Agencias/Ciudad de México.- La participación del vicepresidente estadounidense, J. D. Vance, en la Conferencia de Seguridad de Múnich de este año ha suscitado gran interés, especialmente entre los jefes de Estado y de Gobierno europeos. Se esperaba con gran expectación su discurso.
Europa quería entender cuál es la postura de la nueva administración estadounidense con respecto a las relaciones transatlánticas. Desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, hay nerviosismo en Europa. Y esa sensación de incertidumbre se notaba claramente en la conferencia.
El discurso de Vance en la Conferencia de Seguridad de Múnich no contribuyó a calmar los ánimos. Todo lo contrario. Su dura crítica a Europa enfadó a muchos participantes.
El ministro de Exteriores chino, Wang Yi, también estuvo presente en el encuentro en Múnich. Wang Yi se dirigió a los europeos con tono conciliador y amable. China considera a Europa un socio y no un rival, dijo. Ofreció desempeñar un “papel constructivo” en las conversaciones de paz entre Ucrania y Rusia.
En su reunión con el canciller alemán, Olaf Scholz, Wang Yi aseguró que China está dispuesta a profundizar en las “amplias relaciones estratégicas” con Alemania para mantener la paz y la estabilidad globales.
El presidente estadounidense, Donald Trump, amenaza con abandonar la OTAN porque, en su opinión, otros países no contribuyen lo suficiente a la alianza militar común. Poco después de su toma de posesión, introdujo numerosos aranceles punitivos. Además, Estados Unidos se ha retirado del Acuerdo Climático de París y de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Por otro lado, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) ha sido objeto de una reestructuración masiva y podría ser disuelta. Y China parece estar cada vez más activa a nivel global. ¿Quiere Pekín reemplazar a Washington como actor global?
“Para mí, no hay duda de que China, como potencia emergente, quiere ser todo lo que pueda llegar a ser”, dice a DW Graham Allison, politólogo de la Universidad de Harvard y experto en China. “Si Estados Unidos se retira de acuerdos comerciales, los países que quieran acuerdos comerciales para crecer económicamente, como China, llenarán este vacío”.
Allison subraya que sería beneficioso para China si Trump abandona otras instituciones internacionales. “El presidente chino Xi Jinping aprovechará cualquier oportunidad. Si Estados Unidos desperdicia sus ocasiones, será más fácil para Pekín tener éxito a nivel internacional”.
China ha invertido mucho en muchas partes del mundo, sobre todo en Asia y África, y ha aumentado su influencia en estas regiones en las últimas décadas. Ya sea en Afganistán o en Oriente Medio, China utiliza su influencia para mediar entre las partes en conflicto y acabar consiguiendo un apretón de manos. Así, en 2023, Arabia Saudí e Irán, rivales entre sí, reanudaron sus relaciones diplomáticas tras siete años.
Yao Yang, director del China Center for Economic Research (CCER) de la Universidad de Pekín, dice a DW que Europa debe seguir una política china independientemente de Washington, si quiere establecer relaciones más estrechas.
“Si Estados Unidos se ocupa principalmente de sus asuntos internos, Europa debería hacer lo mismo”, afirma Yao. “Europa tiene mucho que hacer en los ámbitos de defensa, seguridad y política exterior. Existe un enorme espacio para la cooperación entre China y Europa”.
Las estrechas relaciones de China con Rusia podrían suponer un obstáculo en este sentido. Pekín ha acogido recientemente la iniciativa de Trump de tender la mano a su homólogo ruso, Vladímir Putin, para poner fin a la guerra en Ucrania. “China quiere presentarse como un pacificador, demostrar que se opone a las guerras y que quiere participar en su resolución”, destaca el politólogo Allison.
Yao cree que el fin de la guerra rusa en Ucrania redunda en interés económico de China. “China comercia tanto con Rusia como con Ucrania. Por lo tanto, Pekín, definitivamente, abogaría por la paz en esta región”.
El ministro de Exteriores chino Wang Yi aseguró a los jefes de Estado y de Gobierno europeos en Múnich que China es un país en el que se puede confiar y que la paz en Ucrania puede lograrse si todas las partes implicadas se sientan a la mesa de negociaciones, incluida Europa.
Alemania vive un declive en su producción industrial, situación que amenaza hasta 5,5 millones de puestos de trabajo y el 20 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), según un reciente informe del Centro para la Reforma Europea (CER), con sede en Londres.
La invasión a gran escala de Ucrania por Moscú obligó a Alemania a reducir su dependencia del petróleo y el gas rusos. Eso disparó los precios de la energía y perjudicó gravemente a sectores industriales como el químico y el siderúrgico.
Además, las interrupciones de la cadena de suministro tras la pandemia redujeron la demanda de exportaciones alemanas. Otro factor importante es la rápida transición en China, de una manufactura de bajo valor a industrias de alta tecnología innovadoras, impulsada por la llamada estrategia Made in China 2025 del Partido Comunista, que aspira a lograr liderazgo global en fabricaciones y tecnología de avanzada.
A principios de la década del 2000, Alemania no se vio afectada en gran medida por el impulso inicial de crecimiento de China, más centrado en la electrónica de baja tecnología, los electrodomésticos y los textiles. Pero, a partir de entonces, la política industrial de Pekín se enfocó en los principales sectores de Alemania, como la automoción, la tecnología limpia y la ingeniería mecánica.
“China se ha puesto al día en varias industrias avanzadas. Son muy fuertes en estas áreas, y eso está contribuyendo al pobre desempeño del crecimiento de Alemania”, explica a DW Holger Görg, jefe del grupo de investigación sobre Comercio Internacional e Inversiones del Instituto Alemán de Economía Mundial.
La velocidad a la que China ha alcanzado a Alemania es quizá más evidente en la industria automovilística. Los fabricantes de automóviles alemanes son criticados por su falta de innovación, su lenta transición a los vehículos eléctricos y por no prever la feroz competencia de marcas chinas, como SAIC Motor y BYD.
Por su parte, los gigantes químicos chinos han aumentado considerablemente su producción en los últimos años, sobre todo en polietileno y polipropileno, lo que ha provocado un exceso de oferta mundial, que ha reducido los márgenes de beneficio de productores alemanes como BASF. También el sector alemán de la ingeniería mecánica, conocido por su precisión y calidad, se enfrenta a la dura competencia de sus rivales chinos.
Para agravar el problema, China aplica una política de fuertes subvenciones a industrias clave. Esto permite a los fabricantes chinos producir a una escala y a un costo difíciles de igualar para las empresas occidentales.
Un informe de 2022 del Fondo Monetario Internacional reveló que la mayoría de las subvenciones de Pekín se dirigían a las industrias química, de maquinaria, automovilística y metalúrgica.
Claudia Barkowsky, directora general para China de la Federación Alemana de Ingeniería (VDMA), declaró la semana pasada al diario económico alemán Handelsblatt que las empresas alemanas de ingeniería mecánica tendrán cada vez más dificultades para competir, ya que sus rivales chinos ofrecen precios significativamente más bajos, “a veces un 50 por ciento o incluso más baratos”.
Brad Setser, coautor del informe del CER, explica a DW que las exportaciones chinas de alta gama “no se han desarrollado de la noche a la mañana”. Ahora, en una encrucijada histórica, los economistas advierten que Alemania debe adaptar sus políticas comerciales, industriales y fiscales a la nueva realidad económica, o se arriesgarán a perder su posición de líder manufacturero mundial.
El informe del CER insta al próximo Gobierno alemán -una probable coalición de la alianza conservadora CDU/CSU y los socialdemócratas de centro-izquierda (SPD)- a presionar a China para que aumente el consumo interno, en lugar de depender mayoritariamente de las importaciones para crecer.
Los autores del estudio también subrayan la necesidad de aprovechar las defensas comerciales de la UE para subir los aranceles a las exportaciones chinas fuertemente subvencionadas, incluyendo vehículos eléctricos y aerogeneradores.
“Lo que Alemania necesita son mercados alternativos para sus exportaciones de automóviles y maquinaria de gama alta. Y el mayor para Alemania, con diferencia, es el mercado europeo”, subraya Setser, que también es miembro del Consejo de Relaciones Exteriores de EE. UU. (CFR), con sede en Nueva York.
Serden Ozcan, catedrático de Innovación y Transformación Empresarial de la WHU – Otto Beisheim School of Management, con sede en Düsseldorf, dice que los políticos y empresarios deben adoptar un importante “cambio de mentalidad cultural” para hacer frente al rápido ritmo de la transformación.
Hay grandes expectativas de que el enorme plan de gasto en defensa e infraestructuras de Alemania, por valor de cerca de un billón de euros en los próximos 12 años, ayude a dar la vuelta a la lenta economía, al tiempo que alivia el llamado freno de la deuda, es decir, la cantidad total que el Gobierno puede pedir prestada.
“Una gran parte [del gasto propuesto por el nuevo Gobierno] es para gasto militar. Si se hace de la forma correcta, las grandes inversiones en nuevos sistemas de armamento también podrían ayudar a impulsar las tecnologías no militares”, destaca a DW Holger Görg, del Instituto Alemán de Economía Mundial.
“Alemania es muy buena en la generación de conocimientos -a través de investigación y desarrollo (I+D), patentes, etc.- y luego en la venta de estos conocimientos. Aquí es donde Alemania todavía tiene una ventaja y debemos seguir aprovechándola”, prosigue Görg.
Este es un gran giro para una organización que tradicionalmente se ha centrado en la seguridad en el área transatlántica. China no ha aparecido en un documento público de alto nivel de la OTAN hasta finales de 2019. Sólo en su último concepto estratégico, acordado en Madrid en 2022, la alianza describe las ambiciones de Pekín como un desafío a su seguridad.
“Hay un cambio”, dice a DW Liselotte Odgaard, investigadora del conservador Instituto Hudson de Washington. Este cambio comenzó durante el gobierno del expresidente estadounidense Donald Trump y “despegó en Europa”, recuerda.
Odgaard señala que Estados Unidos consideró durante mucho tiempo a China como la principal amenaza a sus intereses de seguridad. “Pero han convencido a Europa -y han empujado a los europeos- a ver que China también es un problema para ellos y para todo el sistema de alianzas de Estados Unidos”, explica.
Muchos en Europa parecen reconocer ahora que los aliados de Estados Unidos en Asia y Europa enfrentan algunos de los mismos desafíos. “Y a medida que Rusia y China cooperan, es necesario reflejar esa cooperación fortaleciendo la cooperación europea con socios asiáticos”, agrega Odgaard.
Frente a una China más asertiva y agresiva, algunos países de Asia también parecen estar convencidos de la necesidad de una mayor cooperación.
Cuando el primer ministro de Japón asistió a una sesión del Congreso de Estados Unidos en abril de este año, se refirió a la invasión rusa de Ucrania. “La Ucrania de hoy puede ser el Asia Oriental del mañana”, dijo Fumio Kishida a los legisladores estadounidenses.
En junio, el asesor de seguridad nacional de Corea del Sur, Chang Ho-jin, dijo a los periodistas que Seúl revisará la posibilidad de suministrar armas a Ucrania, después de que los líderes de Corea del Norte y Rusia firmaran un pacto comprometiéndose a la defensa mutua en caso de guerra.
La OTAN ha colaborado con socios en el Indo-Pacífico desde principios de la década de 2000, pero la guerra de Rusia contra Ucrania y los desafíos de seguridad planteados por China han llevado a un compromiso más profundo.
La alianza considera a estos países, que comparten una región con China y aportan nuevos conocimientos, como socios en el esfuerzo por contrarrestar los intentos de China y Rusia de desafiar el orden global basado en reglas.
Líderes de Japón, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda han sido invitados a participar en la reunión en Washington. Esta será ya la tercera cumbre con su participación.
Antes de la reunión, el jefe de la OTAN, Stoltenberg, dijo que la alianza y sus socios del Indo-Pacífico “aprovecharán nuestra cooperación práctica con proyectos emblemáticos en Ucrania, la cibernética y las nuevas tecnologías”. También quieren trabajar más estrechamente en la producción industrial de defensa.
Pero más allá de eso, los estados miembros de la OTAN están divididos sobre su enfoque hacia la región del Indo-Pacífico. El año pasado, Francia bloqueó un plan de la OTAN para abrir una oficina de enlace en Tokio, insistiendo en que la alianza se limita geográficamente al Atlántico Norte.
Alemania reconoce la importancia de la región en general. Berlín, sin embargo, considera todavía a China -a pesar de sus políticas cada vez más decididas- como un socio esencial para enfrentar los desafíos globales.
Además, algunos expertos dicen que la participación de la OTAN en el Indo-Pacífico no sería bien vista por todos. “Esta es una región muy volátil. Pero por el momento no hay guerras candentes”, indica a DW Shada Islam, asesora independiente de la UE en Bruselas.

















