Mantiene Federer dominio tras 20 años de irrupción en ATP

104 0

Por Javier Martínez/Texto Periódico El Mundo/Madrid.- Fue el 22 de septiembre de 1997, en Bossonnens, pueblo suizo de poco más de un millar de habitantes. Roger Federer, 16 años, lograba su primer punto ATP como semifinalista de un torneo challenger. Han transcurrido dos décadas y, según datos de la ATP (Asociación de Tenistas Profesionales), hasta ayer había sumado 121.092 puntos. Y no ha parado. Este miércoles, con su victoria ante el argentino Diego Schwartzman, en Shanghai, elevó su botín. Shanghai, donde se prolonga una larga, brillante y vigente historia, la de Federer, expuesta a quedarse en la rememoración de la incomparable hoja de servicios del poseedor de 19 títulos del Grand Slam.

“Es increíble pensar que 20 años después sigo en activo y con opción de acabar 2017 como número 1 del mundo. Nunca imaginé una longevidad así”, dejó dicho con motivo de la efemérides el ganador de cinco títulos esta temporada, entre ellos Wimbledon y el Abierto de Australia.

No estábamos ante un fenómeno de explosión precoz, pues Federer precisaría de su tiempo para madurar. Cierto que tardó tan sólo dos cursos en saltar del puesto 803 con el que puso pie en la lista al ya más selecto grupo de los cien primeros. Pero, aunque viéndole ahora resulte harto sorprendente, el genio de Basilea era un jugador rebelde y presto al enojo, a quien le costaba aceptar cualquier neutralización de su inmenso talento. “Siempre tuvo mucho potencial, pero lo que necesitaba era convertir su enfado, su actitud mental, que ya sufría en ocasiones en su época júnior, en una fuerza”, ha comentado Danny Schnyder, ex tenista, como su hermana Patty, y contemporáneo de Federer. “Eso marcó la diferencia. El talento nunca fue un problema, sino cómo controlar su temperamento. Cuando lo hizo, mejoró con rapidez”.

El idilio con Wimbledon

En septiembre de 1995, empezó a entrenar en el Centro Nacional Suizo de Ecublens. Fue allí donde, lentamente, asumió la necesidad del trabajo y la disciplina para encauzar su creatividad. Número 1 júnior y ganador de Wimbledon y el Abierto de Estados Unidos, se trasladó después a Kiel, donde siguió creciendo rodeado de gente como Allegro, Lammer y Chiudinelli. En 2001, con 20 años, ganó en Milán, bajo techo, el primero de sus 93 títulos. Semanas antes ya había lanzado una clamorosa proclama de aptitudes.

Pete Sampras, heptacampeón de Wimbledon y vencedor en las cuatro ediciones anteriores del torneo, se topó en octavos de final con quien sería su heredero, el hombre que iba a superar su registro en la hierba londinense. Lo logró este verano, 16 años después de aquel cruce con Sampras en 2001. Dos años después ya ganaría allí el primero de sus 19 grandes, un récord aún a salvo de Nadal (16; Sampras se despidió con 14).

Desde el bautismo en Wimbledon 2003, ya no iba a detenerse. El 2 de febrero de 2004, con 22 años, tras conquistar el primero de sus cinco Abiertos de Australia, se encaramó al número 1, desde donde ha observado 302 semanas, una marca inalcanzable -Novak Djokovic anda en 223-. Aquel 2004, volvió a ganar Wimbledon e inauguró un lustro de hegemonía en el Abierto de Estados Unidos. En 2017 ha puesto fin a cinco temporadas sin levantar un major. Reapareció con éxito en Melbourne tras seis meses en el arcén por una lesión de rodilla. El adolescente dado al arrebato está casado con Mirka Vavrinek, que también jugó al tenis, y tiene cuatro hijos. Aún busca ensanchar su legado y mantenerse como el más grande por siempre jamás. Con 36 años desde el 8 de agosto, sólo en premios ha ingresado 108 millones de dólares. Su ya dilatada pugna con Nadal ha recobrado plena vigencia.