Agencias/ Ciudad de México.- Muchos venezolanos salieron en las últimas horas a las calles de Caracas a repudiar la captura del presidente Nicolás Maduro en una sorprendente operación militar estadounidense, mientras que otros muchos que están entre los que se alegran de la caída del dirigente socialista no se animan a expresar en público alguna señal de júbilo.
Y unos y otros están sumidos en la incertidumbre sobre el futuro de Venezuela.
En el convulso país sudamericano, la exvicepresidenta Delcy Rodríguez asumió el poder en reemplazo del depuesto mandatario —cuyo regreso ha exigido— sin que haya quedado aún clara la postura que tomará en sus relaciones con Estados Unidos.
La autoridad fiscal ha advertido por su lado que la captura y el próximo enjuiciamiento de Maduro en Estados Unidos son ilegales porque el otrora hombre fuerte de Venezuela goza de inmunidad como presidente.
Los partidarios de Maduro manifiestan en las calles su enojo en multitudinarias marchas, mientras que sus opositores evitan hablar de lo ocurrido y no pocas personas han adoptado la rutina de borrar videos y cualquier información en sus teléfonos móviles que pudieran dar pie a su detención por los cuerpos de seguridad.
“No sé qué pasará mañana. Se me agita el corazón cuando veo que paran a alguien en la calle y le revisan el teléfono. Esto no es vida”, dijo a The Associated Press Tibisay Pérez, una ama de casa de 52 años que compraba artículos de limpieza en una tienda del centro de Caracas.
Esta es la situación hoy en Venezuela:
¿Quiénes ejercen el poder y por cuánto tiempo?
En la víspera Delcy Rodríguez fue juramentada como presidenta en reemplazo de Maduro ante la Asamblea Nacional, de abrumadora mayoría oficialista. Constitucionalmente, era la primera en la línea de sucesión.
Rodríguez —que fue vicepresidenta y canciller de Maduro, entre otros prominentes cargos— prestó juramento como presidenta encargada por tiempo indeterminado, visto que no ha sido declarada “la falta absoluta” del dirigente socialista, que obligaría a la realización de elecciones “dentro de los 30 días consecutivos siguientes”.
Rodríguez está a la cabeza de un grupo de altos funcionarios de la administración de Maduro que ahora parecen controlar Venezuela, incluidos el ministro de Defensa, general en jefe Vladimir Padrino López, y el ministro de Relaciones Interiores, Diosdado Cabello.
¿Cuál es la postura de Rodríguez?
Aunque se ha comprometido a colaborar con la administración de Trump, no está claro si la actual mandataria finalmente se aproximará a Washington o seguirá la línea frontal de su predecesor.
El lunes, Rodríguez afirmó en una reunión con ministros que “luego de la terrible agresión militar de la que fue víctima nuestra amada patria Venezuela por parte del gobierno de los Estados Unidos, el pueblo venezolano se mantiene firme, se mantiene activo para defender a nuestra patria”.
Señaló que Venezuela ha demostrado al mundo que ha crecido en fortaleza y espiritualmente “para afrontar los desafíos, las agresiones, las amenazas”. “En lo personal, quienes me amenacen, lo digo, mi destino… no lo decide sino Dios. Esa es mi respuesta”, añadió Rodríguez sin mencionar a Trump.
¿Cuál es la postura de Estados Unidos?
Trump advirtió el domingo que si Rodríguez no se alineaba iba “a pagar un precio muy alto, probablemente mayor que Maduro”. Ella adoptó entonces un tono conciliador en redes sociales y expresó su esperanza de construir “relaciones respetuosas” con la Casa Blanca.
Pero Trump ha hecho afirmaciones de que Estados Unidos va a gobernar Venezuela sin detallar cómo lo hará, lo que ha empezado a generar preguntas entre legisladores y exfuncionarios de su país sobre cuál es el verdadero nivel de planificación diseñado para administrar el país sudamericano luego de la caída de Maduro.
Además, pese a haber manifestado que controlará las palancas del poder venezolano, parece que Washington no tiene intención de asumir la gobernanza diaria en Venezuela y permitiría que los subordinados de Maduro permanezcan en posiciones de liderazgo por ahora.
¿Quiénes son los otros hombres fuertes del oficialismo?
El ministro de Defensa, general en jefe Vladimir Padrino López, y el ministro de Relaciones Interiores, Diosdado Cabello, quienes han ratificado su fidelidad a Maduro y apoyo a la continuidad del gobierno.
Cabello participó el martes de una marcha en apoyo a Maduro y su esposa, Cilia Flores, apresada junto a él. “A quienes se ríen hoy de su propia desgracia, no entienden que aquí todavía sigue la Revolución Bolivariana. Pero no lo van a entender, y no nos interesa explicarle, que lo vivan, porque aquí la Revolución Bolivariana seguirá adelante y a Nicolás y a Cilia nos los tendrán que devolver”, dijo el funcionario.
Fue la primera vez que se lo vio en público desde la captura de Maduro y su esposa tres días atrás.
¿Cuál es la situación en términos de seguridad?
En septiembre, casi tres meses antes de su captura, Maduro firmó un decreto de “conmoción exterior” para “defender la soberanía del país” ante un eventual ataque. Lo hizo, entre otras medidas preventivas adoptadas, ante el despliegue de buques de guerra estadounidense en aguas del Caribe que, según Trump, buscan combatir a los cárteles de drogas latinoamericanos que llevan sustancias ilegales a Estados Unidos.
Maduro describió el despliegue militar estadounidense como un ataque a la soberanía de su país y parte de un esfuerzo por derrocarlo.
El decreto faculta al gobernante a implementar medidas extraordinarias en materia social, económica y política para proteger la soberanía, la integridad territorial y garantizar el funcionamiento de las instituciones y empresas estratégicas.
Ordena a los cuerpos de seguridad “emprender de manera inmediata la búsqueda y captura en todo el territorio nacional de toda persona involucrada en la promoción o apoyo del ataque”.
En las calles ya se ha empezado a sentir un mayor control de las fuerzas de seguridad, que con frecuencia paran a los ciudadanos para verificar su identidad y revisar sus pertenencias.
Activistas de los derechos humanos han alertado que, si bien las autoridades venezolanas “tienen la obligación constitucional de adoptar las medidas que consideren adecuadas para la defensa de la soberanía nacional”, esas actuaciones deben “corresponderse con una práctica que no implique violaciones de derechos humanos”.
Según la Constitución, el decreto de Estado de Conmoción Exterior se prolongará por hasta 90 días, siendo prorrogable otros 90. La aprobación de la prórroga corresponde a la Asamblea Nacional.
¿Se puede esperar una pronta liberación de Maduro?
Aunque sea muy improbable, el oficialismo y sus seguidores no cesan en solicitar la libertad del mandatario invocando el derecho internacional.
El fiscal general de Venezuela, Tarek William Saab, pidió al juez estadounidense Alvin Hellerstein que reconozca que Maduro cuenta con inmunidad por su cargo de presidente y señaló que su tribunal en Nueva York no tiene jurisdicción para juzgarlo por los cargos de narcotráfico invocados por el gobierno de Estados Unidos para justificar su captura y separación del poder.
Desde los restos humeantes de las dos catastróficas guerras mundiales del siglo pasado, las naciones se unieron para construir un entramado de normas y leyes internacionales. El objetivo era evitar que se repitieran conflictos tan devastadores en el futuro.
Ahora, ese orden mundial —cuyo epicentro está en la sede de Naciones Unidas en Nueva York, cerca de la sala del tribunal donde Nicolás Maduro fue procesado el lunes tras su destitución en Venezuela— parece estar en peligro de desmoronarse mientras la doctrina de “la fuerza hace el poder” vuelve a abrirse camino en el escenario global.
La subsecretaria general de la ONU, Rosemary A. DiCarlo, dijo el lunes ante el Consejo de Seguridad del organismo que el “mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales depende del compromiso continuo de todos los estados miembros de adherirse a todas las disposiciones de la Carta de la ONU”.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, insiste en que capturar a Maduro fue legal. Su gobierno sostiene que los carteles de la droga que operan desde Venezuela son combatientes ilegales y dijo que Estados Unidos ahora está en un “conflicto armado” con ellos, según un memorando de la Casa Blanca obtenido en octubre por The Associated Press.
La misión de capturar a Maduro y a su esposa, Cilia Flores, en su hogar en una base militar en la capital venezolana, Caracas, supuso que ahora enfrenten cargos por participar en una presunta conspiración de narcoterrorismo. El embajador de Estados Unidos ante la ONU, Mike Waltz, defendió la acción militar como una “operación quirúrgica de cumplimiento de la ley” justificada.
La medida encaja en la Estrategia de Seguridad Nacional del gobierno de Trump, que se hizo pública el mes pasado y establece como objetivo clave de su segundo mandato restaurar la “preeminencia estadounidense en el Hemisferio Occidental”.
Pero, ¿podría también servir como un modelo para futuras acciones?
Preocupación por futuras actuaciones
El domingo por la noche, Trump también puso en aviso al vecino de Venezuela, Colombia, y a su presidente izquierdista, Gustavo Petro.
En una conversación con reporteros, Trump dijo que Colombia está “dirigida por un hombre enfermo al que le gusta hacer cocaína y venderla a Estados Unidos”. La Casa Blanca sancionó en octubre a Petro, a su familia y a un miembro de su ejecutivo por acusaciones de supuesta participación en el comercio mundial de drogas. Colombia está considerada el epicentro del tráfico mundial de cocaína.
Analistas y algunos líderes mundiales —desde China hasta México— han condenado la operación en Venezuela. Algunos manifestaron su temor a que la destitución de Maduro pueda allanar el camino a más intervenciones militares y una mayor erosión del orden legal global.
El ministro de Exteriores de Francia, Jean-Noël Barrot, dijo que la captura de Maduro “va en contra del principio de no uso de la fuerza, que constituye la base del derecho internacional”.
Además, advirtió que el “creciente número de violaciones de este principio por parte de naciones investidas con la importante responsabilidad de ser miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas tendrá graves consecuencias para la seguridad global y no perdonará a nadie”.
A continuación, algunas situaciones que podrían verse afectadas por el cambio de actitud sobre estas cuestiones:
Ucrania
Durante casi cuatro años, Europa ha estado lidiando con la guerra de agresión de Rusia en la vecina Ucrania, un conflicto que afecta al flanco oriental del continente y a la alianza transatlántica de la OTAN y ha sido ampliamente calificado como una grave violación del derecho internacional.
La Unión Europea depende en gran medida del respaldo de Estados Unidos para mantener a Ucrania a flote, especialmente después de que la Casa Blanca advirtió que Bruselas debe velar por su propia seguridad en el futuro.
Vasily Nebenzya, el embajador ruso ante la ONU, dijo que la misión para capturar a Maduro equivalía a “un regreso a la era de la anarquía” por parte de Estados Unidos. Durante la reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la entidad, instó al panel de 15 miembros a “unirse y rechazar rotundamente los métodos y herramientas de la política exterior militar” de Washington.
Volodymyr Fesenko, presidente de la junta del grupo de expertos Penta en Kiev, Ucrania, manifestó que el presidente de Rusia, Vladímir Putin, ha socavado durante mucho tiempo el orden global y debilitado el derecho internacional.
“Desafortunadamente (…) las acciones de Trump han continuado esta tendencia”, apuntó.
Groenlandia
Trump avivó otra creciente preocupación para Europa al especular abiertamente sobre el futuro del territorio danés de Groenlandia.
“Ahora mismo es muy estratégico. Groenlandia está repleta de barcos rusos y chinos por todas partes”, dijo el mandatario estadoundiense a reporteros el domingo mientras volaba de regreso a Washington desde su mansión en Florida. “Necesitamos Groenlandia desde el punto de vista de la seguridad nacional, y Dinamarca no va a poder hacerlo”.
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, señaló en un comunicado que Trump “no tiene derecho a anexionar” el territorio. Además, le recordó que Dinamarca ya proporciona a Estados Unidos, miembro de la OTAN, un amplio acceso a Groenlandia a través de los acuerdos de seguridad existentes.
Taiwán
El operativo para capturar a Maduro ha desatado las especulaciones sobre la posibilidad de que China lance una iniciativa similar contra el presidente de Taiwán, Lai Ching-te. La semana pasada, en respuesta a un plan de Estados Unidos para vender un enorme paquete armamentístico a Taipéi, Beijing realizó dos días de maniobras militares alrededor de la isla autogobernada que China reclama como su territorio.
Sin embargo, es poco probable que Beijing replique las acciones de Trump en Venezuela, algo que podría resultar desestabilizador y arriesgado.
La estrategia china ha sido aumentar de forma gradual la presión sobre Taiwán mediante acoso militar y campañas de propaganda e influencia política en lugar de señalar a Lai como su objetivo. Busca presionar a Taipéi para que, en algún momento, acepte un estatus similar al de Hong Kong y Macao, que tienen gobiernos semiautónomos sobre el papel pero, en realidad, están sometidos a un creciente control por parte del gobierno en Beijing.
Para China, la captura de Maduro también suma una capa de incertidumbre a la capacidad del gobierno de Trump para actuar de forma rápida, impredecible y audaz contra otros gobiernos. Beijing criticó la operación en Caracas calificándola de “uso flagrante de la fuerza contra un Estado soberano”, y apuntó que Washington está actuando como “juez del mundo”.
La portavoz del Ministerio de Exteriores de China, Mao Ning, dijo el martes que Estados Unidos había “pisoteado deliberadamente la soberanía y seguridad de Venezuela”.
Oriente Medio
La implacable campaña de Israel en Gaza tras los ataques del 7 de octubre de 2023, liderados por el grupo insurgente Hamás, puso de manifiesto la incapacidad de la comunidad internacional para detener un conflicto devastador. Estados Unidos, el aliado más firme de Israel, vetó resoluciones del Consejo de Seguridad que pedían el alto el fuego en el sitiado territorio palestino.
Trump ya ha demostrado su disposición a enfrentarse a Irán, vecino de Israel y antiguo adversario de Washington, por su programa nuclear, con ataques militares a instalaciones en suelo iraní en junio de 2025.
El viernes, el presidente estadounidense advirtió a la República Islámica que si Teherán “mata violentamente a manifestantes pacíficos”, Washington “vendrá a su rescate”. La violencia que rodea a las protestas desencadenadas por la maltrecha situación económica del país causó al menos 35 fallecidos, indicaron activistas el martes.
El Ministerio de Exteriores de Irán, por su parte, condenó el “ataque ilegal de Estados Unidos contra Venezuela”.
Europa y Trump
La Unión Europea, otra institución posterior a la Segunda Guerra Mundial destinada a fomentar la paz y la prosperidad, está debatiendo cómo responder a su aliado tradicional bajo la administración Trump. En un claro indicio de la naturaleza cada vez más frágil de la relación transatlántica, la estrategia de seguridad nacional de Trump describió al bloque de 27 naciones como débil.
Aunque insiste en que Maduro no tiene legitimidad política, la UE indicó en un comunicado sobre la misión para capturarlo que “los principios del derecho internacional y la Carta de la ONU deben ser respetados”, y agregó que los miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas “tienen la responsabilidad específica de mantener esos principios”.
Pero el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, un aliado cercano de Trump, habló despectivamente acerca del papel que juega el derecho internacional en la regulación del comportamiento de los países.
Las reglas internacionales, declaró, “no gobiernan las decisiones de muchas grandes potencias. Esto es completamente obvio”.
El presidente Donald Trump ha ofrecido afirmaciones amplias pero vagas de que Estados Unidos va a “gobernar” Venezuela tras la destitución de Nicolás Maduro, pero no ha dado casi ningún detalle sobre cómo lo hará, lo que genera preguntas entre algunos legisladores y exfuncionarios sobre el nivel de planificación de la administración para el país después de la salida de Maduro.
Declaraciones aparentemente contradictorias de Trump y del secretario de Estado Marco Rubio han sugerido a la vez que Estados Unidos ahora controla las palancas del poder venezolano o que Estados Unidos no tiene intención de asumir la gobernanza diaria y permitirá que los subordinados de Maduro permanezcan en posiciones de liderazgo por ahora.
Rubio declaró que Estados Unidos se basaría en las sanciones existentes sobre el sector petrolero de Venezuela y las bandas criminales para ejercer influencia sobre los sucesores de Maduro.
La incertidumbre sobre los pasos definitivos en Venezuela contrasta con los años de discusiones y planificación que precedieron a intervenciones militares anteriores como en Irak en 2003, que a menudo no llevaron a los resultados esperados.
“Desacuerdo sobre cómo proceder”
La discrepancia entre lo que Trump y Rubio han dicho públicamente no ha sido bien recibida por algunos exdiplomáticos.
“Me parece que no tenemos idea alguna de qué sigue”, indicó Dan Fried, un diplomático retirado de carrera, ex subsecretario de Estado y coordinador de sanciones que sirvió bajo administraciones tanto demócratas como republicanas.
“Por buenas razones operativas, muy pocas personas sabían sobre el operativo, pero los comentarios de Trump sobre dirigir el país y la incómoda retractación de Rubio sugieren que incluso dentro de ese pequeño grupo de personas, hay desacuerdo sobre cómo proceder”, señaló Fried, quien ahora está con el grupo de expertos Atlantic Council.
Partidarios de la operación, sin embargo, insisten en que no hay confusión.
“El presidente habla en grandes titulares y eufemismos”, apuntó Rich Goldberg, un defensor de las sanciones que trabajó en el Consejo Nacional de Dominio Energético en la Casa Blanca hasta el año pasado y ahora es asesor principal de la Fundación para la Defensa de las Democracias.
Goldberg no ve a Rubio convirtiéndose en “el superintendente de escuelas”, pero “efectivamente, Estados Unidos estará tomando las decisiones”.
“Hay personas en la cima que pueden hacer que lo que queremos suceda o no, y ahora mismo controlamos sus finanzas y sus vidas”, comentó. “El presidente piensa que es suficiente y el secretario piensa que es suficiente, y si no es suficiente, lo sabremos muy pronto y lo abordaremos”.
Si existía una planificación para que Estados Unidos “gobierne” a Venezuela, estaba confinada a un pequeño grupo de aliados políticos de Trump, según funcionarios actuales de Estados Unidos, quienes señalan que Trump se basa en un círculo muy pequeño de asesores y ha dejado de lado gran parte del aparato tradicional de toma de decisiones.
Estos funcionarios, que hablaron bajo condición de anonimato para discutir su comprensión de las deliberaciones internas, sostienen que no estaban al tanto de ninguna preparación para una ocupación militar o una autoridad gubernamental civil interina, lo cual ha sido una prioridad en intervenciones anteriores. La Casa Blanca y la oficina de prensa del Departamento de Estado no respondieron a los mensajes en busca de comentarios.
Larga discusión entre agencias en intervenciones anteriores
Acciones militares anteriores que derrocaron a líderes autocráticos, notablemente en Panamá en 1989 e Irak en 2003, fueron precedidas por meses, si no años, de discusión y debate interinstitucional sobre cómo lidiar mejor con los vacíos de poder causados por la destitución de sus líderes. El Departamento de Estado, el Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, el Pentágono y la comunidad de inteligencia participaron en esa planificación.
En Panamá, la administración de George H.W. Bush tuvo casi un año completo de preparativos para lanzar la invasión que derrocó a Manuel Noriega. Sin embargo, Panamá es exponencialmente más pequeño que Venezuela, tenía una larga experiencia como territorio estadounidense de facto, y la invasión nunca tuvo la intención de retomar territorio o recursos naturales.
Por el contrario, Venezuela es mucho más grande en tamaño y población y tiene una historia de décadas de animosidad hacia Estados Unidos.
“Panamá no fue exitoso porque fue apoyado internacionalmente porque no lo fue”, aseguró Fried. “Fue un éxito porque condujo a una rápida y fluida transición a un gobierno democrático. Eso sería un éxito aquí, pero en el primer día, desechamos a alguien que tenía esas credenciales, y eso me parece absurdo”.
Se refería a la aparente desestimación de Trump de la líder opositora María Corina Machado, cuyo partido a todas luces ganó las elecciones en 2024, resultados que Maduro se negó a aceptar. Trump aseveró el sábado que Machado “no tiene el apoyo dentro ni el respeto dentro del país” para ser una líder creíble y sugirió que podría trabajar con la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez.
Resultados esperados no ocurrieron en Irak y Afganistán
Mientras tanto, los pronósticos optimistas de la administración de George W. Bush para un Irak post-Saddam Hussein, que sería un faro de democracia en el Oriente Medio, y las esperanzas de un Afganistán democrático y estable tras la destitución de los talibanes sufrieron muertes dolorosamente lentas a un tremendo costo de dinero y vidas estadounidenses después de la euforia inicial por las victorias militares.
“Venezuela no se parece en nada a Libia, no se parece en nada a Irak, no se parece en nada a Afganistán. No se parece en nada al Oriente Medio”, manifestó Rubio este fin de semana sobre Venezuela y sus vecinos. “Estos son países occidentales con largas tradiciones a nivel de pueblo a pueblo y cultural, y lazos con Estados Unidos, así que no es nada de eso”.
La falta de claridad sobre Venezuela ha sido aún más pronunciada porque Trump hizo campaña con una plataforma de sacar a Estados Unidos de guerras y enredos extranjeros, una posición respaldada por sus seguidores, muchos de los cuales están buscando explicaciones sobre lo que el presidente tiene en mente para Venezuela.
“Despierta MAGA”, publicó en X el representante republicano Thomas Massie de Kentucky, quien ha discrepado con la ciega lealtad que su partido ha ofrecido a Trump. “VENEZUELA no se trata de drogas; se trata de PETRÓLEO y CAMBIO DE RÉGIMEN. Esto no es por lo que votamos”.
El senador Rand Paul, también republicano de Kentucky, quien a menudo critica las intervenciones militares, afirmó que “el tiempo dirá si el cambio de régimen en Venezuela tiene éxito sin un costo monetario o humano significativo”.
“Es fácil argumentar tal política cuando la acción es corta, rápida y efectiva, pero mucho menos cuando ese poder unitario nos drena trillones de dólares y miles de vidas, como ocurrió en Afganistán, Irak y Vietnam”, escribió en las redes sociales.
Además de la operación en Venezuela, Trump se está preparando para tomar el timón de una Junta de Paz aún no formada para dirigir la Gaza postguerra, involucrando a Estados Unidos en otro compromiso en el Oriente Medio posiblemente durante décadas.
Y sin embargo, como finalmente demostraron las experiencias tanto en Irak como en Afganistán, ninguna cantidad de planificación garantiza el éxito.

















