Agencias/Ciudad de México.- El Presidente Donald Trump pidió a su homóloga Claudia Sheinbaum aceptar la intervención del Ejército de Estados Unidos (EEUU) para combatir a las pandillas del narcotráfico en territorio mexicano.
The Wall Street Journal reveló que Trump propuso el tema a Sheinbaum durante una llamada telefónica que sostuvieron el pasado 16 de abril.
Según, The Wall Street Journal Trump presionaría a México para permitir una mayor participación militar estadounidense en la lucha contra los cárteles de la droga.
Trump ha convertido el tema de seguridad en otro punto de fricción con México en medio de la negociación del Tratado de Libre Comercio (T-MEC) y migratorio.
De acuerdo a The Wall Street Jorunal la tensión en la llamada telefónica entre Trump y Sheinbaum subió hacia el final de la conversación telefónica de 45 minutos.
En ese punto, Trump demandó que las fuerzas armadas estadounidenses asumieran un papel de liderazgo en la lucha contra los cárteles mexicanos dedicados a la producción y tráfico de fentanilo hacia múltiples regiones de norteamérica.
¿Qué tan lejos llegará Donald Trump?, se preguntan muchos ante el aumento de la presencia militar de Estados Unidos en la frontera con México y su amenaza de traspasar esa línea para atacar a los cárteles del narcotráfico.
Es una táctica del presidente estadounidense para obligar a México a redoblar esfuerzos contra el tráfico de fentanilo y la migración ilegal, mientras blande la espada de los aranceles, señalan analistas consultados por AFP.
Llegó la hora de que “Estados Unidos libre una guerra contra los cárteles”, asegura el republicano.
Estos son los alcances de esa advertencia y sus posibles repercusiones.
¿Qué está haciendo Trump?
Apenas regresó al poder el 20 de enero, Trump declaró en “emergencia” la frontera de 3,100 km e inició el despliegue de unos 9,600 soldados.
En marzo ordenó el envío de dos buques de guerra, uno al Golfo de México y otro a la costa oeste para tareas de seguridad fronterizas.
También anunció la creación de una “zona de defensa nacional” de 443 km2 en Nuevo México (EEUU), lo que permitiría al ejército expulsar a migrantes de esa área, una tarea reservada a autoridades civiles. Ante ello, México envió una nota diplomática en la que pidió respeto a su territorio.
Se suman sobrevuelos con drones en espacio aéreo mexicano, según la presidenta Claudia Sheinbaum a solicitud de México, como parte de “colaboraciones que se hacen desde hace muchos años”.
Trump designó además como terroristas a seis cárteles mexicanos, que según él ejercen amplio control en el país vecino.
“Pienso que necesitan ayuda”, dijo el presidente la semana pasada, tras afirmar que Sheinbaum -con quien mantiene un diálogo fluido- rechazó un ofrecimiento de apoyo militar.
“Tal vez tenga que pasar algo. Las cosas no pueden seguir así”, añadió al medio conservador The Blaze.
“La amenaza de ataques aéreos o con drones es muy realista” y “sirve como técnica coercitiva” para alentar la acción mexicana antidrogas, señala Vanda Felbab-Brown, experta en seguridad del Brookings Institute, en Washington.
Los vuelos no tripulados estarían “levantando gran cantidad de información que ayudará a elaborar un inventario de blancos”, opina Íñigo Guevara, director de la firma de inteligencia Janes, en Washington, y profesor de la maestría de estudios en seguridad de la Universidad de Georgetown.

Como un mantra, Sheinbaum repite “cooperación, sí; subordinación, no”, y advierte que no permitirá “que se vulnere la soberanía”.
Los amagos de Trump no son poca cosa en este país que sufrió el despojo de la mitad de su territorio por parte de su vecino en el siglo XIX.
Ante las presiones arancelarias de Estados Unidos, destino de 80% de las exportaciones mexicanas, la presidenta ordenó el despliegue de 10,000 soldados en la frontera, entregó a 29 capos a la justicia estadounidense y reforzó las operaciones antidrogas tras la criticada política de “abrazos, no balazos” de su antecesor, Andrés Manuel López Obrador.
Dos resultados saltan a la vista: el decomiso de 144 toneladas de drogas, incluidas dos millones de pastillas de fentanilo, desde octubre pasado. También, el menor arribo de migrantes: en marzo fueron interceptados en el lado estadounidense de la frontera 11,017, frente a 180,359 de marzo de 2024, según cifras oficiales.
No obstante, para blindarse frente al decreto que amplió las facultades estadounidenses contra el “narcoterrorismo”, Sheinbaum hizo aprobar en el Congreso una reforma que castiga con cárcel acciones encubiertas de agentes extranjeros.
Las advertencias de Trump son una “demostración de fuerza (…), no son amenazas inmediatas ni directas” hacia México, considera Raúl Benítez, profesor del Centro de Investigaciones sobre América del Norte de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Aunque no descarta ataques unilaterales de Estados Unidos, Vanda Felbab-Brown cree que serían “políticamente explosivos”, pues dinamitarían la cooperación.
“Podrían eliminar objetivos de alto valor, pero eso no es diferente” a lo que pudieran hacer las fuerzas armadas mexicanas, apunta la experta.
“Sería un salto hacia atrás de más de cien años”, señala por su parte Íñigo Guevara, refiriéndose a la invasión de tropas estadounidenses de 1916, en Chihuahua, para capturar al revolucionario Pancho Villa que había perpetrado un ataque en Columbus, Nuevo México (EEUU).
Pese a los resquemores que generan las expresiones de Trump, los analistas destacan los estrechos vínculos militares entre ambos países, incluida la formación de oficiales mexicanos en escuelas estadounidenses.
“La retórica de Trump comienza por lo general en un punto exageradamente alto para crear alarma y forzar a su contraparte a una acción expedita (…). Es un arma de intimidación”, analiza Guevara.
Pero en la práctica es probable que “se esté llevando a cabo una fusión de inteligencia” binacional que dotaría a México de una “capacidad inigualable” contra el crimen organizado, subraya el académico.


















