Agencias/Ciudad de México.- En vista de la popularidad del deporte, no es de extrañar que los partidos también aborden el tema en sus programas electorales, aunque en distinta medida.

Mientras que el Partido socialdemócrata (SPD), el cristianodemócrata (CDU) y Los Verdes tratan la materia con relativo detalle, la formación de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD) ni siquiera lo menciona. Muchas de las declaraciones de los partidos sobre el deporte son más bien generales, pocas son específicas.

El aparente giro de los electores alemanes hacia la derecha también ha dejado su huella en el fútbol. Muchos equipos y aficionados se han manifestado contra la ultraderecha tanto en los estadios como en las calles. Clubes importantes como Werder Bremen, VfL Bochum, Mainz 05, Köln y Hannover 96 han llamado a sus seguidores a oponerse a los radicales de derecha.

El éxito sostenido que ha mostrado en las encuestas Alternativa para Alemana (AfD) parece haber agudizado el problema, de cara a las elecciones del próximo 23 de febrero. En un reciente partido del St. Pauli, un equipo de Hamburgo con arraigada tradición antifascista, los hinchas expresaron sus sentimientos coreando “¡todo Hamburgo odia a AfD!”.

Pero esta explosión está lejos de ser universal. Algunos hinchas comprometidos políticamente señalan que, en los últimos años, la tendencia entre los fanáticos más bien ha sido evitar las demostraciones públicas de este tipo.

“Me gustaría que tuvieran más coraje”, dice Rico Noack, presidente de Gesellschaftsspiele, una organización de fanáticos del fútbol que ayudan a promover una sociedad más inclusiva. Demasiado a menudo, dice, ha visto a los hinchas negociando cuando se trata de temas políticos, “y luego llegan a un consenso mínimo o no dicen absolutamente nada”.

Esto es paradójico, porque las guerras culturales alemanas suelen centrarse en el fútbol, que es, con mucho, el deporte más popular del país. La presencia de la selección alemana en el Mundial de 2022 en Qatar se volvió política cuando el equipo declaró su intención de usar un brazalete con la leyenda “One Love” para protestar por las leyes del país anfitrión contra las personas de la comunidad LGBTQ+.

De manera similar, cuando en 2024 Alemania fue anfitriona de la Eurocopa, AfD aprovechó la oportunidad para lanzar su propio ataque contra lo que consideró una muestra de la cultura “woke” en el fútbol. Maximilian Krah, el principal candidato del partido en las elecciones europeas de junio, describió a la selección nacional masculina como “una tropa mercenaria políticamente correcta”.

“El fútbol es más político que nunca”, afirma Noack, que ve que el giro hacia la derecha de la sociedad alemana también se refleja en las tribunas. Tanto él como el periodista Ronny Blaschke, que acaba de publicar un libro sobre el racismo en el fútbol, han notado que las declaraciones racistas se han vuelto menos raras en las gradas.

“Sobre todo después de la llamada crisis de los refugiados en 2015, hemos observado un giro hacia la derecha en los estadios, donde tenemos más incidentes racistas contra jugadores negros”, dice Blaschke. “Existe un racismo generalizado, en las redes sociales puedes ver siempre comentarios cuando aparecen jugadores alemanes negros en las selecciones menores o en la principal. Puedes buscarlos y verás muchos comentarios racistas”.

La cultura futbolística alemana es compleja. Algunos clubes, como St. Pauli, tienen una identidad de izquierda desde hace mucho tiempo. Otros, como Alemannia Aachen, tienen vínculos con la ultraderecha, aunque el club lo niega. Otros equipos tienen hinchadas tanto de izquierda como de derecha. Noack ha notado que, en el caso de algunos clubes, la política pasa a segundo plano cuando se juega un partido, donde la lealtad a los colores del club tienen prioridad.

El mismo experto piensa que los aficionados tienen un poder especial: cuando organizan protestas, tienen un espíritu de confrontación y rebelión -combinado con unidad y sentido del humor- del que a veces carecen las manifestaciones habituales contra AfD. “Puedes aprender mucho de los aficionados al fútbol: suelen ser creativos, saben qué hacer para crear imágenes efectivas para los medios”, afirma.

Susanne Franke es miembro de la junta directiva de la Iniciativa de Fanáticos del Schalke, una organización antirracista fundada en 1992, cuando los hooligans de derecha eran algo habitual en los estadios. Este equipo tiene su sede en Gelsenkirchen, antiguo bastión de la socialdemocracia. El declive industrial de la urbe, sin embargo, ha convertido a Gelsenkirchen en una de las ciudades más pobres de Alemania, y allí la ultraderecha ha ganado terreno. Su vecino y mayor rival, Borussia Dortmund, tiene también un temido contingente de radicales de derecha cuyo origen se remonta a la década de 1970.

“Había mejorado, pero está empeorando de nuevo”, dice. Para él, la decisión del líder de la Unión Cristianodemócrata (CDU), Friedrich Merz, de aprobar una resolución no vinculante en el Parlamento con el apoyo de AfD ha hecho que el trabajo de su grupo sea aún más acuciante. “Para mí, es como la última batalla por la democracia”, sostiene. “Tanto si eres aficionado al fútbol como si no, es importante que te tomes este momento en serio”.

A Franke le preocupa que la cultura del fútbol vuelva a esos años de confrontación y radicalidad.

La CDU, el SPD, Los Verdes y los liberales (FDP) prometen apoyar una candidatura alemana a los Juegos Olímpicos y Paralímpicos.

“Siempre que cumplan las normas ecológicas, económicas y humanitarias, así como los valores tradicionales del deporte”, matiza el FDP. Los Verdes establecen requisitos en materia de sostenibilidad. Las instalaciones deportivas existentes tendrían que incluirse en la candidatura y “las nuevas que se construyan tendrían que ponerse a disposición del público”.

“Quienes se benefician económicamente de la organización de los Juegos Olímpicos deben pagar impuestos sobre lo recaudado y pagar las tasas municipales habituales por los eventos”, afirman también Los Verdes. El Comité Olímpico Internacional (COI) suele obtener privilegios fiscales de los candidatos olímpicos.

Sólo la CDU ha hecho suya la idea, frecuentemente expresada por las asociaciones deportivas alemanas, de contar con un ministro responsable exclusivamente del deporte.

“Reorganizaremos las estructuras políticas del deporte, situando la política deportiva en la Cancillería Federal y nombrando un ministro de Estado para el Deporte y el Voluntariado”, prometen los cristianodemócratas. Hasta ahora, el deporte está en manos del Ministerio del Interior.

“Queremos consagrar el deporte como objetivo nacional en la Constitución alemana y utilizar el poder del deporte para reforzar la salud, la participación social, la inclusión y la integración”, escribe el SPD en su programa electoral. Con ello, los socialdemócratas hacen suya una reivindicación que la Confederación Alemana de Deportes Olímpicos (DOSB) lleva haciendo desde hace dos décadas. Se necesita una mayoría de dos tercios en el Bundestag para modificar la Ley Fundamental. El apoyo del partido La Izquierda estaría asegurado, ya que también quiere consagrar el deporte como objetivo nacional.

“Promovemos específicamente los intereses de las niñas y las mujeres con nuestra política deportiva, y también tenemos presentes los intereses de las personas queer”, dicen Los Verdes. Dos medios importantes para lograrlo son la distribución de fondos presupuestarios con perspectiva de género y la igualdad de retribución a deportistas de ambos sexos.

El partido La Izquierda también cree que los programas deportivos y la financiación del deporte deben ser “equitativos desde el punto de vista del género”.

Las propuestas de la Alianza Sahra Wagenknecht (BSW) apuntan en otra dirección. El partido quiere derogar la nueva Ley de Autodeterminación, en vigor desde noviembre de 2024, que facilita a las personas trans, intersexuales y no binarias el cambio de registro de género y de nombre de pila. En este contexto, la BSW plantea: “Permitir que hombres biológicos que se sienten mujeres compitan en la categoría femenina es injusto y contradice la idea central de la competición deportiva”.

Todos los partidos que mencionan el deporte en sus programas electorales afirman querer promover el deporte popular, por ejemplo, poniendo dinero a disposición de la renovación de instalaciones deportivas deterioradas.

Según sus propias declaraciones, la CDU y el partido La Izquierda quieren garantizar que todos los niños de Alemania aprendan a nadar en la edad correspondiente a la escuela primaria. Actualmente, alrededor del 20% de los niños de seis a diez años no saben nadar.

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