Agencia/Ciudad de México.- El nopal continúa consolidándose como el “oro verde” de la gastronomía mexicana. Este cultivo transita un camino que une la tradición agrícola con la mesa de millones de hogares.

El proceso comienza en regiones emblemáticas como Milpa Alta, uno de los epicentros de esta actividad enclavada en la alcaldía más rural de la Ciudad de México, en el oriente.

Con guantes en las manos para evitar las espinas, los agricultores seleccionan cuidadosamente las pencas más tiernas, sabiendo que pronto serán parte de platillos tradicionales como nopales asados, ensaladas frescas o guarnición para carnes como cerdo, borrego, conejo o pollo.

“Con el nopal se pueden hacer muchas cosas: para agua, nopal para un guisado, para una sopa, para un postre, para todo, el nopal es muy noble”, sostiene la productora Silvia Laguna, en entrevista con Xinhua.

Milpa Alta, la alcaldía más rural de la capital mexicana, produce cerca del 40 por ciento del nopal que alimenta a millones de familias mexicanas. Y, en cada penca, parece latir el corazón verde de México.

Sin embargo, no está exenta de desafíos como la urbanización, que amenaza esta actividad ancestral.

“Antes, para los abuelos, que trabajaron toda su vida en el campo, a los hijos les decían estudien para que no estén así, pero no se dieron cuenta que sus hijos no le pusieron amor a la tierra y entonces las tierras están ociosas o las venden”, lamenta Silvia, quien dice que en su comunidad se están organizando “para que la mancha urbana la podamos detener”.

La productora no se rinde mientras observa a lo lejos una construcción que antes era de tierras para la siembra. Y afirma con determinación que “siempre México se ha considerado un pueblo agrícola y el mexicano siembra hasta en las piedras”.

La mujer, de raíces indígenas y espíritu incansable, ha dedicado más de cinco décadas al cultivo del nopal verdura, inspirada por su abuelo náhuatl, quien decidió, en las décadas de 1950 y 1960, sustituir el maíz por nopal. Un cambio que no solo transformó la economía familiar, sino que también contribuyó a la preservación del medio ambiente local.

La productora de nopal verdura (con menos fibra y espinas) ha convertido esta actividad en el eje de su vida y su comunidad, pues su nopal le ha dado alegría y sabor a cada mesa que lo utiliza como un alimento base, reafirmando además los estudios científicos que lo avalan como un producto sano con propiedades nutritivas y curativas.

La leyenda azteca que dio origen a Tenochtitlán, el águila devorando una serpiente sobre un nopal, es una historia que emociona a Silvia y dice que no solo es un mito, sino una metáfora de la capacidad del pueblo mexicano para florecer incluso en las condiciones más adversas.

“El nopal no solo nos alimenta, nos conecta con nuestra historia y nos da fuerza para seguir adelante”, afirmó la productora, quien se muestra orgullosa por el emblemático nopal, símbolo de identidad de México.

Desde su parcela en Milpa Alta, con las manos curtidas por el trabajo y un espíritu inquebrantable, la mujer afirma que el nopal no solo tiene un valor cultural y gastronómico; también es un ejemplo de sostenibilidad ambiental.

De hecho, su impacto ha trascendido las fronteras mexicanas, reconoció Silvia, llegando a lugares tan lejanos como Wenshan, en la provincia china de Yunnan (suroeste), donde se utiliza para restaurar ecosistemas degradados y no necesariamente para consumo humano.

A pesar de esas diferencias, manifestó que Milpa Alta “recibe con los brazos abiertos a Yunnan para que venga a conocer nuestras costumbres, tradiciones y nuestro principal cultivo que es el nopal, un fruto bendito para que ustedes también sean saludables como nosotros”.

Para Silvia, trabajar en el campo no es solo una actividad económica; es una conexión espiritual con la tierra.

“Aquí me vengo a desestresar. Es muy bonito trabajar en el campo. Tenemos un aire hermoso”, confiesa, mientras sus ojos brillan con gratitud por la vida que ha construido.

La visión de Silvia también va más allá de la producción agrícola. Junto a sus hijos, ha diversificado los usos del nopal creando botanas saladas, galletas y conservas a base de esta planta.

“Ahorita con mis hijos estamos trabajando en el área de transformación, buscar nuevos productos a base de nopal para que nuestras tierras sigan bonitas y tengamos un granito de cuidado de nuestra tierra”, expresó Silvia, quien además cuenta con un certificado que respalda su nopal orgánico, libre de químicos y demandado por importantes compañías con experiencia en enlatados y conservas.

Cada penca con la que cuenta la tierra de Silvia florece un nopal orgánico, libre de químicos y por ello le vale además un certificado de la Comisión de Recursos Naturales y Desarrollo Rural (Corenadr), una instancia oficial del Gobierno de Ciudad de México, que ampara su producto distribuido a pequeños y grandes consumidores como la empresa multinacional Herdez, experta en enlatados y conservas.

Para el biólogo Alfredo Villaruel, técnico productivo de la Corenadr, Milpa Alta no solo es el corazón del nopal en la Ciudad de México, sino también el segundo mayor productor a nivel nacional.

Según Villaruel, este cultivo perenne no solo es una fuente constante de ingresos para los productores locales, sino que también brinda servicios ecosistémicos esenciales: previene la erosión del suelo, retiene la humedad y captura dióxido de carbono.

La colaboración entre comunidades como Milpa Alta y Wenshan podría abrir nuevas puertas para combatir problemas globales como la desertificación y la pobreza, reconoció.

“El nopal es una alternativa productiva para mejorar las condiciones sociales y económicas en zonas semidesérticas”, indicó Villaruel a los periodistas de la agencia Xinhua Edna Alcántara, Zhai Shurui y Wu Hao.

En Milpa Alta, el trabajo con el nopal no termina con la cosecha, pues gracias al apoyo técnico y programas impulsados por la Corenadr, los productores dicen que reciben capacitación en prácticas agrícolas orgánicas y estrategias de comercialización.

“No solo se trata de producir, sino de hacerlo bien y con conciencia”, concluyó Villaruel.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha señalado que la agroecología es clave para un futuro sostenible. En Milpa Alta, esta visión es una realidad tangible, puesto que, aparte de cultivar nopal, aquí se cultivan valores como la identidad, la resiliencia y una respuesta concreta a los retos del cambio climático.

Milpa Alta no es solo un lugar en el mapa, es el testimonio vivo del poder transformador de una comunidad que lucha por preservar su tierra y su cultura. Y, mientras existan manos como las de Silvia Laguna trabajando con amor y dedicación, el corazón verde del nopal seguirá latiendo fuerte no solo en México, sino también como ejemplo para el mundo.

Esta alcaldía concentra el 32 por ciento del suelo de conservación de la Ciudad de México, una categoría territorial destinada a proteger ecosistemas, zonas agrícolas y áreas forestales que brindan servicios ambientales esenciales como la infiltración de agua, la captura de carbono y la producción de alimentos, según cifras oficiales.

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