Agencias/Ciudad de México.- Apenas una hora después de que los primeros misiles de Estados Unidos e Israel impactaran en Irán, el Presidente Donald Trump dejó claro que esperaba un cambio de régimen. En un video, le dijo al pueblo iraní: “ahora es el momento de tomar el control de su destino. Este es el momento de actuar. No dejen que pase”.

No suena complicado. Al fin y al cabo, con el gobierno de Irán —fundamentalmente impopular— debilitado por feroces ataques aéreos, algunos de sus principales líderes muertos o desaparecidos y Washington dando señales de apoyo, ¿qué tan difícil podría ser derrocar a un régimen represivo?

Posiblemente muy difícil. Eso dice la historia.

Washington tiene un pasado largo y complicado en lo que respecta a los cambios de régimen. Estuvieron Vietnam en las décadas de 1960 y 1970, y Panamá en 1989. Estuvieron Nicaragua en la década de 1980, Irak y Afganistán en los años posteriores al 11 de septiembre, y Venezuela hace apenas unas semanas.

También estuvo Irán. En 1953, la CIA ayudó a orquestar un golpe de Estado que derrocó al líder democráticamente electo de Irán y otorgó un poder casi absoluto al sha Mohammad Reza Pahlavi. Pero, como ocurrió con el sha —derrocado en la Revolución Islámica de 1979 en Irán tras décadas de un gobierno cada vez más impopular—, el cambio de régimen rara vez sale según lo planeado.

Los intentos de impulsar gobiernos afines a Estados Unidos a menudo comienzan con intenciones claras, ya sea la esperanza de democracia en Irak o el respaldo a un líder anticomunista en el Congo en el apogeo de la Guerra Fría. Pero con frecuencia esas intenciones tropiezan y terminan en un pantano político donde los sueños democráticos se convierten en guerra civil, dictadores antes dóciles pasan a ser una vergüenza y los soldados estadounidenses regresan a casa en bolsas para cadáveres.

Esa historia ha sido durante mucho tiempo un tema recurrente para Trump. En 2016, afirmó: “Debemos abandonar la política fallida de construcción de naciones y cambio de régimen”.

En un discurso de 2025 en Arabia Saudí, sostuvo: “Al final, los llamados ‘constructores de naciones’ destrozaron muchas más naciones de las que construyeron”, al burlarse de los esfuerzos de Estados Unidos en Afganistán e Irak. Los “intervencionistas intervenían en sociedades complejas que ni siquiera entendían”.

Ahora, tras las acciones del sábado, surge una pregunta clave: ¿entiende el gobierno de Estados Unidos de hoy en qué se está metiendo?

Ni siquiera está claro qué supondría un cambio de régimen

La economía de Irán está en ruinas y la disidencia sigue siendo fuerte incluso después de una brutal represión en enero contra las protestas, que dejó miles de muertos y decenas de miles de detenidos. Muchos de los principales aliados y fuerzas armadas aliadas del país —Hamás en Gaza, Hezbollah en Líbano, el gobierno de Assad en Siria— han sido debilitados o eliminados. Y a primera hora del domingo, los medios estatales iraníes confirmaron que Israel y Estados Unidos habían matado al líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei.

Estados Unidos no ha expuesto una visión de posguerra y ni siquiera necesariamente quiere un derrocamiento total del liderazgo iraní. Como en Venezuela, puede que ya tenga posibles aliados dentro del gobierno dispuestos a ocupar un vacío de poder.

“Pero hay muchas cosas que deben ocurrir entre ahora y un posible escenario de este tipo”, dijo Jonathan Schanzer, director ejecutivo de la Foundation for Defense of Democracies, un centro de estudios de Washington que es profundamente crítico del gobierno iraní. “Tiene que haber una sensación de que no hay salvación para el régimen como tal, y de que tendrán que trabajar con Estados Unidos”.

En un país donde los líderes principales están profundamente unidos por la ideología y la religión, eso puede ser extremadamente difícil.

“La pregunta que me hago ahora mismo es si hemos sido capaces de penetrar en las filas del régimen que no son verdaderos creyentes, que son más pragmáticos”, señaló Schanzer. “Porque no creo que los verdaderos creyentes cambien de bando”.

Simplemente es demasiado pronto para saber si —o cuánto— están cambiando los vientos políticos en Teherán. Los líderes que vengan después podrían resultar igual de represivos o ser considerados dentro del país como un títere ilegítimo de Estados Unidos.

“Veremos si elementos del régimen empiezan a moverse unos contra otros”, dijo Phillips O’Brien, profesor de estudios estratégicos en la Universidad de St. Andrews, en Escocia. “El poder aéreo puede dañar a un liderazgo”, explicó. “Pero no puede garantizar que se introduzca algo nuevo”.

La intervención de Estados Unidos en América Latina tiene una larga historia

En América Latina, la historia de intervención de Washington se remonta muy atrás: a cuando el presidente James Monroe reclamó el hemisferio como parte de la esfera de influencia de Estados Unidos hace más de 200 años.

Si la Doctrina Monroe comenzó como una forma de mantener a los países europeos fuera de la región, para el siglo XX estaba justificando desde golpes de Estado en Centroamérica hasta la fallida invasión de bahía de Cochinos en Cuba en 1961. Muy a menudo, dicen los historiadores, esa intervención condujo a violencia, derramamiento de sangre y violaciones masivas de derechos humanos. Ahí, afirman, hay una lección.

La participación directa de Estados Unidos rara vez ha “dado como resultado una estabilidad democrática a largo plazo”, dijo Christopher Sabatini, investigador principal para América Latina en el centro de estudios londinense Chatham House. Señala a Guatemala, donde la intervención de Estados Unidos en la década de 1950 condujo a una guerra civil que duró 40 años y dejó más de 200.000 muertos.

O está Nicaragua, donde el respaldo a los rebeldes de la Contra contra el gobierno sandinista en la década de 1980 contribuyó a un prolongado conflicto civil que devastó la economía, causó decenas de miles de muertes y agravó la polarización política.

Aunque la participación abierta y a gran escala de Estados Unidos en la región se fue apagando en su mayor parte tras la Guerra Fría, Trump ha reavivado ese legado.

Desde que asumió el cargo el año pasado, Trump lanzó ataques con embarcaciones contra presuntos narcotraficantes en el Caribe, ordenó un bloqueo naval a las exportaciones de petróleo venezolano y se involucró en la política electoral en Honduras y Argentina. Luego, el 3 de enero, fuerzas de Estados Unidos capturaron al líder venezolano Nicolás Maduro y lo trasladaron en avión a Estados Unidos para enfrentar cargos por drogas y armas.

Lo que siguió en Caracas puede indicar lo que la Casa Blanca espera que ocurra en Teherán. Muchos observadores pensaban que Estados Unidos respaldaría a María Corina Machado, quien desde hace tiempo ha sido el rostro de la resistencia política en Venezuela. En cambio, en la práctica Washington la dejó de lado y ha reiterado su disposición a trabajar con la presidenta encargada Delcy Rodríguez, quien había sido la segunda al mando de Maduro.

“Hay quienes podrían afirmar que lo que hicimos en Venezuela no es un cambio de régimen”, dijo Schanzer, de la Foundation for Defense of Democracies. “El régimen sigue en su lugar. Solo hay una persona que falta”.

EEUU e Israel atacan blancos en Irán mientras Trump muestra apertura a dialogar con nuevos líderes

Estados Unidos e Israel bombardearon blancos el domingo en diversas partes de Irán, lanzando bombas masivas sobre las instalaciones de misiles balísticos del país y eliminando buques de guerra como parte de una creciente campaña militar tras la muerte del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei.

Explosiones en todo el país sacudían ventanas y generaban columnas de humo que se elevaban al cielo sobre Teherán. Más de 200 personas han fallecido desde que comenzaron los ataques, indicaron autoridades iraníes.

A medida que continuaba el bombardeo, el conflicto amenazaba con ampliarse más allá de Estados Unidos, Israel e Irán. El grupo miliciano libanés Hezbollah se atribuyó ataques contra Israel, que respondió con fuego, y Estados del golfo Pérsico advirtieron que podrían tomar represalias contra Irán tras ataques que impactaron sitios clave y dejaron al menos cinco civiles muertos. Mientras tanto, potencias europeas ofrecieron ayudar a las fuerzas estadounidenses en sus intentos por detener a Irán en sus ataques a otros países.

El gobierno iraní se comprometió a vengarse, lanzando misiles contra Israel y Estados árabes del golfo Pérsico en una contraofensiva que, según las fuerzas armadas de Estados Unidos, derivó en la muerte de tres militares suyos, las primeras bajas estadounidenses conocidas en el conflicto. Los servicios de rescate de Israel indicaron que los ataques impactaron varios lugares, incluidos Jerusalén y una sinagoga en la localidad central de Beit Shemesh, donde nueve personas murieron y 28 resultaron heridas, lo que elevó el número total de muertos en el país a 11.

Los ataques contra Irán no mostraban señales de ceder, al tiempo que Estados Unidos e Israel apuntaban a buques de guerra y a instalaciones de misiles balísticos. Fue una sorprendente demostración de poderío militar por parte del presidente estadounidense Donald Trump, que llegó al cargo con el lema de “Estados Unidos primero” y la promesa de evitar “guerras eternas”.

Trump se compromete a vengar las muertes de estadounidenses

Los tres que murieron eran soldados del Ejército desplegados en Kuwait como parte de una unidad de suministros y logística, según una persona al tanto de la situación que no estaba autorizada a comentar públicamente y habló a condición de guardar el anonimato.

Israel anunció varias oleadas de ataques de aviones de combate contra Teherán, incluidos edificios pertenecientes a la Fuerza Aérea de Irán, su mando de misiles y su fuerza de seguridad interna, que reprimió violentamente protestas antigubernamentales en enero.

Por su parte, las fuerzas armadas de Estados Unidos señalaron que bombarderos furtivos B-2 han atacado las instalaciones de misiles balísticos de Irán con bombas de unos 900 kilos (2.000 libras). Trump indicó en redes sociales que nueve buques de guerra iraníes han sido hundidos y que el cuartel general de la Armada iraní había sido “destruido en gran medida”.

Otros se han mantenido al margen de la guerra y han presionado para que haya diplomacia. Pero en un indicio de que el conflicto podría involucrar a otras naciones, el Reino Unido, Francia y Alemania se dijeron el domingo listas para trabajar con Washington con el fin de ayudar a detener los ataques de Irán, y un grupo de países árabes del golfo Pérsico advirtió que se reserva el derecho de responder a los ataques iraníes.

Los ataques del fin de semana fueron la segunda vez en ocho meses que Washington y el gobierno israelí actúan en conjunto contra Teherán. En la guerra de 12 días del pasado junio, los ataques israelíes y estadounidenses debilitaron en gran medida las defensas aéreas de Irán, su liderazgo militar y su programa nuclear. Pero la muerte de Jamenei, que gobernó Irán durante más de tres décadas, crea un vacío de liderazgo, aumentando el riesgo de inestabilidad regional.

Trump, que un día antes había alentado a los iraníes a “tomar el control” de su gobierno, señaló el domingo que estaba abierto al diálogo con el nuevo liderazgo de Irán.

“Quieren hablar, y he aceptado hablar, así que estaré hablando con ellos”, dijo a The Atlantic.

La guerra se expande más allá de bases estadounidenses, Irán e Israel

En el golfo Pérsico, los ataques de represalia de Irán empujaron el conflicto hacia ciudades que durante mucho tiempo se han promocionado a sí mismas como refugios seguros regionales. Se reportó la muerte de tres personas en los Emiratos Árabes Unidos y de una en Kuwait y otra en Bahréin.

En los Emiratos Árabes Unidos, las autoridades dijeron que la mayoría de los misiles y drones iraníes fueron interceptados. Pero algunos lograron pasar o cayeron como escombros, causando las muertes y daños significativos. Bahréin y Kuwait indicaron que los ataques iraníes en ambos países impactaron objetivos civiles fuera de las bases estadounidenses en las que Irán había prometido tomar represalias.

En Líbano e Irak, grupos milicianos respaldados por Irán también ingresaron al conflicto.

La milicia chií iraquí Saraya Awliya al-Dam se atribuyó un ataque con drones el lunes contra fuerzas estadounidenses en el aeropuerto de Bagdad, ampliando aún más las represalias por la muerte de Jamenei.

El grupo es una de varias milicias chiíes que operan en Irak. Estados Unidos e Irak no comentaron de momento sobre la afirmación. Un funcionario de seguridad, que habló a condición de guardar el anonimato para poder declarar sobre información de inteligencia, confirmó que el ataque ocurrió.

En Líbano, Israel lanzó ataques contra Beirut después de que Hezbollah disparara misiles a través de la frontera el lunes en la madrugada.

Fue la primera vez en más de un año que el grupo miliciano libanés se atribuye un ataque contra Israel. El ejército israelí afirmó que Hezbollah se había “sumado a la campaña” junto a Irán.

Hezbollah declaró en un comunicado que los ataques se llevaron a cabo en represalia por el asesinato de Jamenei y por las “reiteradas agresiones israelíes” .

Periodistas de The Associated Press en Beirut se despertaron sobresaltados por una serie de fuertes explosiones que sacudieron edificios y provocaron que se rompieran ventanas. Se escuchaba a aviones de guerra volar a baja altura.

Funcionarios del gobierno libanés habían instado a Hezbollah a no entrar en la contienda en apoyo de Irán, por temor a otra guerra. El país no se ha recuperado de la última guerra entre Israel y Hezbollah, que nominalmente terminó con un alto el fuego negociado por Estados Unidos en noviembre de 2024. Desde entonces, Israel ha continuado lanzando ataques casi a diario en Líbano con el objetivo de impedir que Hezbollah se reagrupe.

Los aliados de Irán eran un fuerte motivo de preocupación para funcionarios estadounidenses e israelíes, antes de que éstos suspendieran las negociaciones y decidieran atacar al gobierno iraní.

Las calles de Teherán están desiertas en gran medida

En Teherán había pocos indicios de que los iraníes hubieran atendido la exhortación de Trump a sublevarse contra el gobierno.

Las calles estaban desiertas en gran medida, al tiempo que la gente se refugiaba durante intensos ataques aéreos, dijeron testigos a The Associated Press, quienes hablaron de forma anónima por temor a represalias. La fuerza paramilitar Basij, que ha desempeñado un papel central en disolver protestas, instaló puestos de control en toda la ciudad, señalaron.

Un profesional médico iraní en el norte de Irán dijo que él y sus colegas pasaron las primeras horas del domingo celebrando bajo techo la muerte de Jamenei, porque las fuerzas de seguridad armadas todavía están desplegadas fuertemente en su ciudad.

Había fuerzas deteniendo e interrogando a personas que celebraban en sus autos, pero no se efectuaron disparos, añadió el médico, que habló a condición de guardar el anonimato por temor a sufrir represalias.

“Fue una de las mejores noches, si no la mejor noche de nuestras vidas”, expresó el médico en un mensaje de voz desde la ciudad de Rasht. “No dormimos nada. Y ni siquiera nos sentimos cansados”.

Un testigo en la ciudad dijo a la AP que las ventanas de su apartamento se sacudieron violentamente y los residentes salieron a las calles temiendo que fuera demasiado peligroso quedarse dentro. El testigo habló a condición de guardar el anonimato por temor a sufrir represalias. Imágenes de video desde Teherán mostraron columnas de humo que cubrían el horizonte, y la agencia oficial de noticias IRNA reportó que partes del edificio de la Radiodifusión de la República Islámica de Irán (IRIB) fueron impactadas el domingo.

En el sur de Irán, al menos 165 personas murieron el sábado cuando una escuela de niñas fue alcanzada, y decenas más resultaron heridas, publicó IRNA. El ejército israelí dijo no tener conocimiento de ataques en la zona. Las fuerzas armadas de Estados Unidos señalaron que estaban investigando los reportes.

Irán promete vengarse y se moviliza para elegir a un nuevo líder

En su papel de líder supremo, Jamenei tenía la última palabra sobre todas las políticas principales desde 1989. Dirigió a la clase clerical de Irán y a la Guardia Revolucionaria, los dos principales centros de poder en la teocracia gobernante.

El presidente iraní Masoud Pezeshkian indicó en un mensaje pregrabado que un nuevo consejo de liderazgo había comenzado a laborar. El ministro de Relaciones Exteriores del país, Abbas Araghchi, anunció que un nuevo líder supremo será elegido en “uno o dos días”.

Araghchi, el ministro de Relaciones Exteriores de Irán, culpó a Estados Unidos e Israel de iniciar la guerra. Dijo que había hablado con sus homólogos en los países del golfo Pérsico y les instó a presionar a Estados Unidos e Israel para ponerle fin.

“Han cruzado nuestra línea roja y deben pagar el precio”, aseveró el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Qalibaf, en un discurso televisado. “Asestaremos golpes tan devastadores que ustedes mismos se verán obligados a suplicar”.

En una publicación en redes sociales, Trump advirtió contra cualquier represalia, diciendo: “¡Si lo hacen, los golpearemos con una fuerza que nunca se ha visto antes!”.

La oportunidad de matar a altos líderes fue “de oro”

Un funcionario militar israelí describió la misión del sábado contra el liderazgo iraní como el resultado de meses de “coordinación extremadamente alta” con Estados Unidos. El funcionario, que habló a condición de guardar el anonimato para poder declarar sobre una operación encubierta, dijo que una variedad de factores creó una “oportunidad de oro”. Esos factores incluyeron semanas de entrenamiento y monitoreo de los movimientos de figuras de alto nivel, junto con “inteligencia en tiempo real” de que los blancos estaban reunidos.

Los resultados, explicó el funcionario, fueron ataques casi simultáneos, con una diferencia de 60 segundos entre uno y otro, en tres lugares a 1.600 kilómetros (1.000 millas) de Israel en los que murieron Jamenei y unos 40 personajes de alto nivel, incluido el jefe de la Guardia Revolucionaria y el ministro de Defensa del país.

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