Agencias/Redacción InsurgentePress/Ciudad de México.- Sicarios tiraron los cuerpos sin vida de cinco hombres a la orilla de la Maxipista Culiacán-Mazatlán, a la altura del kilómetro 122, en medio de la crisis de gobernabilidad y violencia sin control que ha dejado más de 200 muertos en los últimos 35 días en Sinaloa.
Una llamada anónima al número de emergencia 911 alertó a las autoridades sobre la presencia de restos humanos sobre la orilla en ese tramo de la carretera a la altura de la comunidad Laguna de Canichi, de la sindicatura de Baila que forma parte del municipio de Culiacán.
Peritos de la Fiscalía General del Estado (FGE) arribaron al perímetro en el que hallaron los cuerpos semi-desnudos con signos de tortura que forman parte de la cifra siniestra de narco-guerra que mantienen dos fracciones del poderoso Cártel de Sinaloa.
#ÚltimaHora| Hallan a cinco personas ejecutadas en la maxipista Culiacán-Mazatlán, en el km 114 inmediaciones de la Laguna de Canachi. pic.twitter.com/9ny40tFlCY
— Luis Alberto Díaz y Los Noticieristas (@noticieristas) October 15, 2024
El pasado 25 de julio, en un confuso operativo que las autoridades estadounidenses siguen sin aclarar por completo, capturaron a Ismael ‘El Mayo’ Zambada García, junto a Joaquín Guzmán López, uno de ‘Los Chapitos’ en un aeropuerto de El Paso, Texas.
El Gobierno mexicano no participó en el operativo y se enteró con los hechos consumados.
Después de la sorpresa inicial, circuló la versión que se ha convertido en una verda urbana, que señaló a Guzmán López de haber secuestrado, con el apoyo de agentes de Estados Unidos a ‘El Mayo’ Zambada, abriendo la puerta a una disputa interna encarnizada en el Cártel de Sinaloa.
El pasado 10 de agosto, Ismael “El Mayo” Zambada reveló en una carta difundida a través de su abogado que el día de su arresto había sido citado a una reunión con el Gobernador emanado del partido oficialista MORENA, Rocha Moya y el ex rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) Héctor Melesio Cuén Ojeda, siendo secuestrado y posteriormente trasladado a El Paso, Texas, Estados Unidos.
En la carta difundida por periodistas estadounidenses atribuidas en primera persona a ‘El Mayo’ Zambada, narró los hechos registrados en Sinaloa antes de ser entregado a las autoridades estadounidenses en El Paso, Texas.
En la carta ‘El Mayo’ Zambada aseguró que habría sido secuestro tras acudir a una reunión en la que supuestamente acuduría el gobernador de Sinaloa, Rocha Moya y Cuen Ojeda exalcalde de Culiacán y exrector de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS).
‘El Mayo’ relató que fue invitado a la reunión por Joaquín Guzmán López “para ayudar a resolver las diferencias entre los líderes políticos de nuestro estado”, dado que existía una disputa entre el gobernador Rocha Moya y Cuen Ojeda, sobre quién dirigiría la UAS.
De acuerdo a ‘El Mayo’ la reunión se llevaría a cabo en el rancho y centro de eventos Huertos del Pedregal, ubicado a las afueras de Culiacán.
Zambada describió que en el lugar había hombres armados vestidos de verde. Y él llegó acompañado por cuatro integrantes de su cuerpo de seguridad.
‘El Mayo’ reveló que ese día vio con vida a Cuén Ojeda, diputado federal electo asesinado horas después en Culiacán, Sinaloa.
“Me pidieron que asistiera a una reunión para ayudar a resolver diferencias entre los líderes políticos en nuestro estado. Estaba al tanto de una disputa en curso entre Rubén Rocha Moya, el Gobernador de Sinaloa, y Héctor Melesio Cuén Ojeda, el ex congresista federal, Alcalde de Culiacán y Rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), sobre quién debería liderar esa institución.
“Me dijeron que, además de Héctor Cuén y el Gobernador Rocha Moya, también estaría presente Iván Guzmán Salazar”, señaló “El Mayo”, según un documento compartido en X por Alan Feuer, periodista del NYT.
Según Zambada García, llegó a la cita con anticipación, pero fue emboscado por hombres armados y transportado en un avión privado a Estados Unidos.
Contó que ese 25 de julio, arribó antes de las 11:00 horas a un rancho y centro de eventos llamado Huertos del Pedregal, a las afueras de Culiacán.
Añadió que llegó con un comandante de la Policía Judicial de Sinaloa, a quien identificó como José Rosario Heras López, y quien sigue en calidad de desaparecido hasta la fecha.
“Vi un gran número de hombres armados vestidos con uniformes militares verdes que supuse eran pistoleros de Joaquín Guzmán y sus hermanos. Estaba acompañado por cuatro miembros de mi equipo de seguridad, de los cuales dos se quedaron afuera del perímetro.
“Los dos que entraron conmigo fueron José Rosario Heras López, Comandante en la Policía Judicial del Estado de Sinaloa, y Rodolfo Chaidez, un miembro de mi equipo de seguridad desde hace mucho tiempo”, dijo.
Pero tan pronto como lo vio llegar, Joaquín Guzmán le dijo que lo siguiera, pues estaba confiado de quiénes asistirían al encuentro. Pero todo sirvió para secuestralo.
“Mientras caminaba hacia el área de la reunión, vi a Héctor Cuén y a uno de sus asistentes. Los saludé brevemente antes de entrar a una habitación que tenía una mesa llena de frutas.
“Vi a Joaquín Guzmán López, a quien conozco desde que era un joven, y me hizo una seña para que lo siguiera. Confié en la naturaleza de la reunión y las personas involucradas, así que lo seguí sin dudarlo.
“Me llevaron a otra habitación que estaba oscura. Tan pronto como entré en esa habitación, fui emboscado. Un grupo de hombres me asaltó, me golpeó en el suelo y me colocó una capucha de color oscuro sobre mi cabeza.
“Me ataron y esposaron, y luego me obligaron a subir a una camioneta. Durante todo este trayecto, fui sometido a abuso físico, lo que resultó en lesiones significativas en mi espalda, rodilla y muñecas”, reprochó.
Pasados entre 20 o 25 minutos, agregó, ya estaba en una pista de aterrizaje y de ahí fue transportado a Estados Unidos en aeronave desconocida, donde solo iban él, el piloto y el hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán.
“Joaquín me quitó la capucha de la cabeza y me ató con ligaduras de plástico al asiento. No había nadie más a bordo del avión excepto Joaquín, el piloto y yo.
“El vuelo duró alrededor de 2 horas y media a 3 horas, sin paradas hasta que llegamos a El Paso, Texas. Fue allí en la pista donde los agentes federales de los Estados Unidos tomaron custodia de mí”, relató.
Cuén Ojeda, aseguró Zambada García, fue asesinado ese mismo día después de verlo y no por la noche en un aparente intento de robo, como declararon autoridades de Sinaloa.
“Soy consciente de que la versión oficial que cuentan las autoridades estatales de Sinaloa es que Héctor Cuén fue baleado en la noche del 25 de julio en una gasolinera por dos hombres en una motocicleta que querían robar su camioneta. Eso no es lo que sucedió.
“Fue asesinado al mismo tiempo y en el mismo lugar donde fui secuestrado”, aseguró Zambada García.
Asimismo, lamentó que hayan ejecutado al ex Rector de la UAS porque era su amigo. Pero también afirmó que el comandante Heras López y su escolta de confianza, Chaidez, están desaparecidos.
“Héctor Cuen era un amigo mío de larga data, y lamento profundamente su muerte, así como la desaparición de José Rosario Heras López y Rodolfo Chaidez, de quienes nadie ha sabido nada desde entonces”, denunció.
El líder del Cártel de Sinaloa reiteró que no cooperó con el Gobierno de Estados Unidos y fue llevado contra su voluntad.
“La idea de que me entregué o cooperé voluntariamente es completamente y categóricamente falsa. Fui llevado a este país (Estados Unidos) por la fuerza y bajo coacción, sin mi consentimiento y en contra de mi voluntad”, manifestó.
Argumentó que ofrece su versión para que se conozca cómo ocurrió su detención y pidió a las autoridades de México y de Estados Unidos para que transparenten el caso.
“Creo que es importante que salga la verdad. Esto es lo que ocurrió, en lugar de las historias falsas que están circulando.
“Hago un llamado a los Gobiernos de México y los Estados Unidos para que sean transparentes y proporcionen la verdad sobre mi secuestro a los Estados Unidos y sobre las muertes de Héctor Cuén, Rosario Heras, Rodolfo Chaidez y cualquier otra persona que pueda haber perdido la vida ese día”, abundó.
A partir de esa fecha se temió una crisis de violencia, que finalmente estalló, el pasado 9 de septiembre.
Desde entonces, el miedo ha permeado entre los habitantes que han visto la secuencia de los tiroteos día tras día y noche tras noche en medio del vacío de poder gubernamental que suspendió las clases desde el nivel básico hasta el superior y los festejos del Grito de la Independencia del pasado 15 de septiembre, en Sinaloa.
El olor a pólvora, reguero de casquilos percutidos y hombres ejecutados rodean por doquier cada rincón de las calles de Sinaloa. El monstruo del narcotráfico está allí y reclama venganza derivado de las traiciones del poder en turno hacia uno de los históricos capos de la región: Ismael ‘El Mayo’ Zambada.
Los habitantes no han podido apartar el miedo y optaron por permanecer callados al interior de sus viviendas para evitar ser alcanzados por alguna bala pérdida en las calles. Cualquier ruido o sombra extraña los obliga a buscar las áreas de mayor seguridad en sus viviendas.
La disputa entre ‘Los Chapitos’ y ‘Los Mayos’ antes socios hoy enemigos irreconciliables ha desatado una cacería que prevé no dejar carne viva entre ellos.
En 35 días oficialmente han sido contabilizados más de 200 cadaveres, 11 heridos de bala y 234 desaparecidos de manera forzada en Culiacán y Eldorado, Sinaloa. Y otros que han muerto con los pertrechos de ‘guerra’ puestos en lugares oscuros de los que ninguna autoridad ha dado cuenta.
Los intercambios de fuego entre los sicarios de “Los Chapitos”, como se le conoce a los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán, contra los pistoleros de “El Mayito Flaco”, hijo de Ismael ‘El Mayo’ Zambada, llevan dedicatorias de balas con destino al infierno.
El mensaje entre los pistoleros de ‘Los Chapitos’ y ‘El Mayito Flaco’ ha sido claro: ningún rival quedará de pie, la ‘traición’ se paga con sangre y esa ya corre a chorros en Sinaloa.
El pasado 5 de octubre, unos 590 elementos de la Guardia Nacional se sumaron a los contingentes desplegados en el estado de las Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano y Fuerza Aérea, que desde inicios de septiembre mantienen operativos de seguridad en Sinaloa.


















