Montan una farsa en el caso de ‘Chapo-Diputada’

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TAL CUAL/Por Luis Carlos Rodríguez González.
Todo fue una farsa para distraernos de los verdaderos nexos de Joaquín “El Chapo” Guzmán con la clase política y empresarial de México, con los grandes negocios que ello implica como es el lavado de dinero.
Primero fue el escándalo por la reunión y entrevistas de los actores Sean Penn y Kate del Castillo con el capo del Cártel de Sinaloa y todo lo que llevó implícito. Desde la publicación en la Revista Rolling Stone, el programa en Discovery Channel o hasta la marca de la camisa que utilizó el hoy reaprehendido por la justicia mexicana.
A la par de todo ello y cuando el tema de Kate del Castillo se quedó sin reflectores para las autoridades mexicanas, llegó el segundo capítulo de la telenovela de los amores y desamores de “El Chapo”, todo ello con el fin de entretener a una audiencia ávida de series televisivas como “El Señor de los Cielos”, “La Reina del Sur” o “Escobar, El Patrón del Mal”.
Cada noche, en los noticieros mexicanos y en algunos de habla hispana en Estados Unidos, avanzaba el show mediático que incluía imágenes de la joven política con tic nervioso en uno de sus ojos, la procuradora Arely Gómez opinando de los avances y el proceso legislativo en San Lázaro sobre el caso de la diputada local por Sinaloa, Guadalupe Lucero Sánchez López, a quien los medios bautizaron como la “Chapo-Diputada”.
La citada ex legisladora fue prácticamente juzgada y sentenciada en los medios de comunicación por visitar al capo en septiembre del 2014 en el Penal de Alta Seguridad de “El Altiplano” con una credencial de elector falsa. La PGR solicitó por ello a la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión la solicitud de desafuero.
El pasado 14 de junio el pleno de la Cámara de Diputados aprobó por mayoría el desafuero al considerar que existían elementos suficientes para establecer que Sánchez López fue responsable de la comisión del delito de uso de documentos falsos bajo el nombre de Devany Vianey Villatoro Pérez para visitar en la cárcel al líder del Cártel de Sinaloa.
De inmediato se notificó a la PGR y al Congreso de Sinaloa de la resolución. Han transcurrido tres semanas y no hay ninguna orden de presentación por parte de las autoridades en contra de la hoy ex diputada, quien por cierto, comentan legisladores locales sinaloenses, se pasea por Culiacán sin problemas e incluso sigue acudiendo al recinto legislativo sin ninguna restricción.
Con excepción de las declaraciones que rindió Guadalupe Lucero Sánchez a la PGR en enero pasado y el linchamiento mediático por la visita al Penal de Almoloya, hasta el momento sólo esta su desafuero y su presunta responsabilidad por falsificación de una credencial.
No se trata de defender o disculpar los nexos de amistad o los presuntos vínculos amorosos o de negocios con “El Chapo”, quien por cierto debe tener al menos cien novias parecidas a ella. La pregunta es por qué la prisa por quitarle los privilegios del fuero constitucional para jugarla y hasta ahora no hay ningún indicio de investigaciones o de citatorios en su contra para que aclare sus ligas con “El Chapo”.
Nadie se acuerda ya de los ex funcionarios que ayudaron o se hicieron de la vista gorda para la fuga del capo. Tampoco de que en México se lavan anualmente 25 mil millones de dólares al año provenientes del narcotráfico, ni tampoco de los nexos de Guzmán Loera con funcionarios de los tres niveles de gobierno, con jueces, con policías. La narco-novela sólo se trataba de la “Chapo-Diputada”. Pan y Circo en tiempos de los nuevos gasolinazos y aumento a las tarifas eléctricas.
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