Agencias/Ciudad de México.- Ubicación, ubicación, ubicación: La posición de Groenlandia por encima del Círculo Polar Ártico convierte a la isla más grande del mundo en una parte clave de la estrategia de seguridad. ¿Pero para quién?

El aumento de las tensiones internacionales, el calentamiento global y la cambiante economía mundial han puesto a la isla en el centro del debate sobre el comercio y la seguridad global, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quiere asegurarse de que su país controle el territorio, rico en minerales, que protege los accesos del Ártico y el Atlántico Norte hacia América del Norte.

Groenlandia es un territorio autónomo de Dinamarca, un aliado de larga data de Estados Unidos que ha rechazado las propuestas de Trump. El propio gobierno de la isla también se opone a los planes de Estados Unidos sobre ella, afirmando que el pueblo groenlandés decidirá su propio futuro.

La isla, 80% de la cual se encuentra por encima del Círculo Polar Ártico, es hogar de unas 56.000 personas, en su mayoría de la etnia inuit, que hasta ahora ha sido casi ignorada por el resto del mundo.

Esta es la razón por la que Groenlandia es estratégicamente importante para la seguridad del Ártico:

La ubicación de Groenlandia es clave

Groenlandia se encuentra frente a la costa noreste de Canadá, y más de dos tercios de su territorio están dentro del Círculo Polar Ártico. Esto la ha convertido en un elemento crucial para la defensa de América del Norte desde la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos ocupó la isla para asegurarse de que no cayera en manos de la Alemania nazi y proteger las cruciales rutas de navegación del Atlántico Norte.

Tras la Guerra Fría, el Ártico fue en gran medida un área de cooperación internacional. Pero el cambio climático está adelgazando el hielo del Ártico y promete crear un paso al noroeste para el comercio internacional, además de reavivar la competencia con Rusia, China y otros países por el acceso a los recursos minerales de la región.

Amenazas de seguridad para el Ártico

En 2018, China se declaró a sí misma como un “estado cercano al Ártico” en un esfuerzo por ganar más influencia en la región. Beijing también ha anunciado planes para construir una “Ruta Polar de la Seda” como parte de su Iniciativa de la Franja y la Ruta, que ha generado vínculos económicos con países de todo el mundo.

El entonces secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, rechazó la medida de China, diciendo: ”¿Queremos que el Océano Ártico se transforme en un nuevo Mar de China Meridional, plagado de militarización y reclamaciones territoriales en competencia?”

Por su parte, Rusia ha buscado afirmar su influencia sobre amplias áreas del Ártico en competencia con Estados Unidos, Canadá, Dinamarca y Noruega. Moscú también ha buscado aumentar su presencia militar en la región polar, sede de su Flota del Norte y un sitio donde la Unión Soviética probó armas nucleares. Oficiales militares rusos han dicho que el sitio está listo para reanudar las pruebas, si es necesario.

En los últimos años, el Ejército ruso ha restaurado la antigua infraestructura soviética en el Ártico y ha construido nuevas instalaciones. Desde 2014, ha abierto varias bases militares en el Ártico y ha trabajado en la reconstrucción de aeródromos.

Las preocupaciones de los líderes europeos se intensificaron tras la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia en 2022. El año pasado, el presidente ruso Vladímir Putin señaló que su país está preocupado por las actividades de la OTAN en el Ártico y responderá fortaleciendo la capacidad de sus fuerzas armadas en la región.

“Rusia nunca ha amenazado a nadie en el Ártico, pero seguiremos de cerca los acontecimientos y montaremos una respuesta adecuada aumentando nuestra capacidad militar y modernizando la infraestructura militar”, afirmó Putin en marzo en un foro de políticas realizado en el puerto ártico de Murmansk.

Sin embargo, agregó que Moscú mantenía la puerta abierta a una cooperación internacional más amplia en la región.

Presencia militar de Estados Unidos en Groenlandia

El Departamento de Defensa de Estados Unidos opera la remota Base Espacial Pituffik en el noroeste de Groenlandia, construida después de que Estados Unidos y Dinamarca firmaran el Tratado de Defensa de Groenlandia en 1951. Apoya operaciones de advertencia de misiles, defensa de misiles y vigilancia espacial para Estados Unidos y la OTAN.

Groenlandia también protege parte de lo que se conoce como la Brecha GIUK (Groenlandia, Islandia, Reino Unido, por sus siglas en inglés), donde la OTAN monitorea los movimientos navales rusos en el Atlántico Norte.

Fuerzas armadas danesas en Groenlandia

Dinamarca ha tomado medidas para fortalecer su presencia militar alrededor de Groenlandia y en el Atlántico Norte en general. El año pasado, el gobierno anunció un acuerdo de aproximadamente 14.600 millones de coronas (2.300 millones de dólares) con socios entre los que están los gobiernos de Groenlandia y las Islas Feroe, otro territorio autónomo de Dinamarca, para “mejorar las capacidades de vigilancia y mantener la soberanía en la región”.

El plan incluye tres nuevos buques navales árticos, dos drones de vigilancia de largo alcance adicionales y capacidad satelital.

El Comando Ártico Conjunto de Dinamarca tiene su sede en Nuuk, la capital de Groenlandia, y se encarga de la “vigilancia, afirmación de soberanía y defensa militar de Groenlandia y las Islas Feroe”, según su sitio web. Tiene estaciones satelitales más pequeñas en toda la isla.

La Patrulla de Trineos de Perros Sirius, una unidad naval danesa de élite que realiza reconocimientos de largo alcance y defiende la soberanía danesa en la naturaleza ártica, también está estacionada en Groenlandia.

Riqueza de minerales de tierras raras

Groenlandia también es una rica fuente de los llamados minerales de tierras raras, que son un componente clave de teléfonos móviles, computadoras, baterías y otros dispositivos de alta tecnología que, según previsiones, impulsarán la economía mundial en las próximas décadas.

Eso ha atraído el interés de Estados Unidos y otras potencias occidentales mientras intentan reducir el dominio de China en el mercado de estos importantes minerales.

El desarrollo de los recursos minerales de Groenlandia es un desafío debido al áspero clima de la isla, mientras que los estrictos controles ambientales han sido un obstáculo adicional para los posibles inversores.

 

Los legisladores republicanos están apresurándose para contener las amenazas del presidente Donald Trump de tomar posesión de Groenlandia, y algunos están mostrando la oposición más enérgica a casi cualquier cosa que la administración Trump haya hecho desde que asumió el cargo.

La semana pasada, pronunciaron discursos en el pleno sobre la importancia de la OTAN. Introdujeron proyectos de ley destinados a evitar que Estados Unidos ataque Dinamarca. Y varios viajaron a Copenhague para reunirse con sus homólogos daneses.

Pero no está claro si eso será suficiente, ya que el presidente sigue insiste en que tomará el control de la isla ártica. Esto ha generado temores de un fin de la OTAN, una alianza de décadas que ha sido un pilar de la fuerza estadounidense en Europa y en todo el mundo, y ha planteado preguntas en el Capitolio y en todo el mundo sobre lo que significará la política exterior agresiva y unilateral de Trump para el orden mundial.

“Cuando la nación militar más poderosa del mundo amenaza tu territorio a través de su presidente una y otra vez, empiezas a tomarlo en serio”, afirmó el senador Chris Coons a The Associated Press.

El demócrata de Delaware organizó el viaje bipartidista a Dinamarca para “bajar un poco la temperatura”, dijo, así como para continuar las conversaciones sobre acuerdos militares mutuos en el Ártico. Los senadores republicanos Thom Tillis, de Carolina del Norte, y Lisa Murkowski, de Alaska, acompañaron a un grupo de demócratas en el viaje. Además, legisladores republicanos estuvieron en reuniones en Washington la semana pasada con los cancilleres danés y groenlandés, donde discutieron acuerdos de seguridad.

Sin embargo, está claro que Trump tiene otras ideas. Dijo el sábado que impondrá aranceles del 10% a partir de febrero a ocho naciones europeas que se oponen a sus planes para Groenlandia.

Trump dijo en las redes sociales que debido a los sistemas de armas modernos “la necesidad de ADQUIRIR es especialmente importante”.

Resistencia a los planes de Trump para Groenlandia

Republicanos clave han dejado claro que creen que tomar Groenlandia por la fuerza está fuera de discusión. Pero hasta ahora, han evitado reprender directamente a Trump por su discurso.

En las redes sociales, Tillis calificó los planes de aranceles de Trump como “malos para Estados Unidos, malos para las empresas estadounidenses y malos para los aliados de Estados Unidos”.

El líder de la mayoría del Senado, John Thune, republicano de Dakota del Sur, dijo a los periodistas el jueves que “ciertamente no hay apetito aquí para algunas de las opciones que se han mencionado o considerado”.

En un discurso en el pleno, el predecesor de Thune como líder republicano, el senador Mitch McConnell, advirtió que un intento de apoderarse de Groenlandia “rompería la confianza de los aliados” y empañaría el legado de Trump con una desastrosa decisión de política exterior.

Legisladores republicanos y demócratas por igual ven un camino obvio para fortalecer los intereses estadounidenses en Groenlandia mientras mantienen intacta la relación con Dinamarca, aliada de la OTAN.

En una reunión con legisladores el jueves, el ministro danés de Relaciones Exteriores, Lars Løkke Rasmussen, y su homóloga groenlandesa, Vivian Motzfeldt, discutieron cómo los países podrían trabajar juntos para desarrollar industrias minerales críticas y cooperación militar, dijo Coons. Los diplomáticos también dijeron a los senadores que no hay evidencia de actividad china o rusa en Groenlandia.

Trump dice que Estados Unidos debería tomar Groenlandia antes de que lo hagan China o Rusia, lo que ha generado preocupación en toda Europa. Tropas de varias naciones han sido enviadas a Groenlandia en apoyo de Dinamarca.

Murkowski dijo en las redes sociales que “nuestros aliados de la OTAN se ven obligados a desviar atención y recursos hacia Groenlandia, una dinámica que cae directamente en manos de Putin al amenazar la estabilidad de la coalición más fuerte de democracias que el mundo haya visto”.

¿Qué puede hacer el Congreso?

Los legisladores están considerando algunas opciones para sacar del tablero un ataque militar a Groenlandia. Sin embargo, la administración Trump ha mostrado poca o ninguna disposición a obtener la aprobación del Congreso antes de tomar acción militar.

Los legisladores, incluidos republicanos como Murkowski, están impulsando una legislación que prohibiría que los fondos del Departamento de Defensa se utilicen para atacar u ocupar territorio que pertenece a otros miembros de la OTAN sin su consentimiento.

La senadora de Alaska también sugirió que el Congreso podría actuar para anular los aranceles de Trump. Murkowski y varios otros republicanos ya han ayudado a aprobar resoluciones el año pasado destinadas a deshacer aranceles en todo el mundo, pero esas piezas de legislación no ganaron tracción en la Cámara de Representantes. También habrían requerido la firma de Trump o el apoyo de dos tercios de ambas cámaras para anular su veto.

Los demócratas también han encontrado algo de tracción con resoluciones de poderes de guerra destinadas a obligar al presidente a obtener la aprobación del Congreso antes de participar en hostilidades. La semana pasada, los republicanos derrotaron por poco una de esas resoluciones que prohibiría a Trump atacar nuevamente a Venezuela, y los demócratas piensan que podría haber más republicanos que apoyen una que aplique a Groenlandia.

“Lo que he notado es que estas resoluciones de poderes de guerra, ejercen cierta presión sobre los republicanos”, dijo el senador Tim Kaine, un demócrata de Virginia que ha forzado votaciones sobre varias resoluciones similares. Agregó que la táctica también ha obligado a la administración Trump a proporcionar a los legisladores informes y compromisos para obtener la aprobación del Congreso antes de desplegar tropas.

Sin embargo, al desestimar la resolución de poderes de guerra sobre Venezuela el miércoles, los líderes republicanos argumentaron que la legislación debería ser descartada porque la administración Trump ha dicho que actualmente no hay tropas estadounidenses en el terreno en Venezuela.

Ese argumento puede sentar un precedente para futuras resoluciones de poderes de guerra, dando a los republicanos una forma de evitar votar en contra de los deseos de Trump.

“Si no tienes botas en el terreno, es un punto discutible”, dijo el senador Mike Rounds, un republicano de Dakota del Sur, sobre las resoluciones de poderes de guerra en general. También argumentó que la perspectiva de tomar Groenlandia en contra de las objeciones de Dinamarca no es “más que un hipotético”.

Otros republicanos han expresado su apoyo a la insistencia de Trump de que Estados Unidos posea Groenlandia, aunque han minimizado la idea de tomarla por la fuerza.

Eso ha dejado las objeciones más fuertes en el lado republicano del pasillo viniendo de un puñado de legisladores que dejarán el Congreso el próximo año.

El representante Don Bacon, un republicano de Nebraska, dijo al Omaha World Herald que una invasión de Groenlandia llevaría al juicio político de Trump, algo que él “se inclinaría” a apoyar.

Tillis, otro republicano que se retira, ha dirigido su crítica a asesores de Trump como el subjefe de despacho de la Casa Blanca, Stephen Miller.

“El hecho de que un pequeño puñado de ‘asesores’ esté impulsando activamente acciones coercitivas para apoderarse del territorio de un aliado es más que estúpido”, expresó.

 

La disputa entre Estados Unidos y Europa sobre el futuro de Groenlandia no es la primera vez que los aliados han estado en desacuerdo.

Desde la Segunda Guerra Mundial, han surgido profundas desavenencias de vez en cuando, provocando crisis diplomáticas transatlánticas.

Aquí un vistazo a algunas de ellas.

Crisis de Suez

Cuando Francia, el Reino Unido e Israel invadieron Egipto en 1956, con el objetivo de derrocar al presidente egipcio Gamal Abdel Nasser y retomar el control del Canal de Suez, Estados Unidos empleó una fuerte presión diplomática y económica para detenerlo.

La intervención de Estados Unidos tensó severamente las relaciones de Washington con Londres y París, que eran aliados clave durante la Guerra Fría, y fue un hito en la menguante influencia de Europa en la posguerra.

Guerra de Vietnam

Aunque los países europeos, excepto Francia, brindaron apoyo diplomático a Estados Unidos, se negaron a proporcionar tropas.

Las protestas callejeras en Europa contra la guerra tuvieron un costo político significativo para los gobiernos del continente, que tuvieron que reconciliar su apoyo a Estados Unidos con una erosión de su popularidad interna, y fueron una carga para las relaciones transatlánticas.

Crisis de los euromisiles

El despliegue por parte de Rusia de sus nuevos misiles SS-20, que podían alcanzar rápidamente objetivos en Europa Occidental, obligó a la OTAN a instalar misiles balísticos Pershing con ojivas nucleares y misiles de crucero en Europa para mantener el equilibrio de la amenaza de armas nucleares.

La medida provocó un alboroto en el continente, donde se profundizaron los temores de una nueva carrera armamentista. Enormes manifestaciones pacifistas antinucleares, con manifestantes que a menudo dirigían su ira hacia Washington, llenaron las calles de las capitales europeas en la década de 1980.

Invasión de Irak

La invasión de Irak por parte de Estados Unidos en 2003 provocó una gran crisis en las relaciones con Europa, especialmente con Francia y Alemania, que se negaron a apoyar el ataque al gobierno del presidente Saddam Hussein.

Funcionarios de Washington reprendieron a París y Berlín. El secretario de Defensa Donald Rumsfeld se refirió a ellos como “la Vieja Europa” y elogió a los países de Europa del Este como “la Nueva Europa”.

Detenciones clandestinas

Como parte de su “guerra contra el terrorismo”, Estados Unidos capturó y a veces secuestró a sospechosos, y luego los transfirió a ubicaciones en países donde fueron interrogados y a menudo torturados de manera clandestina.

Aunque algunos gobiernos europeos fueron cómplices del programa, una protesta pública obligó a los líderes políticos a denunciar la práctica.

Guerra en Ucrania

Cuando el presidente Donald Trump regresó a la Casa Blanca en enero de 2025, trastocó tres años de política estadounidense hacia la invasión de Ucrania por parte de Rusia.

Trump alabó al presidente ruso Vladímir Putin, fue frío hacia el presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy, y luego redujo significativamente la ayuda militar de Estados Unidos para Kiev.

Líderes europeos alarmados, que ven su propia seguridad en juego en Ucrania, han presionado a Trump para que esté del lado de Kiev.

Estrategia de seguridad nacional

La administración Trump estableció una nueva estrategia de seguridad nacional el pasado diciembre que retrataba a los aliados europeos como débiles.

Fue mordaz con sus políticas de migración y libertad de expresión, sugirió que enfrentan la “perspectiva de un exterminio civilizacional” y puso en duda su fiabilidad a largo plazo como socios estadounidenses.

Aranceles comerciales

Con las relaciones entre Estados Unidos y Europa deteriorándose, Trump amenazó al continente el pasado julio con fuertes aranceles comerciales en lo que se consideró un movimiento profundamente hostil.

Trump anunció inicialmente aranceles del 30% sobre la Unión Europea, que es el mayor socio comercial de Estados Unidos. Ambas partes acordaron posteriormente un marco comercial que establece un arancel del 15% sobre la mayoría de los bienes.

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