Agencias, Ciudad de México.- En el momento que Giovanni Di Lorenzo se convirtió en el primer jugador del Napoli que alzaba el trofeo de la Serie A desde Diego Maradona, el estadio que lleva el nombre del mito argentino rugió de felicidad.

En la última pretemporada, cuando el entrenador Luciano Spalletti pergeñaba el equipo campeón, debió tomar una decisión; Kalidou Koulibaly, la roca de la defensa, se iba a Chelsea, de Inglaterra, y dejaba vacante la capitanía. El DT eligió a Di Lorenzo, un líder de perfil subterráneo que no se caracteriza por gambetas (como sí Lorenzo Insigne en su momento), ni por goles (como sí Gonzalo Higuaín y Edinson Cavani hace tiempo) ni por seguridad defensiva (como Ciro Ferrara y el propio Koulibaly). El futbolista de 29 años es pura voluntad. Y vivirá un acontecimiento único: levantar un trofeo de la liga italiana ante miles de hinchas napolitanos. Como su ídolo, Diego Armando Maradona.

“Traer un título tan prestigioso a Nápoles no sucede todos los días”, dijo Di Lorenzo, citado por La Gazzetta dello Sport. Y agregó: “Por supuesto, también queríamos seguir en la Champions. Jugamos de igual a igual con Milan; sentimos que nos eliminara así, pero salimos con la frente en alto. Después de ese partido, inmediatamente comenzamos a prepararnos para un regreso en la liga. Los grandes equipos piensan así, miran lo que tienen que hacer y no lo que ha pasado. Hemos demostrado que somos un gran equipo. Se siente un poco raro ser el capitán del Napoli que levantará el trofeo después de Maradona. Será increíble. Como todos mis compañeros, estoy disfrutando de estas satisfacciones después de un viaje positivo”.

El viaje, en realidad, fue largo y sinuoso. Di Lorenzo se formó en el semillero de Reggina, pero no como defensor, sino como atacante. Los compañeros le decían “Batigol”, porque se alegraba cada vez que convertía. “De chico, ésa era la felicidad más grande”, dijo alguna vez Di Lorenzo. ¿Y cómo fue que terminó en la última línea? De casualidad. Lo contó el propio futbolista, campeón de Europa por Italia. “Por necesidad… En realidad, por urgencia: en un torneo, cuando yo era chico, como no había defensores, me pusieron de central. Unos años más tarde, me trasladaron al lateral y así descubrí mi verdadera vocación”, recordó el capitán napolitano en una entrevista con la revista Undici.

Hay que hacer un flashback. Antes de ese pasaje al lateral derecho que le cambiaría –para bien– la carrera, Di Lorenzo la pasó mal. Muy mal. Reggina, el club que lo había formado, quebró y él quedó desocupado. Ya no era un juvenil. Tenía 22 años y precisaba jugar para mostrarse. Necesitaba un club, aunque fuera semiprofesional. Estuvo un mes sin trabajo; sin ingresos. Hasta que llegó una oferta de la Serie C. Pasó al club Matera, en el que coincidió con Pasquale Padalino, ex defensor central de Fiorentina, entre otros equipos, quien unos años antes había iniciado su carrera como director técnico. Fue él quien en un entrenamiento decidió cambiarle la posición a Di Lorenzo. Adiós a la zaga central; bienvenido el lateral derecho.

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Padalino relanzó a Di Lorenzo, que jugó tres temporadas en Matera (64 partidos, cuatro goles). Lo contrató Empoli, de la Serie B, y Giovanni ya no volvió a habitar las bases de la pirámide del fútbol italiano. Fue siempre en ascenso. En dos temporadas coleccionó 74 presencias y seis tantos. Y Napoli lo llamó en 2019. El defensor se transformó en un futbolista omnipresente. Desde entonces, lleva 178 partidos y 12 goles. Para Di Lorenzo, Napoli es tocar el cielo. Y la suya, una historia de resiliencia.

“No cambiaría nada. Todo lo que hice me convirtió en la persona y el futbolista que soy”, afirmó Il Capitano en la revista Undici. Y añadió: “Mi mayor fortaleza ha sido la capacidad de nunca rendirme. Y ahora juego en un gran equipo que compite por copas de Europa y también en Italia. Escucho el himno nacional y el de la Champions League antes de los partidos: son cosas que uno sueña de chico y que me afectan mucho por todo lo que hice para llegar hasta acá. Son emociones fuertes, y estoy disfrutando todas”.

Di Lorenzo es feliz por su presente deportivo, y también por su corazón. Afincado en Nápoles con su mujer, Clarissa Franchi, vio nacer en 2020 a su primera hija, Azzurra (después de todo, ese color lo identifica futbolísticamente). En febrero de este año, y mediante una publicación en Instagram, saludó la llegada de su segunda hija, Carolina. Juega a la PlayStation (prefiere los tiros y las armas futuristas del Call Of Duty que el FIFA), idolatra a Roger Federer y se cuida todo lo que puede en la alimentación. Una nota de La Gazzetta dello Sport cita palabras de su representante, Mario Giuffredi: “Giovanni come poco y bien. Lo hace siempre de manera regulada, sin exagerar. Lleva una vida muy sana”.

El Napoli sentenció su primer título de la liga italiana en 33 años con cinco fechas de anticipación, pero debió esperar al último día de la temporada para recibir el trofeo ante su afición en el Stadio Diego Armando Maradona.

Los jugadores bailaron eufóricos al tomar sus turnos para alzar el scudetto, al compás de la canción “We Are The Champions”.

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El capitán Di Lorenzo se encargó de marcar el compás para que todos en el estadio empezaran a cantar: “Nosotros, nosotros somos los campeones de Italia”.

Los festejos prosiguieron dos horas más tras la entrega del trofeo. Al inicio de la fiesta se rindió un tributo a Maradona, con la hinchada gritando “¡Diego! ¡Diego!”

Napoli bajó el telón a una memorable temporada, imponiéndose 2-0 ante una Sampdoria que de antemano estaba condenada al descenso.

Victor Osimhen encaminó el triunfo del Napoli con un gol de penal a los 64 minutos. Fue el 26to tanto de la temporada para el internacional nigeriano, el primer jugador africano que se consagra como máximo goleador de la Serie A.

El argentino Giovanni Simeone aumentó a los 85. Lo celebró alzando un camiseta estampada con el número 10 y que Maradona lucio en un partido.

Luciano Spalletti, quien a inicios de la semana, anunció que no seguirá al mando del equipo, recibió el trofeo al técnico del año antes del saque inicial. El extremo Khvicha Kvaratskhelia recibió el premio al mejor jugador de la temporada.

Kim Min-jae y Osimhen también recibieron los trofeos al mejor zaguero y delantero, respectivamente.

Los jugadores también festejaron con sus hijos. El de Osimhen llevaba una pequeña máscara, similar a la que su padre usa durante los partidos.

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