Agencias/Ciudad de México.- El fallecimiento de un papa pone en marcha una serie de rituales cuidadosamente orquestados antes de que comience el cónclave para elegir a su sucesor. Implican la certificación de la muerte y la exhibición pública de su cuerpo ante los fieles, seguida del funeral y el entierro.
El papa Francisco revisó varios ritos en 2024, simplificando los rituales funerarios para enfatizar su papel como simple obispo y permitiendo el entierro fuera del Vaticano de acuerdo con sus deseos. Sin embargo, los elementos centrales permanecen, incluidos los tres momentos clave que deben ser observados entre la muerte de un papa y su inhumación.
Las reformas están incorporadas en el delgado volumen rojo “Ordo Exsequiarum Romani Pontificis”, que en latín significa “Rito de entierro de los pontífices romanos”.
Si bien es común que los papas modifiquen las reglas que regulan el cónclave que elige a su sucesor, no se había llevado a cabo una revisión de los ritos funerarios papales desde el año 2000.
Los cambios fueron necesarios después de que Francisco expresara sus propios deseos y el papa emérito Benedicto XVI muriera el 31 de diciembre de 2022. En su caso tuvo que planearse un funeral distinto, pues fue el primer papa en retirarse en 600 años.
Unos meses más tarde, Francisco reveló que estaba trabajando con el maestro de ceremonias litúrgicas del Vaticano, el arzobispo Diego Ravelli, para revisar todo el libro de ritos y simplificarlos.
Al explicar las reformas, Ravelli dijo que los cambios apuntaban a “enfatizar aún más que el funeral del pontífice romano, es el de un pastor y discípulo de Cristo, y no el de un hombre poderoso”.
Las tres estaciones o momentos principales ocurren primero en su casa, luego en la Basílica de San Pedro y posteriormente en su lugar de entierro.
La reforma permite que la confirmación formal de la muerte se produzca en la capilla personal del papa en lugar de en su dormitorio. No está claro por qué, pero el cambio podría ser más práctico que otra cosa, ya que Francisco eligió vivir en una pequeña suite del hotel Santa Marta del Vaticano en vez del Palacio Apostólico. Tiene una capilla personal en Santa Marta.
Tras la muerte de un pontífice, el jefe del servicio de salud del Vaticano examina el cuerpo, determina la causa y redacta un informe. El cuerpo es vestido de blanco.
El cuerpo reposa en la capilla personal del papa para el pronunciamiento ritual de la muerte, que es presidido por el camarlengo. Éste es el funcionario del Vaticano que dirige la administración de la Santa Sede entre el fallecimiento o renuncia de un pontífice y la elección de otro. El camarlengo actual es el cardenal estadounidense Kevin Farrell, uno de los ayudantes más confiables de Francisco.
A diferencia del pasado, el rito ya no requiere que el cuerpo sea colocado en tres ataúdes hechos de ciprés, plomo y roble. Ahora se dispone en un ataúd de madera con uno de zinc en su interior. El papa lleva vestimentas litúrgicas rojas, su mitra (el tocado tradicional de los obispos) y el palio, una especie de estola. Cerca se encuentra el cirio pascual, que se utiliza en Semana Santa.
El camarlengo redacta la declaración formal de defunción, adjuntando el certificado que había elaborado el jefe del servicio de salud.
El maestro de celebraciones litúrgicas, Ravelli, decide cuándo otros fieles pueden presentar sus respetos antes de que el ataúd sea trasladado a la Basílica de San Pedro para su visualización pública.
Ahí se canta la Letanía de los Santos. El camarlengo encabeza la procesión.
En otra modificación, el cuerpo del papa ya no se coloca sobre un féretro elevado. Más bien, el ataúd de madera simplificado se pone frente a los bancos, con el cirio pascual cerca.
La noche anterior al funeral, el camarlengo preside el cierre y sellado del ataúd en presencia de otros cardenales de alto rango. Se coloca un paño blanco sobre el rostro del papa.
En el ataúd se coloca una bolsa que contiene monedas acuñadas durante su papado junto con un relato escrito del mismo periodo, conocido en italiano como “rogito”, una palabra que indica un acto oficial. Es leído en voz alta por el maestro de ceremonias litúrgicas y luego enrollado y deslizado dentro de un tubo cilíndrico que se coloca dentro del ataúd. Otra copia se conserva en los archivos del Vaticano. Las tapas del ataúd de zinc y el de madera llevan una cruz y el escudo papal.
La insignia de armas de Francisco, que conservó de cuando era obispo, muestra un escudo y el monograma de su orden jesuita con las palabras en latín “Miserando atque eligendo”, que significa “Habiendo tenido misericordia, lo llamó”. Proviene de un episodio del Evangelio en el que Cristo elige a una persona aparentemente indigna para que lo siga.
El funeral es presidido por el decano del Colegio Cardenalicio o, si esto no es posible, por el vicedecano u otro cardenal mayor. El decano actual es el cardenal italiano Giovanni Battista Re, de 91 años. El vicedecano es el cardenal argentino Leonardo Sandri, de 81 años. A principios de este año, Francisco extendió ambos mandatos de cinco años en lugar de nombrar nuevos.
La reforma de Francisco permite el entierro fuera del Vaticano bajo la presidencia del camarlengo. Se imprimen varios sellos en el ataúd y se coloca dentro de la tumba.
Francisco ha dicho que no quiere ser enterrado en la Basílica de San Pedro o sus grutas, donde están la mayoría de los papas, sino en la Basílica de Santa María la Mayor, al otro lado de la ciudad. Su elección refleja su veneración por un icono de la Virgen María que se encuentra allí, la Salus Populi Romani (Salvación del pueblo de Roma).
Después de cada viaje al extranjero, Francisco iba a la basílica para orar ante la pintura de estilo bizantino que presenta una imagen de María envuelta en una túnica azul, sosteniendo al niño Jesús, quien a su vez lleva un libro dorado con joyas.
“Es mi gran devoción”, dijo Francisco a N+, de México, al revelar sus futuros planes de entierro. “El lugar ya está preparado”.
Con la sepultura, la Iglesia católica inicia nueve días de luto oficial, conocidos como los “novendiales” y luego comienza el cónclave.
En el Vaticano hay un dicho popular que dice lo siguiente: “entras a un cónclave como papa, sales como cardenal”.
La frase implica que el proceso sagrado y secreto para elegir a un papa —el vicario de Cristo en la Tierra— no es un concurso de popularidad, sino una elección de inspiración divina encabezada por los príncipes de la Iglesia.
Aun así, siempre hay favoritos —conocidos como “papables”— que acuden a un cónclave con al menos algunas de las cualidades necesarias para ser papa.
Cualquier varón católico bautizado es elegible, aunque se han seleccionado únicamente cardenales desde 1378. El ganador debe recibir al menos dos tercios de los votos de aquellos cardenales menores de 80 años y, por lo tanto, elegibles para participar. El papa Francisco nombró a la gran mayoría de los electores actuales, a menudo escogiendo a hombres que comparten sus prioridades pastorales, lo que sugiere continuidad más que ruptura.
Cualquiera que intente obstaculizar el resultado debe recordar que Jorge Mario Bergoglio fue considerado demasiado mayor para ser elegido papa en 2013, cuando tenía 76 años, y que Karol Wojtyla no estaba en ninguna lista de favoritos para el cónclave de 1978, que lo eligió papa Juan Pablo II. Algunos posibles candidatos para suceder a Francisco:
Cardenal Peter Erdo
Nacido en Hungría el 25 de junio de 1952, el arzobispo de Budapest y primado húngaro fue elegido dos veces jefe del Consejo de Conferencias Episcopales Europeas, en 2005 y 2011, lo que sugiere que disfruta de la estima de los cardenales europeos que constituyen el mayor bloque de electores.
En esa posición, Erdo conoció a muchos cardenales africanos porque el consejo organiza sesiones periódicas con las conferencias episcopales de ese continente. Erdo tuvo aún más exposición cuando ayudó a organizar las reuniones vaticanas de Francisco sobre la familia en 2014 y 2015 y pronunció discursos clave, así como durante las visitas papales a Budapest en 2021 y 2023.
Cardenal Reinhard Marx
Nacido en Alemania el 21 de septiembre de 1953, el arzobispo de Munich y Freising fue elegido por Francisco como asesor clave en 2013. Posteriormente, Marx fue nombrado para encabezar el consejo que supervisó las finanzas del Vaticano durante la implementación de reformas y un ajuste para cuidar gastos.
El expresidente de la Conferencia episcopal alemana fue un firme defensor del controvertido proceso de diálogo del “camino sinodal” en la Iglesia de su país, que comenzó en 2020 como respuesta al escándalo de abuso sexual del clero. Como resultado, es visto con escepticismo por los conservadores que consideraron el proceso una amenaza a la unidad de la Iglesia, dado que involucraba debatir temas como el celibato, la homosexualidad y la ordenación de mujeres.
Marx fue noticia en 2021 cuando ofreció renunciar como arzobispo para expiar el terrible historial de abusos de la Iglesia alemana, pero Francisco rápidamente rechazó la renuncia.
Cardenal Marc Ouellet
Nacido en Canadá el 8 de junio de 1944, dirigió la influyente oficina de obispos del Vaticano durante más de una década, supervisando el monitoreo de candidatos potenciales a encabezar diócesis en todo el mundo.
Francisco mantuvo a Ouellet en el cargo hasta 2023, a pesar de que fue nombrado por el papa Benedicto XVI, y así ayudó a seleccionar a los obispos más dogmáticos y preferidos por el pontífice alemán.
Incluso siendo más conservador que Francisco, Ouellet seleccionó obispos con mentalidad pastoral para reflejar la creencia del papa de que los obispos deberían impregnarse del “olor de sus ovejas”.
Ouellet defendió el celibato sacerdotal y mantuvo la prohibición de la ordenación de mujeres, pero pidió que éstas tengan un papel más importante en la gobernanza de la institución.
Tiene buenos contactos con la Iglesia latinoamericana, habiendo encabezado la Pontificia Comisión para América Latina durante más de una década.
Desde 2019, su oficina se ha encargado de investigar a los obispos acusados de encubrir a sacerdotes abusadores, un trabajo que no le habría hecho amigos entre los sancionados, pero que también podría haberle proporcionado mucha información confidencial y posiblemente comprometedora sobre sus colegas cardenales.
Cardenal Pietro Parolin
Nacido en Italia el 17 de enero de 1955, ha sido secretario de Estado de Francisco desde 2014. Veterano diplomático del Vaticano, supervisó el controvertido acuerdo de la Santa Sede con China sobre el nombramiento de obispos y estuvo involucrado —aunque no acusado— en la inversión fallida del Vaticano en una empresa inmobiliaria en Londres que condujo a un juicio de otro cardenal y otras nueve personas en 2021.
Parolin, exembajador en Venezuela, conoce bien la iglesia latinoamericana. Sería visto como alguien que continuaría la tradición de Francisco, pero más sobrio y diplomático, y que devolvería a un italiano al papado después de san Juan Pablo II (Polonia), Benedicto (Alemania) y Francisco (Argentina).
Sin embargo, Parolin no tiene una verdadera experiencia pastoral. Sus vínculos con el escándalo de Londres, en el que su oficina perdió decenas de millones de dólares en donaciones de fieles debido a malos negocios y empresarios turbios, podrían jugar en su contra.
Cardenal Robert Sarah
Nacido en Guinea el 15 de enero de 1945, el exjefe —ya retirado— de la Oficina para las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice despertó por mucho tiempo la esperanza de tener un papa africano. Amado por los conservadores, potenciaría un regreso a los papados dogmáticos y litúrgicos de san Juan Pablo II y Benedicto XVI.
Sarah, que había dirigido el Pontificio Consejo Cor Unum, chocó en varias ocasiones con Francisco. La más grave fue cuando él y Benedicto escribieron un libro que defendía la “necesidad” de la continuidad del celibato. El libro salió a la luz mientras Francisco sopesaba si debía permitir la ordenación de hombres casados para abordar la escasez de clérigos en el Amazonas. La implicación era que Sarah había manipulado a Benedicto para que prestara su nombre y autoridad moral a un libro que tenía todas las apariencias de ser un contrapeso a las propias enseñanzas del papa actual.
Francisco despidió a la secretaria de Benedicto y varios meses después retiró a Sarah cuando éste cumplió 75 años. Los partidarios de Sarah lamentaron que el episodio perjudicara sus posibilidades papales.
Cardenal Christoph Schoenborn
Nacido en Austria el 22 de enero de 1945 y arzobispo de Viena, fue alumno de Benedicto y, por lo tanto, parece tener las habilidades académicas doctrinarias para atraer a los conservadores. Sin embargo, se le asoció con una de las medidas más controvertidas de Francisco al defender su acercamiento a los católicos divorciados y vueltos a casar civilmente como un “desarrollo orgánico de la doctrina”, en lugar de la ruptura que sostenían algunos conservadores. Los padres de Schoenborn se divorciaron cuando él era un adolescente, por lo que el tema le afecta de manera personal.
También recibió críticas del Vaticano por su negativa a sancionar a abusadores sexuales de alto rango, incluido su predecesor como arzobispo de Viena. Schoenborn ha expresado su apoyo a las uniones civiles y a las mujeres como diaconisas, y jugó un papel decisivo en la edición de la actualización de 1992 del Catecismo de la Iglesia Católica, el manual de enseñanza de la Iglesia que Benedicto había encabezado cuando lideró la oficina de doctrina del Vaticano.
Cardenal Luis Tagle
Nacido en Filipinas el 21 de junio de 1957, parecería ser el elegido de Francisco para convertirse en el primer papa asiático. Francisco trajo al popular arzobispo de Manila a Roma para que encabezara la oficina de evangelización misionera del Vaticano, que atiende las necesidades de la Iglesia católica en gran parte de Asia y África. Su papel adquirió mayor peso cuando Francisco reformó la burocracia del Vaticano y elevó la importancia de su oficina de evangelización.
Tagle a menudo cita su linaje chino —su abuela materna era parte de una familia china que se mudó a Filipinas— y es conocido por emocionarse cuando habla de su infancia.
Aunque tiene experiencia pastoral, vaticana y administrativa —dirigió la federación de grupos benéficos Caritas Internationalis del Vaticano antes de moverse a Roma permanentemente—, Tagle estaría en el lado joven para ser elegido papa y los cardenales podrían preferir a un candidato de mayor edad, cuyo papado sería más corto.
Cardenal Matteo Zuppi
Nacido en Italia el 11 de octubre de 1955, el arzobispo de Bolonia y presidente de la Conferencia episcopal italiana, elegido en 2022, está estrechamente afiliado a la Comunidad de Sant’Egidio, una organización benéfica católica con sede en Roma que fue influyente durante el papado de Francisco, particularmente en el diálogo interreligioso.
Zuppi formó parte del equipo de Sant’Egidio, que ayudó a negociar el fin de la guerra civil de Mozambique en la década de 1990 y fue nombrado enviado de paz de Francisco para la guerra de Rusia en Ucrania.
Francisco lo nombró cardenal en 2019 y luego dejó claro que lo quería a cargo de los obispos de Italia, una señal de su admiración por el prelado que, como Francisco, es conocido como un “cura callejero”.
En otra señal de sus inclinaciones progresistas y su cercanía a Francisco, Zuppi escribió la introducción a la edición italiana de “Building a Bridge”, del reverendo James Martin, un jesuita estadounidense, sobre la necesidad de la Iglesia de mejorar su alcance a la comunidad LGBTQ+.
Zuppi sería un candidato en la tradición de Francisco de ministrar a los marginados, aunque su relativa juventud jugaría en su contra para los cardenales que buscan un papado breve. Su familia tenía fuertes vínculos institucionales: el padre de Zuppi trabajaba para el periódico vaticano L’Osservatore Romano y su madre era sobrina del cardenal Carlo Confalonieri, decano del Colegio Cardenalicio en las décadas de 1960 y 1970.
Francisco cambió la posición de la Iglesia sobre la pena de muerte
El papa Francisco modificó las enseñanzas de la Iglesia católica en áreas como la pena de muerte y las armas nucleares, las mantuvo en otras como el aborto y avanzó entre musulmanes y creyentes que durante mucho tiempo se sintieron marginados.
Francisco defendió la enseñanza de la Iglesia que se opone al aborto y se hizo eco de sus predecesores al decir que la vida humana es sagrada y debe ser defendida.
Describió el aborto, así como la eutanasia, como evidencia de la “cultura del descarte” actual y comparó la interrupción del embarazo con “contratar a un sicario para resolver un problema”.
Sin embargo, no enfatizó la posición de la iglesia como lo hicieron sus predecesores y dijo que las mujeres que abortaron deben ser acompañadas espiritualmente por la Iglesia.
Francisco también permitió que sacerdotes comunes, no sólo obispos, absolvieran a mujeres católicas que habían interrumpido intencionalmente un embarazo.
No apoyó los intentos de obispos estadounidenses que pretendían negar la comunión al presidente Joe Biden por estar a favor del derecho al aborto, argumentando que estos deberían ser pastores, no políticos.
El mayor escándalo durante su papado fue cuando desacreditó a las víctimas chilenas de abuso sexual al ponerse del lado de un obispo al que acusaron de complicidad. Tras darse cuenta de su error, invitó a las víctimas al Vaticano y se disculpó personalmente. Luego llevó a toda la Conferencia episcopal chilena a Roma, donde los presionó para que renunciaran.
En su medida más significativa, Francisco expulsó al excardenal estadounidense Theodore McCarrick después de que una investigación del Vaticano determinara que abusó tanto de menores como de adultos. Posteriormente, Francisco aprobó leyes eclesiásticas que abolían el uso del secreto pontificio y establecían procedimientos para investigar a los obispos que abusaban o encubrían a sacerdotes depredadores.
Sin embargo, se vio perseguido por algunos casos de alto perfil en los que parecía ponerse del lado de los sacerdotes acusados.
En 2013, el papa Benedicto XVI renunció —algo que no había ocurrido en 600 años— y Francisco fue elegido para reemplazarlo.
Como Benedicto vivió en los terrenos del Vaticano hasta su muerte en 2022, Francisco dijo que era como tener un “abuelo sabio” en casa, parte de su creencia de que los ancianos tienen una gran experiencia que ofrecer.
Sin embargo, hubo momentos en que hubo fricciones, por ejemplo, cuando Benedicto XVI fue coautor de un libro que apoyaba firmemente el celibato sacerdotal justo mientras Francisco estaba considerando una excepción para resolver la escasez de clérigos en la Amazonía.
Algunos comentaristas conservadores estadounidenses acusaron a Francisco de tener simpatías marxistas, dadas sus frecuentes denuncias de sistemas económicos que “idolatran” el dinero por encima de las personas y su claro disgusto por el capitalismo al estilo estadounidense.
Pidió un ingreso básico universal, salarios y condiciones de trabajo dignos y dijo que, si bien la globalización había salvado a muchos de la pobreza, “ha condenado a muchos otros a morir de hambre porque es un sistema económico selectivo”.
“Esta economía mata”, dijo sobre la globalización, defendiendo que su postura era la del Evangelio, no la del comunismo.
Francisco mantuvo el celibato para los sacerdotes incluso después de que los obispos del Amazonas le pidieran que hiciera una excepción para permitir que los religiosos casados cubrieran la escasez de clérigos.
El papa había dicho durante mucho tiempo que el requisito del celibato podría cambiar, ya que no era una cuestión de doctrina. No obstante, dijo que el debate estaba demasiado politizado y que no quería ser el papa que diera el primer paso.
En 2018, Francisco autorizó un acuerdo sobre el nombramiento de obispos en China para poner fin a una disputa de décadas y regularizó el estatus de media docena de obispos chinos que habían sido consagrados sin el consentimiento papal.
Los detalles del acuerdo nunca fueron revelados, pero sus críticos lo acusaron de traicionar a quienes practicaban el catolicismo de manera clandestina en China y que se mantuvieron leales a la Santa Sede durante décadas de persecución. En contraste, el Vaticano lo defendió como el mejor acuerdo que podía conseguir antes de que Beijing cerrara la puerta por completo.
Francisco defendió la oposición de la Iglesia a la anticoncepción artificial, pero también dijo que los católicos no necesitan reproducirse “como conejos” y, en cambio, deberían practicar la “paternidad responsable” a través de métodos aprobados.
La Iglesia respaldó el método de planificación familiar natural, que implica monitorear el ciclo de la mujer para evitar las relaciones sexuales cuando está ovulando.
Al mismo tiempo, Francisco sugirió en 2016 que las mujeres amenazadas por el virus zika, que causaba malformaciones en miles de niños en ese momento, podrían utilizar anticonceptivos artificiales porque “evitar el embarazo no es un mal absoluto” a la luz de las epidemias.
Como el resto de la humanidad, Francisco estuvo en aislamiento durante la pandemia de COVID-19. Se le impidió viajar, celebrar misa en público o presidir audiencias. Instó repetidamente al mundo a utilizar la pandemia como una llamada de atención que mostrara la necesidad de reestablecer prioridades y políticas a favor de los más vulnerables.
El papa apoyó firmemente las campañas de vacunación y exigió que los pobres tuvieran prioridad. La oficina de doctrina del Vaticano dijo que era moralmente aceptable vacunarse, incluso con inyecciones que utilizaban tejido de fetos abortados en procesos de investigación, lo que puso a Francisco en conflicto con los conservadores que rechazaron las inyecciones por motivos morales.
Francisco fue más allá de sus predecesores y cambió la enseñanza católica para afirmar que la pena de muerte es “inadmisible” en todos los casos, independientemente de la gravedad del delito.
También calificó la cadena perpetua sin libertad condicional como una “pena de muerte oculta” y el confinamiento solitario como una “forma de tortura”, diciendo que ambas deberían ser abolidas.
Francisco dividió la Iglesia al abrir una puerta para que los católicos divorciados que volvieron a casarse por la vía civil recibieran la comunión.
La enseñanza de la Iglesia sostiene que, sin una anulación que declare inválido el matrimonio inicial, estos católicos están cometiendo adulterio y, por lo tanto, no pueden recibir el sacramento.
Francisco primero facilitó la obtención de una anulación. Luego, aunque no abrió la puerta a que cualquier católico sin anulación pudiera acceder al sacramento, en una nota a pie de página de su encíclica de 2016, “La alegría del amor”, sugirió que los obispos y sacerdotes podrían acompañar a esas parejas caso por caso.
Francisco se convirtió en el primer papa en utilizar datos científicos en un importante documento de enseñanza al calificar el calentamiento global como un problema causado en gran medida por el hombre.
En su encíclica de 2015, “Alabado seas”, Francisco denunció un sistema económico mundial “estructuralmente perverso” que explota a los pobres y corre el riesgo de convertir la Tierra en un “inmenso montón de inmundicia”. Una actualización de 2023 señaló a Estados Unidos por sus emisiones y advirtió que el mundo estaba “cerca de un punto de quiebre”.
Insistió en el tema en una reunión de obispos del Amazonas en 2019 y en su predicación sobre la pandemia de coronavirus. Si bien Francisco presionó más que sus predecesores sobre la cuestión ecológica, muchos papas antes que él pidieron un mejor cuidado de la creación de Dios.
Francisco se disculpó ampliamente por los “crímenes” cometidos contra los pueblos indígenas durante la conquista colonial y poscolonial de las Américas.
Lo hizo en Bolivia en 2015 y nuevamente durante una “peregrinación penitencial” a Canadá en 2022 por el papel de la Iglesia en la asimilación forzada de niños indígenas en internados administrados por la Iglesia.
El Vaticano también repudió formalmente la “Doctrina del Descubrimiento”, teorías respaldadas por las “bulas” papales del siglo XV que legitimaron la confiscación de tierras en la era colonial y forman la base de algunas leyes de propiedad actuales, aunque no rescindió las bulas.
Francisco también presentó como sistema económico modelo las misiones jesuitas en Paraguay, que llevaron el cristianismo, la educación y organización económica de estilo europeo a los nativos en los siglos XVII y XVIII.
Canonizó al misionero del siglo XVIII, Junípero Serra, durante su viaje de 2015 a Estados Unidos a pesar de las objeciones de algunos grupos nativos que acusaron a Serra de conversiones forzadas, esclavizar a los conversos y ayudar a eliminar a las poblaciones indígenas a través de enfermedades.
Francisco logró avances significativos en las conflictivas relaciones del Vaticano con el Islam al forjar vínculos con líderes religiosos sunitas y chiitas y enfatizar un compromiso compartido con la paz, la solidaridad y el diálogo.
Firmó un documento histórico sobre la necesidad de una mayor fraternidad humana con el jeque Ahmed el-Tayeb, el gran imán de Al-Azhar, la sede del saber sunita en El Cairo.
Fue el primer papa en visitar tanto la península arábiga como Irak, el lugar de nacimiento de Abraham, un profeta importante para cristianos, musulmanes y judíos. Mientras estuvo en Irak, se reunió con el principal clérigo chiita del país y una figura venerada en el mundo chiita, el gran ayatolá Ali al-Sistani.
En una de sus medidas más controvertidas, Francisco revirtió las acciones de Benedicto XVI y volvió a imponer restricciones a la celebración de la antigua misa en latín. Dijo que tenía que actuar porque la difusión del llamado rito tridentino después de que Benedicto relajara las restricciones en 2007 se estaba convirtiendo en una fuente de división en la Iglesia.
Esto indignó a sus críticos tradicionalistas y conservadores, quienes calificaron la medida como un ataque contra ellos y el antiguo rito. Esto alimentó la oposición de derecha a Francisco, que ya estaba enojada por su acercamiento a la comunidad LGBTQ+ y a los católicos divorciados.
Francisco dijo la famosa frase: ”¿Quién soy yo para juzgar?” cuando se le preguntó en 2013 sobre un sacerdote que supuestamente tuvo un amante gay en su pasado.
El papa continuó asegurando a los homosexuales que Dios los ama tal como son, que “ser homosexual no es un delito” y que “todos, todos, todos” son bienvenidos en la Iglesia.
Durante su pontificado, el Vaticano dijo que las personas transgénero podrían ser bautizadas, servir como padrinos y testigos en bodas; y aprobó bendiciones para personas del mismo sexo. No obstante, aunque se reunió varias veces con miembros de la comunidad LGBTQ+, Francisco no cambió la enseñanza de la Iglesia al afirmar que los actos homosexuales son “intrínsecamente desordenados”.
Como arzobispo de Buenos Aires, se opuso a los esfuerzos por legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo y propuso, sin éxito, que el país aprobara en su lugar las uniones civiles.
Francisco denunció la “globalización de la indiferencia” mostrada hacia los migrantes e instó a Europa y a otros países a abrir sus puertas a quienes buscan una vida mejor.
Su primer viaje fuera de Roma como pontífice en julio de 2013 fue a la isla italiana de Lampedusa, un lugar clave entonces en la crisis migratoria de Europa.
En 2016, llevó consigo a Roma a una docena de refugiados sirios desde un campamento griego y repitió el gesto en 2021 mientras visitaba Chipre y Grecia. “¡No podemos permitir que el Mediterráneo se convierta en un gran cementerio!” dijo a los legisladores europeos.
También denunció las condiciones “inhumanas” que enfrentan los migrantes que cruzan la frontera entre Estados Unidos y México. En 2016, Francisco dijo del entonces candidato Donald Trump que cualquiera que construya un muro para mantener alejados a los inmigrantes “no es cristiano”.
Francisco fue más allá de sus predecesores —y de las enseñanzas de la Iglesia— al decir que no sólo el uso, sino la mera posesión de armas nucleares era “inmoral”.
Antes, la Iglesia sostenía que la disuasión nuclear podría ser moralmente aceptable siempre y cuando apuntara hacia un desarme mutuo y verificable.
Francisco fue elegido con el mandato de reformar la burocracia tras siglos de despilfarro, mala gestión y crisis de mercado que pusieron en riesgo la salud financiera del Vaticano.
Impuso regulaciones para traer orden, transparencia y contabilidad moderna a los registros, exigiendo procedimientos de licitación competitivos, límites a las donaciones, recortes salariales para los cardenales y la centralización de activos e inversiones en una oficina con una política de inversión unificada, ética y verde.
Creó una Secretaría de Economía para supervisar las finanzas de la Santa Sede, compuesta principalmente por expertos laicos, y autorizó un amplio juicio penal sobre la inversión fallida del Vaticano en un acuerdo inmobiliario en Londres que resultó en pérdidas por decenas de millones de euros.
Francisco siempre empujó por dar a las mujeres un papel más importante en la gobernanza de la Iglesia e hizo nombramientos y cambios significativos en su legislación para demostrar su punto.
Nombró a una monja italiana como prefecta de la oficina del Vaticano para las órdenes religiosas y a otra como jefa de la administración del Estado, dos puestos que antes sólo desempeñaban cardenales. También nombró a una monja francesa como subsecretaria de la oficina del Sínodo de Obispos del Vaticano, dándole poder de voto en el proceso que antes era exclusivamente masculino y abrió el sínodo mismo a mujeres votantes.
Por primera vez, nombró a tres mujeres para la oficina del Vaticano que examina los nombramientos de obispos y asignó mujeres para la mitad de los escaños del consejo económico del Vaticano. También nombró dos comisiones de estudio para determinar si las mujeres podían ser ordenadas diaconisas, puso a María Magdalena a la par de los apóstoles varones al declararle un día festivo y permitió formalmente que las mujeres sirvieran como lectoras y acólitas.
No obstante, reafirmó el sacerdocio exclusivamente masculino.
Jorge Mario Bergoglio nació el 17 de diciembre de 1936, hijo de inmigrantes italianos en Buenos Aires, Argentina, siendo el mayor de cinco hermanos. Fue ordenado sacerdote jesuita en 1969 y lideró la orden religiosa en Argentina durante la dictadura del país de 1976 a 1983. Se convirtió en arzobispo de Buenos Aires en 1998 y fue elevado a cardenal en 2001 por San Juan Pablo II. Fue elegido el 266º papa el 13 de marzo de 2013, en la quinta votación.
Como arzobispo de Buenos Aires, Francisco rechazó los lujos que disfrutaban sus predecesores, viajando en autobús, cocinando sus propias comidas y visitando regularmente los barrios marginales. Esta sencillez continuó como papa, marcada por Francisco al tomar el nombre del santo del siglo XIII conocido por su sencillez personal. Vivió en el hotel del Vaticano en lugar del Palacio Apostólico, usó sus viejos zapatos ortopédicos y no los mocasines rojos del papado, y dio ejemplo a las clases clericales usando autos compactos.
Abogar por los migrantes fue una de las prioridades de Francisco como papa. Su primer viaje fuera de Roma en 2013 fue a la isla siciliana de Lampedusa para reunirse con migrantes recién llegados. Denunció la “globalización de la indiferencia” mostrada hacia los posibles refugiados. Rezó por los migrantes muertos en la frontera entre Estados Unidos y México en 2016 y llevó a 12 musulmanes sirios a Roma en su avión después de visitar un campo de refugiados en Lesbos, Grecia. Su llamado a la acogida lo puso en desacuerdo con las políticas de Estados Unidos y Europa. Dijo en 2016 del entonces candidato Donald Trump que cualquiera que construya un muro para mantener a los migrantes fuera “no es cristiano”.
Al principio de su papado, Francisco señaló una postura más acogedora hacia las personas LGBTQ+, declarando “¿Quién soy yo para juzgar?” cuando se le preguntó sobre un sacerdote gay. En una entrevista de Associated Press en 2023, declaró que “ser homosexual no es un delito” y más tarde aprobó bendiciones para parejas del mismo sexo, siempre que no se asemejen a votos matrimoniales.
Francisco se convirtió en el primer papa en usar datos científicos en un documento de enseñanza importante e hizo del cuidado de la creación de Dios un sello distintivo de su papado. En 2015, su manifiesto ambiental “Laudato Si’” instó a una revolución cultural para corregir lo que llamó el sistema económico global “estructuralmente perverso” que explota a los pobres y convierte la Tierra en “un inmenso montón de basura”. Sin embargo, muchos papas antes que él también pidieron un mejor cuidado del medio ambiente.
El mayor escándalo de su papado ocurrió en 2018, cuando desacreditó a las víctimas chilenas de abuso sexual al apoyar a un obispo a quien acusaban de complicidad en su abuso. Al darse cuenta de su error, los invitó al Vaticano y se disculpó en persona. También llevó a toda la conferencia episcopal chilena a Roma, donde les presionó para que renunciaran. Convocó una cumbre de la jerarquía católica en 2019 sobre el abuso y envió una fuerte señal al destituir al ex cardenal estadounidense Theodore McCarrick después de que una investigación del Vaticano determinara que abusó de menores y adultos. Francisco aprobó leyes eclesiásticas que abolieron el uso del secreto pontificio y establecieron procedimientos para investigar a los obispos que abusan o encubren a sacerdotes depredadores. Pero su nombre fue ensombrecido por casos de alto perfil donde parecía apoyar al clero acusado.
En sus primeros años como papa, los críticos tenían una alternativa viva en el papa Benedicto XVI, quien había renunciado y vivía en los terrenos del Vaticano. Eso amplificó la oposición de derecha a la agenda de reformas de Francisco. Algunos lo llamaron hereje después de que abrió el camino en 2016 para permitir que los católicos divorciados y vueltos a casar civilmente recibieran la Comunión. En 2018, el embajador retirado del Vaticano en Estados Unidos, el arzobispo Carlo Maria Vigano, publicó una acusación de que funcionarios estadounidenses y del Vaticano durante dos décadas encubrieron la mala conducta sexual de McCarrick y exigió que Francisco renunciara. Después de que Vigano amplificara sus críticas y atrajera a sus propios seguidores, el Vaticano en 2024 lo excomulgó por crear un cisma.

















