Agencias

Washington, EU, 16 febrero 2017.-“La verdadera historia aquí es por qué se producen tantas filtraciones ilegales en Washington”. Esa fue la primera respuesta del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a la renuncia de su Consejero de Seguridad Nacional, Michael Flynn, ocurrida el lunes en la noche.

En su carta de dimisión, Flynn se excusó porque “sin quererlo” ofreció “información incompleta” al vicepresidente Michael Pence y a otros sobre las conversaciones telefónicas que mantuvo con el embajador de Rusia.

De esa forma, se refería sin mencionarlo expresamente al hecho de que, según filtraciones publicadas por los medios estadounidenses, Flynn había hablado con el diplomático ruso sobre las sanciones impuestas por Washington a Moscú durante la etapa de transición de poder.

Eso, pese a que la normativa estadounidense prohíbe a los ciudadanos de ese país intervenir en disputas diplomáticas con otros países.

Sin embargo, a juzgar por el mensaje publicado por Trump en su cuenta de Twitter, al mandatario lo que le preocupa es la filtración de la información.

El portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, dijo este martes que Trump le pidió la renuncia a Flynn debido al deterioro de la confianza y no por pensar que hubiera cometido algún acto ilegal.

“Fue un acto de confianza. El tema era si él informó mal o no al vicepresidente y eso es lo que al final llevó al presidente a pedir y aceptar la renuncia de Flynn”, dijo Spicer.

Según las autoridades estadounidenses, Flynn no informó debidamente al vicepresidente Pence acerca de sus conversaciones con Rusia. Foto: Tomada de Getty Images.

Agregó que Trump está “muy, muy preocupado” por las filtraciones ocurridas en el caso de Flynn y anunció que el mandatario se va a asegurar de tomar medidas para detener estas filtraciones.

No parecen faltarle motivos, pues es inusual que durante las primeras semanas de un nuevo gobierno se produzcan tantas fugas de información importante.

“Las filtraciones son un problema para todos los gobiernos, pero usualmente durante los primeros días de un nuevo mandato presidencial hay cierta apariencia de disciplina en la comunicación. Definitivamente, ese no es el caso de este gobierno”, dijo Anthony Zurcher, corresponsal de la BBC en los Estados Unidos.

“Nada de esto es normal”, dijo a The Washington Post Steve Schmidt, un estratega republicano que ocupó altos cargos en la Casa Blanca durante el gobierno de George W. Bush. “La incompetencia, el desorden y las filtraciones no tienen precedentes”, agregó.

Pero el tema de las filtraciones apareció muy pronto en la agenda del nuevo gobierno de Trump, incluso antes de su toma de posesión.

A comienzos de enero, la prensa estadounidense informó sobre la existencia de un reporte no corroborado que señalaba que el gobierno ruso poseía información comprometedora sobre Trump.

El entonces presidente electo insinuó que las agencias de inteligencia estadounidenses eran las responsables del informe.

“Las agencias de inteligencia nunca debieron haber permitido que esta noticia falsa se ‘filtrara’ al público. Un último disparo en mi contra. ¿Estamos viviendo en la Alemania nazi?”, tuiteó Trump.

El entonces director saliente de la CIA, John Brennan, calificó el mensaje de Trump como indignante y negó que la comunidad de inteligencia estadounidense tuviera alguna relación con el informe cuya autoría, a la postre, fue atribuida a un exespía británico.

Posteriormente, tras la llegada de Trump a la Casa Blanca, se han producido numerosas filtraciones sobre asuntos diversos: desde el contenido de algunas de las órdenes ejecutivas que ha firmado el mandatario hasta las supuestas disputas telefónicas que ha tenido el mandatario con sus homólogos de Australia y México.

Según publicó la prensa estadounidense, el mandatario tuvo una dura conversación con el primer ministro de Australia, Malcolm Turnbull, a propósito de un acuerdo que había sido firmado por el expresidente Barack Obama para que Estados Unidos recibiera mil 250 refugiados que se encuentran en ese país.

De acuerdo con esas versiones, durante la conversación, Trump le dijo a Turnbull que esa era su cuarta conversación del día con un mandatario extranjero y que esta era “la peor” de todas y cortó abruptamente la comunicación (prevista para durar una hora) a los 25 minutos.

El relato oficial de la Casa Blanca sobre la conversación no mencionó ninguno de estos detalles, pero Trump escribió un mensaje en Twitter en el que mostraba su insatisfacción por el acuerdo con Australia.

“¿Pueden creerlo? El gobierno de Obama aceptó recibir a miles de inmigrantes ilegales de Australia. ¿Por qué? Voy a estudiar este acuerdo tonto”, escribió en Twitter.

El gobierno de Trump ordenó una investigación interna para encontrar a los responsables de las filtraciones.

La semana pasada, el portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, reveló que indagan sobre esto pues consideran que se ha producido una ruptura de las leyes y de los protocolos.

En el caso concreto de Flynn, además,se anunció una investigación en el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, aunque no versará sobre si el funcionario quebrantó alguna ley en sus contactos con Rusia sino sobre quién filtró la información que llevó a su renuncia y por qué sus conversaciones estaban siendo grabadas.

“Estoy sorprendido de que nadie esté cubriendo el verdadero delito aquí. Hay un ciudadano estadounidense cuyas llamadas telefónicas fueron grabadas y luego filtradas a la prensa”, dijo el parlamentario republicano Devin Nunes a la agencia AP.

El portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, afirmó que el gobierno tomará medidas para evitar que sigan las filtraciones. Foto: Tomada de Getty Images.

 

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