Agencias/Ciudad de México.- Hubo una época en que pocas personas en la ciudad costera paquistaní de Gwadar entendían qué era el cambio climático. Pero después de una década de clima extremo, ahora muchos sí lo comprenden.

La lluvia azotó Gwadar durante casi 30 horas consecutivas en febrero. Torrentes arrasaron caminos, puentes y líneas de comunicación, aislando brevemente a la ciudad peninsular del resto de Pakistán. Las casas parecen haber sido bombardeadas y los conductores esquivan cráteres donde solía haber asfalto.

Gwadar se encuentra en Baluchistán, una provincia árida, montañosa y vasta en el suroeste de Pakistán que tiene veranos abrasadores y duros inviernos. La ciudad, con aproximadamente 90,000 habitantes, está construida sobre dunas de arena y limita con el mar Arábigo por tres costados, con una elevación baja que la hace vulnerable al cambio climático en un país que ya ha visto su parte de catástrofes debido a ello.

“Es nada menos que una situación de nación insular”, advirtió el hidrólogo Pazeer Ahmed, quien vive en Gwadar. “Muchas áreas bajas de la ciudad quedarán parcialmente o completamente sumergidas si el nivel del mar sigue subiendo”.

El mar, que alguna vez fue una bendición para los sectores de pesca y turismo nacional de Gwadar, se ha convertido en una amenaza existencial para la vida y los medios de subsistencia.

Los océanos que se calientan traen consigo olas más grandes y poderosas, y los vientos del monzón del verano elevan aún más esas olas. El aire más cálido retiene más humedad — aproximadamente un 7% más por cada grado Celsius (4% por cada grado Fahrenheit) — y eso significa más lluvias intensas.

“Las olas se han vuelto más violentas debido al aumento en las temperaturas del mar y las playas erosionadas”, declaró Abdul Rahim, director adjunto de medio ambiente en la Autoridad de Desarrollo de Gwadar. “Las acciones y patrones de las mareas han cambiado. Cientos de casas han sido arrasadas. Es muy preocupante”.

El derretimiento de glaciares contribuye al aumento del nivel del mar, otra causa de la erosión costera. El nivel del mar en Karachi aumentó casi 20 centímetros (casi 8 pulgadas) entre 1916 y 2016, según datos de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés). Se pronostica que aumentará aproximadamente 1.3 centímetros (media pulgada) más para 2040.

En áreas cercanas a Gwadar, como Pishukan y Ganz, las olas han engullido mezquitas, escuelas y asentamientos. Hay desgastes en los acantilados en Sunset Park, un sitio popular para ir de picnic, y han caído rocas sobre la costa. Las playas se extienden planas durante decenas de kilómetros porque no quedan estructuras en ellas.

Las autoridades han construido diques de piedra o concreto para frenar la intrusión de agua salada. Pero son una solución pequeña a un problema masivo, en el que la gente y los negocios de Gwadar luchan contra el cambio climático en diferentes frentes.

El agua salada se acumula en terrenos gubernamentales, donde los cristales de sal brillan al sol. En el vecindario de Shado Band, el exconcejal local Qadir Baksh se preocupa por el agua que se filtra del suelo hacia su patio todos los días, la cual sólo logra contener bombeándola con regularidad. Decenas de casas tienen el mismo problema, señaló.

Algunos funcionarios, entre ellos Ahmed y Rahim, hicieron notar que los cambios en el uso del suelo y la construcción no autorizada están agravando las inundaciones. Los lugareños dijeron que algunos proyectos de construcción de gran magnitud han destruido las rutas tradicionales de desagüe.

Gwadar está en el centro de una iniciativa masiva encabezada por China para crear una ruta terrestre entre su región occidental de Xinjiang y el mar Arábigo a través de Gwadar. Cientos de millones de dólares han sido invertidos en la ciudad para crear un puerto en aguas profundas, un aeropuerto internacional, autopistas y otra infraestructura. Los proyectos más delicados, especialmente el puerto, están fuertemente resguardados por el ejército paquistaní, fuera de la vista y del alcance del público.

Pero no hay un sistema adecuado de alcantarillado ni drenaje para los residentes a pesar de una década de inversión extranjera, y la porosidad del suelo de Gwadar, el alto nivel freático, el aumento del nivel del mar y las lluvias más intensas incrementan enormemente la vulnerabilidad de la ciudad.

“En el pasado, cuando llovía, el agua desaparecía hasta 10 días después”, observó Baksh. “Pero la lluvia que cayó el año pasado no se ha ido. El agua sube del suelo con tal rapidez que alcanzará las cuatro paredes de mi casa si no echamos a andar el generador todos los días para extraerla. Las autoridades dicen que es por el cambio climático, pero, sea lo que sea, estamos sufriendo”.

La comunidad pesquera de Gwadar también pasa apuros. La cantidad de peces que se capturan ha disminuido, los peces nativos están desapareciendo y los patrones de migración y las temporadas de pesca han cambiado, apuntaron Ahmed y Rahim. También hay proliferación de algas e invasión de especies marinas no deseadas, como el pez globo.

La pesca ilegal y los botes pesqueros extranjeros son responsables de algunas de estas cosas, pero en su mayoría se debe al aumento de las temperaturas del mar.

Hay personas que han migrado de lugares como Dasht y Kulanch debido a la escasez de agua. Lo poco de agricultura que se ejercía en las áreas circundantes a Gwadar está desapareciendo debido a la pérdida de tierras agrícolas y muerte de ganado, según los lugareños. Forma parte de un patrón más amplio en el que los agricultores de Pakistán están viendo disminuir los rendimientos de los cultivos y aumentar las enfermedades de los mismos debido a los extremos climáticos, especialmente inundaciones, sequías y olas de calor, según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de Naciones Unidas.

“Hay olas de calor y tormentas de polvo en Gwadar”, señaló Ahmed. “Pero el principal impacto del cambio climático aquí es que hay demasiada agua y al mismo tiempo no hay suficiente. Si no se hace nada para abordar este problema, no tendremos más opción que retirarnos”.

El agua no tiene a dónde ir.

El nuevo aeropuerto de Gwadar es un poco un misterio

Sin pasajeros ni aviones, el aeropuerto más nuevo y costoso de Pakistán es un misterio hasta cierto punto. Totalmente financiado por China con una inversión de 240 millones de dólares, nadie sabe cuándo empezará a operar el Nuevo Aeropuerto Internacional de Gwadar.

Ubicado en la ciudad costera de Gwadar y completado en octubre de 2024, la terminal aérea contrasta marcadamente con la empobrecida y agitada provincia de Baluchistán que lo rodea.

Durante la última década, China ha invertido dinero en Baluchistán y Gwadar, parte de un proyecto multimillonario que conecta su provincia occidental de Xinjiang con el mar Arábigo y al que se le ha llamado Corredor Económico China-Pakistán (CPEC, por sus siglas en inglés).

Las autoridades lo han elogiado, diciendo que es un proyecto transformador, pero hay escasas evidencias de cambio en Gwadar. La ciudad no está conectada a la red eléctrica nacional —la electricidad proviene de Irán o de paneles solares—, y no hay suficiente agua potable.

Un aeropuerto con capacidad para 400,000 pasajeros no es una prioridad para los 90,000 habitantes de la ciudad.

“Este aeropuerto no es para Pakistán ni para Gwadar”, afirmó Azeem Khalid, un experto en relaciones internacionales que se especializa en los lazos entre Pakistán y China. “Es para China, para que sus ciudadanos puedan tener acceso seguro a Gwadar y Baluchistán”.

El CPEC ha aprovechado una insurgencia de décadas en Baluchistán, una región rica en recursos y ubicada estratégicamente. Los separatistas, agraviados por lo que dicen es la explotación del Estado a expensas de los lugareños, luchan por independizarse, atacando tanto a los soldados paquistaníes como a los trabajadores chinos en la provincia y en otros lugares.

Los miembros de la minoría étnica baluchí de Pakistán dicen que el gobierno los discrimina y se les niegan oportunidades disponibles en otras partes del país, acusaciones que el gobierno niega.

Pakistán, deseoso de proteger las inversiones de China, ha incrementado su presencia militar en Gwadar para combatir a la disidencia. En la ciudad hay abundantes puestos de control, alambre de púas, soldados, barricadas y torres de vigilancia. Las carreteras se cierran en cualquier momento, varios días a la semana, para permitir el paso seguro de trabajadores chinos y personajes paquistaníes destacados.

Agentes de inteligencia monitorean a los periodistas que visitan Gwadar. Se considera que el mercado de pescado de la ciudad es demasiado volátil para adentrarse en él en una cobertura.

Muchos residentes locales están hartos.

“Nadie solía preguntar a dónde vamos, qué estamos haciendo y cuál es tu nombre”, lamentó Khuda Bakhsh Hashim, de 76 años, nacido en Gwadar. “Solíamos disfrutar de picnics nocturnos en las montañas o en áreas rurales”.

“Se nos pide que demostremos nuestra identidad, quiénes somos, de dónde venimos”, agregó. “Somos residentes. Aquellos que preguntan deberían identificarse”.

Hashim se refirió a recuerdos, cálidos como el sol de invierno, de cuando Gwadar formaba parte de Omán, no de Pakistán, y era una parada para los barcos de pasajeros que se dirigían a Mumbai. La gente no se iba a la cama con hambre y los hombres encontraban trabajo fácilmente, observó. Siempre se tenía algo para comer y el agua potable no escaseaba.

Pero el agua de Gwadar se ha agotado debido a la sequía y a la explotación descontrolada. El trabajo también se ha acabado.

El gobierno dice que el CPEC ha generado unos 2.000 empleos locales, pero no está claro a quiénes se refieren con “locales”: ¿a los residentes de la provincia, o a paquistaníes de otras partes del país? Las autoridades no dieron detalles.

Preocupaciones de seguridad retrasaron la inauguración del aeropuerto internacional. Había temores de que las montañas de la zona —y su proximidad al aeropuerto— pudieran ser la plataforma ideal para lanzar un ataque.

En su lugar, el primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, y su homólogo chino, Li Qiang, llevaron a cabo una ceremonia virtual. Los medios y el público no tuvieron acceso al vuelo inaugural.

Abdul Ghafur Hoth, presidente del distrito del Partido Awami de Baluchistán, indicó que ni un solo residente de Gwadar fue contratado para trabajar en el aeropuerto, “ni siquiera como vigilante”.

“Ni qué decir de los otros trabajos. ¿Cuántos baluchíes hay en este puerto que fue construido para el CPEC?”, preguntó.

En diciembre, Hoth organizó protestas diarias sobre las condiciones de vida en Gwadar. Las manifestaciones concluyeron 47 días después, una vez que las autoridades se comprometieron a satisfacer las exigencias de los lugareños, incluido un mejor acceso a la electricidad y al agua.

Desde entonces no se ha avanzado en la implementación de esas exigencias.

Sin mano de obra local, bienes ni servicios, no puede haber beneficios indirectos a partir del CPEC, observó Khalid, el experto en relaciones internacionales. A medida que el dinero chino llegó a Gwadar, también lo hizo un aparato de seguridad autoritario que creó barreras y profundizó la desconfianza.

“El gobierno paquistaní no está dispuesto a darle nada al pueblo baluchí, y los baluchíes no están dispuestos a aceptar nada del gobierno”, agregó Khalid.

Gwadar es humilde pero encantador, la comida es excelente y los lugareños son conversadores y acogedores con los extraños. Se llena durante los días festivos, especialmente en las playas.

Aún así, hay una percepción de que es peligroso o difícil de visitar. Sólo hay una ruta comercial en operación desde el aeropuerto nacional de Gwadar, tres veces a la semana, hacia Karachi, la ciudad más grande de Pakistán, ubicada en el otro extremo de la costa paquistaní en el mar Arábigo.

No hay vuelos directos a la capital provincial de Baluchistán, Quetta, cientos de kilómetros tierra adentro, ni a la capital nacional, Islamabad, aún más al norte. Una pintoresca carretera costera tiene pocos servicios.

Desde que la insurgencia baluchí estalló por primera vez hace cinco décadas, miles de personas han desaparecido en la provincia. Cualquiera que hable en contra de la explotación o la opresión puede ser detenido, sospechoso de tener vínculos con grupos armados, señalan los lugareños.

La gente está nerviosa. Los activistas dicen que hay desapariciones forzadas y torturas, algo que el gobierno niega.

Hashim quiere que el CPEC tenga éxito para que los lugareños, especialmente los jóvenes, encuentren trabajo, esperanza y un propósito en la vida. Pero eso no ha sucedido.

“Cuando alguien tiene algo que comer, ¿por qué elegiría ir por el mal camino?”, observó. “No es bueno molestar a la gente”.

La violencia de los combatientes disminuyó en Baluchistán después de una contrainsurgencia del gobierno en 2014, y se estabilizó hacia finales de esa década, según el Instituto de Estudios de Conflicto y Seguridad de Pakistán.

Los ataques se incrementaron después de 2021 y han ido en aumento desde entonces. Grupos de milicianos, especialmente el proscrito Ejército de Liberación Baluchí, se sintieron alentados luego de que el Talibán paquistaní puso fin a un alto el fuego con el gobierno en noviembre de 2022.

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