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Fidelito: El primo Alejandro

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Juan Balboa

Fidel Castro Díaz-Balart, Fidelito,  se suicidó el 1 de febrero a los 68 años en La Habana. Su vida fue difícil desde su niñez, pues su padre organizó una revolución en contra de la dictadura de Fulgencio Batista y, por ende, en contra de la familia de su madre Mirta Díaz-Balart, quienes formaban parte del gobierno de Batista y eran una de la familia poderosa y rica de Cuba.

En su niñez, Fidelito creció al lado de los hijos de Raúl Castro Ruz, su tío: Alejandro y Mariela Castro Espín.

¿Quién es Alejandro Castro Espín?

Alejandro Castro Espín, hijo del presidente cubano Raúl Castro Ruz, se ha convertido en uno de los principales especialistas en temas vinculados a la seguridad nacional de Estados Unidos, y en los últimos años ha mantenido una presencia pública pocas veces vista en los hijos de Fidel y Raúl Castro

Sorprende verlo de manera cotidiana en el entorno político y diplomático cubano Por ejemplo, el pasado 26 de julio, durante el acto de celebración del 56 aniversario del asalto al Cuartel Moncada, Alejandro permaneció todo el tiempo detrás de su padre, el presidente de los Consejos de Estado y de Ministros

Con 53 años de edad, ha escrito ensayos sobre política y seguridad nacional e internacional, economía y finanzas globales y formación de recursos humanos, innovación en la gestión de información y aplicación de nuevas tecnologías Junto con su hermana Mariela, es uno de los cuatro hijos de Raúl Castro más conocidos en la vida pública de Cuba

Ingeniero y maestro en relaciones internacionales, Castro Espín acaba de publicar un libro sobre la historia de la seguridad nacional (espionaje y contraespionaje) en Estados Unidos en el que sostiene que los atentados del 11 de septiembre de 2001 responden “a una autoagresión orquestada o permitida” para justificar la dinámica belicista elegida por el expresidente George W Bush

“Se aprecia claramente en el análisis retrospectivo y pormenorizado de los hechos una incomprensible desidia a nivel presidencial y de su aparato de Seguridad Nacional en torno a puntuales y sustantivas alertas realizadas por la Comunidad de Inteligencia, previo a los lamentables acontecimientos del 11-S, lo que habría trasladado un ambiguo mensaje de restarle importancia al asunto o dejar hacer, que explicaría la permisiva indulgencia de poderosas, omnipresentes y competentes agencias de seguridad federales, subordinadas verticalmente al presidente”, señala en su libro Imperio de terror, recién distribuido en La Habana

En su tesis sobre los ataques a las Torres Gemelas de Nueva York, Castro Espín subraya que la nueva percepción de peligro –alimentada con las miles de muertes provocadas por los actos terroristas– y la paranoia en la sociedad –que no había sufrido internamente una agresión semejante desde el fin de la guerra anglo-estadunidense de 1814– “impulsó de manera espectacular la brutal estrategia de esa administración, propiciando la elevación a niveles astronómicos de los presupuestos de defensa y seguridad”

El libro, de 310 páginas, está dividido en cinco capítulos, en los que intenta una evaluación histórica y crítica sobre la doctrina de seguridad nacional de Estados Unidos, pero sobre todo los factores que incidieron históricamente sobre ella, impulsados por el establishment neoconservador

Analiza el proceso de asimilación y evolución del ideario del interés nacional y el equilibrio político estadunidense; la conformación académica de su doctrina de seguridad nacional; hace una reseña de los factores socio-históricos, económicos y políticos que determinaron la recomposición de la seguridad nacional en la posguerra, y revisa las intenciones y consecuencias de la manipulación del pretexto del terrorismo

El cuarto capítulo lo dedica a las hostilidades históricas de Estados Unidos contra Cuba:

“Los efectivos regulares de las fuerzas armadas cubanas representan una ínfima parte de los que componían el numeroso contingente militar estadunidense antes de la escalada guerrerista protagonizada por la administración Bush

“Cuba posee un armamento exclusivamente defensivo, cuya tecnología más avanzada fue fabricada en la década de los ochenta; por tanto, no resulta en modo alguno comparable con la abrumadora capacidad bélica ofensiva, letalidad y precisión de los llamados armamentos inteligentes con que cuentan en el presente las fuerzas armadas de Estados Unidos”

Para Castro Espín, “la principal y más poderosa arma” de la revolución es “su acertada doctrina militar: concebida y sustentada en fundamentos netamente defensivos”

Y se pregunta: “Si Cuba no representa una amenaza para la seguridad nacional de la superpotencia (…) ni constituye un rival en el terreno económico ante la declinante –pero aún abrumadora– supremacía estadunidense, a la vez que representa un potencial mercado para sus empresas y un destino turístico próximo y seguro, ¿por qué, transcurrido casi medio siglo, perdura la fracasada política y la furibunda animadversión del imperialismo yanqui contra la Revolución Cubana?”

En las 44 páginas que dedica al tema cubano, no existen datos nuevos de los aspectos que aborda Al final incluye el documento desclasificado sobre la intervención militar de Estados Unidos a Cuba en los años sesenta.