Agencias/Ciudad de México.- Una ejecutiva de Meta que estaba sentada en el estrado de un pequeño tribunal en Londres la semana pasada, se enfrentó a una pregunta incómoda: ¿acaso su compañía había contribuido al suicidio de una joven de 14 años llamada Molly Russell?

Instagram fue, en parte, responsable del suicidio de Molly Russell, una adolescente de 14 años, según el informe oficial de un forense. Es la conclusión tras una investigación profundizando en los hábitos de consumo de contenidos, especialmente en redes sociales, de la víctima.

Los videos e imágenes de suicidios, contenido depresivo y de autolesiones que la adolescente vio en los meses antes de su muerte en noviembre de 2017 se mostraron en una pantalla en el tribunal. A la ejecutiva se le leyó una publicación de Instagram a la que Molly le había dado me gusta o había guardado, y luego escuchó cómo esta fue copiada casi palabra por palabra en una nota llena de autodesprecio que sus papás encontraron.

“Aquí vemos cómo Instagram literalmente mete ideas a la mente de Molly”, dijo enfurecido Oliver Sanders, un abogado que representa a la familia, mientras interrogaba a la testigo.

La ejecutiva, Elizabeth Lagone, encargada de las políticas de salud y bienestar de la empresa, se inclinó hacia adelante y respondió: “Yo no sé qué es lo que pasaba por la mente de Molly”.

El forense que supervisa el caso, que en el Reino Unido es una figura de tipo judicial con una autoridad amplia para investigar y determinar de manera oficial la causa de muerte de una persona, fue mucho menos circunspecto. El viernes, dictaminó que Instagram y otras plataformas de redes sociales habían contribuido a su muerte, quizá la primera vez que se culpa legalmente a las empresas de internet por un suicidio.

“Molly Rose Russell murió a causa de un acto de autolesión como consecuencia de la depresión y los efectos negativos del contenido en línea”, afirmó el forense Andrew Walker. En lugar de clasificar oficialmente su muerte como un suicidio, declaró que el internet “afectó su salud mental de una manera negativa y contribuyó a su muerte de una manera que no es mínima”.

Un psicólogo infantil presente en el juzgado explicó que la adolescente se encontraba en peligro al tener acceso a esos tipos de contenidos. Sobre todo tomando en consideración su estado de salud mental. Además, una de las profesoras del colegio al que Molly Russell asistía, entregó evidencia de la imposibilidad de llevar registro de los riesgos a los que se someten los alumnos al tener acceso a redes sociales.

De acuerdo al informe forense, Molly Russell pudo observar unas 16,000 piezas de contenido en los últimos seis meses de vida. De los cuales 2,100 estaban relacionados con suicidios, autolesiones o depresión. Además, se descubrió que la adolescente hizo una colección de 469 imágenes de esas temáticas en Pinterest.

El forense también recordó, en sus declaraciones, que muchos de los contenidos romantizan el suicidio y la depresión. Otros incentivan a los adolescentes a no hablar de sus sentimientos y pensamientos con personas que pueden brindar ayuda.

También creo una cuenta secreta en Twitter donde publicaba contenidos relacionados a la forma en que se sentía. Entre otras, había retweets de una cuenta con más de 200,000 seguidores que publica citas relacionadas con la depresión. Aunque dejó de publicar nuevos contenidos en abril de 2021, sigue disponible y en abierto para cualquier persona.

Twitter no forma parte de las audiencias relacionadas con los efectos de las redes sociales en la muerte de Molly Russell. Los análisis forenses determinaron que su uso de esa red social fue anecdótica.

Tras la muerte de Molly Russell, la imagen de la adolescente se ha convertido, en Reino Unido, en un símbolo de la lucha en contra del efecto negativo que las redes sociales pueden ejercer sobre los adolescentes.

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