Agencias/Ciudad de México.- El Carnaval siempre da vida a la economía de Vila Vintem, una favela en el lado oeste de Río de Janeiro, pero este año el pulso es aún más fuerte después de que su escuela de samba, Unidos de Padre Miguel, regresó a la liga principal de desfiles de samba por primera vez en casi 60 años.

Como una de las 12 escuelas de samba de primer nivel de Río de Janeiro, Unidos de Padre Miguel tendrá su oportunidad de alcanzar la fama, y quizá incluso la gloria, mientras genera más dinero para su comunidad.

Para el desfile de 80 minutos de este año en el que sus integrantes se dividieron en 28 grupos con disfraces diferentes, Unidos de Padre Miguel decidió contar la historia de Iyá Nassô, la ‘mae de santo’ (sacerdotisa) de Benin traída como esclava a Brasil y que fundó el primer templo de candomblé en el país.

Se trata de la Casa Branca do Engenho Velho, también conocida como Ilê Axé Iyá Nassô Oká, un ‘terreiro’ (templo) fundado hace 200 años en Salvador, la capital de Bahía (nordeste), el estado con mayor número de descendientes africanos en Brasil.

El año pasado, mientras competía en la segunda división, Padre Miguel recibió alrededor de 900,000 reales (150,000 dólares) de la Alcaldía, pero no obtuvo las lucrativas ofertas de patrocinio y los ingresos por derechos de televisión, fiestas previas al Carnaval y ventas de entradas de las que disfrutan las escuelas de samba de élite. Pero su victoria en el Carnaval del año pasado le aseguró un lugar en el evento principal que comienza por la noche.

Este cambio ha hecho que el presupuesto de Padre Miguel para este año se dispare más de diez veces, alcanzando aproximadamente 11 millones de reales (2 millones de dólares), incluidos casi 2 millones de reales por parte de la ciudad, según el vicepresidente de la escuela de samba, doctor Willie Baracho.

La escuela ya ha invertido una buena parte en la comunidad, financiando a costureras, carpinteros y soldadores locales para los preparativos del desfile.

Con un samba detallando esta historia y mucha música, baile y disfraces y alegorías coloridos, Unidos de Padre Miguel destacó la resistencia de los cultos africanos en Brasil a partir de un templo protegido por el orixá (dios) Xangô.

Vila Vintem ya disfruta de los beneficios. Varios de los residentes de la favela que solían estar desempleados contaron a The Associated Press que han comprado celulares y electrodomésticos.

La nueva sede de Padre Miguel, la cual está cerca de completarse, reubicará los ensayos y otras actividades comunitarias desde un espacio similar a un hangar que sirvió como un centro vital para la comunidad durante la pandemia de COVID-19.

“Nuestra escuela de samba tiene proyectos, ayuda a la gente, distribuye comida, organiza fiestas para nuestros niños”, dijo Luana Borges, de 42 años, mientras ajustaba detalles en varios trajes, algunos con los colores tradicionales rojo y blanco de la escuela.

“Cuando llega el Carnaval, ofrece oportunidades a personas como yo”, comentó Borges, quien solía estar desempleada.

Casi todas las escuelas de samba se encuentran en barrios de clase trabajadora alrededor de la región metropolitana de Río de Janeiro y compiten entre sí en los legendarios terrenos del Sambódromo. Las favelas de Río suelen asociarse con barrios densamente poblados ubicados en las colinas, pero también presentan otras geografías. Vila Vintem, con 14,000 residentes, surgió hace casi un siglo en tierras planas junto a una vía férrea en construcción.

Cuando se asentaron por primera vez, se decía que la zona pantanosa no valía ni un “vintem”, la moneda más barata de la época, similar a un centavo. Pasaron décadas antes de que tuvieran servicios básicos, a veces sólo después de que los residentes acordaran hacer el trabajo ellos mismos.

A pesar de su nueva bonanza del Carnaval, Padre Miguel no es el favorito financiero

Baracho dijo que sus rivales más populares no dependen tanto del dinero de la ciudad y pueden generar hasta 18 millones de reales (3 millones de dólares) una vez que se toman en cuenta patrocinios corporativos, la venta de mercancías, las codiciadas posiciones en el desfile y los cargos de entrada para sus fiestas previas al Carnaval.

Mientras Padre Miguel emplea a casi todos los locales, Baracho comentó que las escuelas de samba más ricas pueden gastar más de un millón de reales, por ejemplo, en entrenadores y bailarines, cuya actuación es una de las categorías que los jueces evalúan.

“Para algunos, el cielo es el límite, pero nosotros luchamos”, dijo Baracho. “Logramos ascender porque invertimos en nuestra gente, trabajamos duro para fomentar nuestra propia creatividad”.

Padre Miguel fue la primera escuela de samba en desfilar por la noche. Su procesión contó la historia de Iyá Nassô, la fundadora del primer espacio en Brasil para rituales de la fe afrobrasileña Candomblé.

Los expertos dicen que el mejor camino para que escuelas de samba como Padre Miguel mantengan su impacto en la comunidad es enfocarse en evitar el descenso, en lugar de perseguir el gran premio del Carnaval, que equivale al 20% de los ingresos de las entradas vendidas para el Desfile de Campeones, el cual se lleva a cabo el fin de semana siguiente.

“Hay pocas posibilidades de que una escuela de samba gane el título viniendo de la segunda división”, dijo Fátima Costa de Lima, investigadora del Carnaval y profesora de artes escénicas en la Universidad Estatal de Santa Catarina. “Ha sucedido antes, pero es raro. El objetivo principal para una escuela de samba como (Padre Miguel) es mantenerse”.

Ingrid Lima Leal ha trabajado para Padre Miguel durante 15 años y ha desfilado con la escuela durante incluso más tiempo. La mujer de 66 años dice que crear empleos en Vila Vintem y estar en el famoso desfile vale cada centavo. Ella quiere más el próximo año, con suerte aún en la división superior.

Mientras cose un traje blanco en su taller casero, Leal expresó la “increíble emoción” de desfilar vistiendo algo que ayudó a crear.

“El Carnaval trae muchos empleos. No sólo aquí, sino en todas partes”, dijo.

La musa del Carnaval de Brasil de este año no es una de las divas o reinas de los tambores que desfilan con las escuelas de samba de Río de Janeiro. Es Fernanda Torres, quien compite por el Premio Oscar en la categoría de Mejor Actriz.

Los Premios Oscar se entregan en pleno Carnaval, la celebración más grande de Brasil, que se extiende hasta una semana después. Durante los cinco días de festividades, el resto del mundo suele pasar a un segundo plano mientras los brasileños se desatan y se entregan a disfrutar.

No este año. Y el enfoque entusiasta puesto en los Oscar habla del orgullo de Brasil por su cultura y su deseo de ser reconocido en el escenario mundial.

“Sólo imagina que ella gane el Oscar de Carnaval. Sería una celebración doble”, dijo Clarissa Salles, de 33 años, a The Associated Press, mientras compraba una réplica de la estatuilla del Oscar en Sao Paulo para su vestuario.

Torres está nominada por su actuación como la protagonista de “I’m Still Here” (“Ainda Estou Aqui ”, título original), la película dirigida por Walter Salles, la cual también está nominada en las categorías de Mejor Película y Mejor Película Internacional. El entusiasmo por los premios ha llevado a TV Globo —la cadena más grande de Brasil— a reanudar la cobertura en vivo de la ceremonia después de una pausa de cinco años. Renunciará a la transmisión nacional de los desfiles de Carnaval, de alta audiencia, y en su lugar transmitirá los Oscar en todas partes excepto en Río.

Los bares y clubes nocturnos en todo Brasil han organizado fiestas para ver la premiación, e incluso se mostrarán los resultados en una pantalla gigante a las decenas de miles de espectadores reunidos en el Sambódromo de Río para los desfiles.

En lugares tan lejanos como el Amazonas, una comunidad indígena en la aldea Inhaa-be promovió una proyección de la película. Con cantos y bailes descalzos, el grupo formado principalmente por mujeres realizó su ritual de guerra seguido de su ritual de victoria.

“Bailamos alrededor de la gente, posicionando nuestros pensamientos y emociones de manera que esta energía pueda llegar a donde necesita ir, que es a Fernanda Torres”, dijo la chamana A-yá Kukamíria.

En cierto momento, avivó el humo sobre un cartel que mostraba la estatuilla dorada y las palabras: “¡El Oscar es nuestro!”.

Máscaras con el rostro de Torres, además de camisetas y gorras con su reacción a su nominación al Globo de Oro —“¡La vida vale la pena!”— están por todas partes. La frase apareció en una pancarta en Cordao do Boitata, una de las verbenas más tradicionales de Río.

Incluso ha inspirado fiestas callejeras enteras de Carnaval que le rinden homenaje. Los verbeneros en Río llevaban una pancarta que decía “Imitadores de Fernanda Torres”, e iban disfrazados como algunos de sus personajes de televisión más queridos.

“Eso es lo máximo de la fama en Brasil: convertirte en un disfraz de Carnaval”, dijo Torres el 10 de febrero en el Festival de Cine de Santa Bárbara. “Me veo mucho en las calles. Estoy orgullosa”.

El samba interpretado narra el difícil viaje de un grupo de esclavos traído de Oyó, incluyendo a Iyá Nassô, que sobrevivió a las dificultades de las tempestades marinas gracias a que la “sangre del negro es más fuerte que la travesía”.

En las carrozas alegóricas que Unidos de Padre Miguel presentó en el Sambódromo destacaron los tronos para los diferentes orixás de las religiones afrobrasileñas, así como los “navíos negreros” que trajeron los esclavos a Brasil, cuya población actualmente es mayoritariamente de descendientes de africanos.

La locura por Torres es “un sentimiento, un movimiento”, y una victoria en los Oscar sería como si la selección nacional de fútbol levantara un trofeo de la Copa Mundial, dijo la escritora feminista Milly Lacombe, quien escribe sobre deportes y cultura.

“Fracturados por las divisiones políticas, los brasileños estaban sedientos de algo que pudiera unirlos”, agregó Lacombe. “No sabíamos de dónde llegaría. Y provino de un lugar muy inesperado: la industria cinematográfica brasileña”.

Desde su estreno en el país en noviembre, “I’m Still Here” ha atraído a más de 5 millones de brasileños a los cines. La semana pasada, la película seguía en la cumbre de la taquilla brasileña, superada sólo por la más reciente “Captain America” de Marvel.

El filme ha ganado aplausos y premios en el extranjero, mientras que, en casa, provocó una reflexión muy necesaria sobre el trauma y el legado de la dictadura militar que gobernó Brasil durante más de dos décadas.

Torres interpreta a Eunice Paiva, la matriarca de una familia de clase alta de Río destrozada por la dictadura. En 1971, su esposo, Rubens Paiva, un excongresista de izquierda, fue detenido por los militares y nunca más se lo volvió a ver. Basada en un libro de su hijo, Marcelo Rubens Paiva, la historia sigue la lucha de Eunice por la justicia a lo largo de toda su vida, en busca de que el gobierno admita que su esposo murió.

Torres, de 59 años, ganó reconocimiento nacional por primera vez cuando era una adolescente que actuaba en telenovelas. A los 19, se convirtió en la primera brasileña en ganar el premio a Mejor Actriz en Cannes por “Eu Sei que Vou Te Amar” (titulada en inglés “Love Me Forever or Never”). Su éxito continuó en el teatro y el cine mientras consolidaba su fama en comedias como “Os Normais” (Gente normal) y “Tapas e Beijos” (Bofetadas y besos).

Su actuación dramática en “I’m Still Here” ha cambiado la percepción pública, y sorprendió a muchos con su interpretación profunda y contenida, en la que mantiene su dolor, angustia y desesperación a flor de piel. El éxito de la película —y su victoria en los Globos de Oro— también hizo que se disparara la audiencia de sus comedias anteriores en la plataforma de streaming de TV Globo, según la cadena. Y las escenas de Torres en esos programas se han reutilizado para innumerables memes virales previos a los Oscar.

Para entender por qué las posibilidades de Torres de ganar el Oscar han encendido el entusiasmo en Brasil, primero hay que fijarse en su madre, Fernanda Montenegro, de 95 años, quien interpreta a una Eunice Paiva ya mayor en las escenas finales de la película. Montenegro es una leyenda de la actuación nacional —la Meryl Streep brasileña— quien fue nominada al Oscar a Mejor Actriz por “Estación Central”, en 1999. Sin embargo, el premio lo recibió Gwyneth Paltrow por “Shakespeare In Love” —y desde entonces muchos brasileños tienen la creencia de que a Montenegro se lo robaron.

“Como primogénita de la llamada a regañadientes ‘Gran dama del teatro brasileño’ —Fernanda Montenegro—, parecía que Fernanda Torres tenía pocas opciones profesionales. Sorprendentemente, forjó su propio camino”, dijo el periodista Pedro Bial, presentador de un prestigioso programa nocturno de TV Globo, quien estuvo casado con Torres en la década de 1980.

“‘I’m Still Here’ es su papel cinematográfico más significativo y sorprendió a algunos de sus fans, quienes estaban acostumbrados a su estilo cómico”, agregó Bial. “Los brasileños ahora esperan que el Oscar traiga una dulce justicia, 25 años después de la desgarradora derrota de su madre”.

Ningún brasileño ha ganado jamás el Oscar al Mejor Actor o Mejor Actriz. Hasta cierto punto, el reconocimiento internacional de Torres juega con el deseo de algunos brasileños de que su grandeza sea validada en el extranjero, según Lacombe, el escritor de cultura. Es un sentimiento que ha surgido de vez en cuando en el fútbol —con Pelé— o en las carreras de Fórmula Uno —con Ayrton Senna.

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