InsurgentePress, Ciudad de México.- La estrategia comercial de Donald Trump no parece funcionar con China.

Negociadores de este país abandonaron Washington el pasado fin de semana con una gran victoria bajo el brazo: la voluntad de la Casa Blanca de suspender, por ahora, la imposición de tarifas por un valor de 150 mil millones de dólares a las importaciones de Beijing.

China ofreció muy poco a cambio, ignorando los deseos de la Administración Trump de un compromiso por parte del Gobierno de Xi Jinping de comprar más productos estadounidenses, entre otras peticiones.

La batalla no ha terminado, pero la última ronda de negociaciones demostró que la firmeza de Beijing supone un formidable rival para una Casa Blanca dividida, y que extraer concesiones del país asiático puede ser mucho más difícil de lo que Trump -quien proclamó este año que las guerras comerciales son positivas y sencillas de ganar- creía.

La máquina propagandística china clamó victoria tras el encuentro en Washington, proclamando que el desafío de Estados Unidos había sido derrotado, al menos por el momento.

“El Gobierno chino se defendió, nunca cedió y no aceptó las restricciones impuestas por el otro bando”, reportó la agencia de noticias estatal Xinhua.

Pero la ambición de Trump de lograr un acuerdo con China que beneficie a Estados Unidos y reduzca el déficit comercial entre ambos países, una de sus principales promesas de campaña, no sólo se ha visto frustrada por la rigidez china, sino por las profundas divisiones y las frecuentes luchas internas de su propia Administración.

El Secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, dijo el domingo que la Casa Blanca frenaría la imposición de tarifas a Beijing, pero horas después, Robert Lighthizer, el representante comercial de Estados Unidos, advirtió que éstas todavía podrían aplicarse.

El pasado viernes, el principal asesor económico de Trump, Larry Kudlow, dijo a reporteros que China había ofrecido reducir su superávit comercial en 200 mil millones. Dos días después, se retractó y calificó la cifra de un simple estimado.

Estos y otros mensajes contradictorios por parte de la Administración estadounidense fueron interpretados por Beijing como una señal de que la dura retórica de la Casa Blanca no era más que un farol. De hecho, según con fuentes cercanas al proceso, el gigante asiático aprovechó esas divisiones a la hora de negociar.

La brecha principal del equipo de Trump está entre los críticos implacables de China, como Lighthizer o Peter Navarro, el director del consejo nacional de comercio, y los partidarios del libre comercio, como Kudlow, Mnunchin o Wilbur Ross, el Secretario de Comercio.

“Es absolutamente pasmoso cómo hemos logrado arrancar una derrota de las garras de la victoria”, criticó ayer Stephen Bannon, el ex jefe de estrategia de la Casa Blanca y máximo representante del ala nacionalista estadounidense.

Y va Ross a Beijing

El Secretario de Comercio estadounidense, Wilbur Ross, viajará a China la próxima semana para ayudar a finalizar un acuerdo comercial, anunció ayer el jefe del Departamento del Tesoro, Steve Mnuchin.

En una entrevista previa con la cadena CNBC, Mnuchin indicó que los planes de aranceles de Estados Unidos estaban suspendidos, pero que la decisión no era definitiva.

“Si esto no se arregla y no obtenemos lo que queremos, el presidente siempre puede encarrilar el asunto de los aranceles”, declaró.

Ayer, el Presidente Donald Trump dijo en Twitter que China se había comprometido a comprar “grandes cantidades” de productos agrícolas estadounidenses. El Mandatario no detalló el plan.

Con información de Reforma

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