Agencias/Ciudad de México.-Los fiscales de París están estudiando un informe de la agencia antifraude de la Unión Europea que acusa a la candidata presidencial de extrema derecha francesa Marine Le Pen y a otros miembros de su partido nacionalista de malversar fondos públicos mientras servían en el Parlamento Europeo.
El informe fue divulgado por el sitio francés de noticias de investigación Mediapart días antes de que Le Pen se enfrente al presidente Emmanuel Macron en una segunda vuelta electoral que podría determinar la dirección futura de Europa. El partido Agrupación Nacional de Le Pen busca limitar los poderes de la UE.
El abogado del partido, Rodolphe Bosselut, dijo que ella niega haber actuado mal y cuestionó el momento de la publicación de Mediapart, justo antes de la segunda vuelta presidencial.
Macron, un político centrista y europeísta, tiene ventaja sobre Le Pen en los sondeos electorales, aunque la contienda es más reñida que cuando se enfrentaron en 2017.
La agencia de fraude de la UE, OLAF, presentó su informe el mes pasado a la fiscalía de París, que está “en el curso de analizarlo”, dijo la fiscalía el lunes. Aún no se ha abierto una investigación formal y no se dieron a conocer más detalles.
Según Mediapart, el informe de la OLAF encontró que Le Pen, su padre y fundador del partido Jean-Marie Le Pen y otros miembros del partido que sirvieron en el Parlamento Europeo utilizaron 617,000 euros de dinero público por razones “ficticias”, en particular en beneficio de empresas cercanas al partido. Según los informes, la oficina de fraude busca el reembolso de los fondos y posibles cargos de fraude y enriquecimiento ilícito.
La OLAF acusó a los miembros del partido de “violaciones graves” y dijo que el “comportamiento inapropiado” de los miembros de la Agrupación Nacional, antes llamado Frente Nacional, “puso en peligro la reputación de las instituciones de la Unión”, según Mediapart.
La OLAF no respondió de inmediato a las solicitudes de comentarios el lunes, que era día feriado en Bélgica y varios países europeos.
No es la primera vez que Le Pen y su partido son acusados de malversación de fondos europeos. Entre varios asuntos legales que han perseguido a su partido, Le Pen recibió cargos preliminares en 2018 basados en una investigación separada de la OLAF acusando a los miembros de la Agrupación Nacional de utilizar ayudantes en la nómina del Parlamento Europeo para la actividad política del partido.
Le Pen, quien sirvió en el Parlamento Europeo de 2004 a 2017, se reunió con sus partidarios el lunes en la ciudad de Saint-Pierre-en-Auge. Ella y Macron se enfrentarán en un debate crucial el miércoles.
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Según los últimos sondeos, Macron se impondría en la segunda vuelta con el 55% de los sufragios, mientras que Le Pen obtendría el 45%. Aunque se trata de una distancia mucho más ajustada que en 2017 —entonces el dirigente centrista ganó con el 66%—, en la última semana amplió ligeramente su ventaja.
Una vez la campaña se centró en el duelo entre los dos finalistas, la líder de la RN perdió el pararrayos perfecto que fue el polemista Éric Zemmour. La prensa gala se ha centrado mucho más en criticar el carácter inconstitucional de algunas de sus principales promesas, como la “prioridad nacional” que dejaría sin ayudas sociales a los extranjeros. También se ha visto lastrada por su propuesta radical de prohibir el velo islámico en el espacio público, una medida matizada este fin de semana por dirigentes de su partido.
Gracias a todas sus argucias comunicativas, la reptiliana Le Pen ha basado toda su campaña en dejar de dar miedo. De esta forma, pretende convertir los comicios en un referéndum en contra del dirigente centrista. “Creo que es un mandato de más de Macron lo que supone un riesgo para el país”, dijo el jueves en un mitin en Aviñón, en el sur de Francia. “En estas elecciones muchos franceses no irán a votar a favor de un proyecto, sino en contra del otro”, lamenta en declaraciones a El Periódico el politólogo Jean-Yves Camus, director del Observatorio de Radicalidades Políticas de la Fundación Jean-Jaurès, afín al Partido Socialista.
Un cordón democrático para evitar la llegada al poder de la extrema derecha. O un frente de contestación contra el dirigente centrista. Es el dilema de una parte considerable de los votantes respecto a unos comicios que contarán con un árbitro inesperado: el electorado de izquierdas, especialmente el del insumiso Jean-Luc Mélenchon, que quedó tercero con casi el 22%.
Después de que en los últimos años corrieran ríos de tinta sobre la discutible teoría de la derechización de Francia —en lugar de haberse vuelto más conservador, el país vecino parece haberse fragmentado en tres bloques casi idénticos (un centro liberal, una ultraderecha nacionalista y una izquierda socioecologista)—, los votantes progresistas tendrán la última palabra en la repetición del duelo Macron-Le Pen. Por tercera vez en los últimos veinte años, un aspirante de extrema derecha disputa la segunda vuelta. A diferencia de la traumática clasificación de Jean-Marie Le Pen para la final electoral de 2002, esta vez no se ha producido un electrochoque en la sociedad gala.
Menos de 23,000 personas se manifestaron el sábado en protestas contra la extrema derecha en varias localidades, convocadas por los sindicatos y organizaciones progresistas como Greenpeace o la Liga de los Derechos del Hombre. Esta escasa participación refleja el cansancio de una parte de los franceses ante el gesto electoral de votar por aquel candidato que se enfrenta a la ultraderecha.
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