos en pruebas de PCR realizadas en un plazo de 48 horas.

Las autoridades sanitarias municipales informaron de que en Shanghái se detectaron 868 nuevos casos locales el viernes, frente a los 858 del día anterior, lo que está muy lejos del pico de casos diarios del mes pasado.

No se encontraron nuevos casos fuera de las zonas en cuarentena, frente a los tres del día anterior, añadieron las autoridades sanitarias.

La ciudad de 25 millones de habitantes ha reabierto gradualmente los centros comerciales, las tiendas de conveniencia y los mercados mayoristas y ha permitido que más personas salgan de sus casas.

Política “cero covid” en China se convierte en desventaja para Xi Jinping

A diferencia de un occidente casi paralizado por la epidemia en los últimos dos años, China ya había reanudado una vida casi normal desde la primavera de 2020.

Desde entonces, la política sanitaria ha sido elogiada en China como un símbolo del liderazgo de Xi Jinping y de la superioridad del sistema chino sobre las democracias liberales.

Ferviente defensor del “cero Covid”, el dirigente de 68 años debería obtener a finales de 2022 un tercer mandato al frente del Partido Comunista (PCC).

Pero la actual ola de la variante ómicron en China pone de manifiesto los aspectos negativos de esta política sanitaria, y desacredita la imagen del presidente.

Cientos de personas murieron por el coronavirus en las últimas semanas en Shangái, donde la población, confinada desde hace casi dos meses, está al límite.

La economía comienza a tambalear debido a los confinamientos impuestos en todo el país, que impiden a muchos chinos viajar, consumir e incluso trabajar.

Sin olvidar la interrupción de las cadenas de suministro.

China admitió su peor desempeño económico en dos años, con un consumo bajo y un desempleo cercano al récord. No flexibilizar “el +cero covid+ corre el riesgo de hacer aparecer la estrategia china como terca, nada creativa y poco juiciosa”, declara a AFP Vivienne Shue, profesora de la universidad de Oxford.

Pero Xi Jinping llamó a continuar esta política de manera “indefectible”, afirmando querer poner la vida de sus compatriotas por encima de las consideraciones económicas.

El año 2022 es crucial para él. En el 20º Congreso del PCCh, que se celebrará en otoño, los principales dirigentes deberían concederle, salvo gran sorpresa, un tercer mandato de cinco años como secretario general.

Mientras tanto, para intentar salvar la economía, su primer ministro Li Keqiang apeló esta semana a un “sentido de urgencia” en las colectividades locales para lanzar medidas de apoyo.

Sin embargo, a nivel social, los políticos locales tienen poco margen de maniobra.

El presidente, que ya es el líder chino más poderoso en décadas, está tan asociado con el “cero covid” que no tiene otra opción que aplicar con celo esta estrategia, según los expertos.

“Cuestionar esta política significaría cuestionarlo a él”, estima Alfred Wu, profesor especialista de China en la universidad Nacional de Singapur.

“Es difícil saber si las élites del Partido Comunista tienen otras opiniones” que Xi Jinping sobre la situación sanitaria, comenta Joseph Torigian, especialista en regímenes autoritarios en la universidad estadounidense de Washington.

De todos modos, “la política china no es un concurso de popularidad”, criterio que no es determinante para acceder al poder, subraya.

A pocos meses del Congreso del PCCh, renunciar a la política +cero covid+ sería un riesgo considerable para Xi Jinping, según el grupo estadounidense SinoInsider. “Hoy más que nunca, sería un suicidio político”, afirma.

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