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Una gruesa línea roja atraviesa la superficie de la Tierra: la franja de riesgo de un posible impacto por asteroide, calculada a partir de su trayectoria observada en el espacio

Estos son los peligros de los Asteroides

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Agencias / InsurgentePress, Ciudad de México.- El investigador Clemens Rumpf ha estado trabajando en un sistema de software denominado ARMOR, siglas en inglés de la herramienta de Investigación para la Optimización y Atenuación de Riesgos por Asteroides, que genera modelos de puntos potenciales de impacto de asteroides y sus consecuencias para la humanidad. Este 30 de junio, Día del Asteroide 2016, se encuentra en mitad de una misión de tres meses como investigador invitado en el Advanced Concepts Team de la ESA, institución muy familiarizada con la investigación para el desvío de asteroides.

“ARMOR pretende expresar los resultados de un impacto de una manera directamente comparable con otros desastres naturales, utilizando la misma metodología que ya emplean los gobiernos. En caso de inundación, por ejemplo, una vez superado cierto umbral de riesgo, se toma la decisión de desplegar equipos de intervención y apilar sacos de arena”.

La ecuación de riesgo fundamental, adoptada por los responsables políticos de los gobiernos, es ‘probabilidad’ (¿qué probabilidad hay de que se produzca el evento?) multiplicada por ‘exposición’ (¿qué extensión de zona poblada se vería expuesta al evento?) y ‘vulnerabilidad’ (¿qué magnitud tendría el evento?). ARMOR puede utilizar esta ecuación para objetos cercanos a la Tierra, con resultados en términos de víctimas previstas, pronosticando impactos potenciales hasta cien años en el futuro.

“En el caso de los asteroides, la respuesta adecuada sería que los telescopios dedicasen más tiempo a minimizar la incertidumbre sobre la órbita del asteroide estudiado, enviar una sonda espacial para observarlo y descartar cualquier amenaza, o bien, en última instancia, planificar una operación de desvío como aquella en la que participará la Asteroid Impact Mission de la ESA.”

ARMOR recopila sus datos sobre asteroides a partir de la Red Internacional de Alerta de Asteroides, una iniciativa de las agencias espaciales de todo el mundo y astrónomos profesionales y aficionados para detectar y monitorizar objetos cercanos a la Tierra, basándose inicialmente en la observación visual y, en el caso de cuerpos cercanos, la posibilidad usar imágenes por radar.

“No obstante, la Tierra sufre la caída de asteroides más pequeños continuamente, solo hay que observar el cielo nocturno para ver estrellas fugaces causadas por objetos del tamaño de una mota de polvo. Además, una red global de estaciones de infrasonido, creada originalmente para detectar explosiones nucleares ilícitas, ha detectado una o dos veces al año explosiones en la atmósfera con una escala similar a la de Hiroshima, provocadas por bólidos de mayor tamaño. La gran explosión que se produjo sobre Chelyabinsk en 2013 demostró claramente que no podemos permanecer de brazos cruzados”.

En la Tierra, ARMOR aprovecha numerosas investigaciones realizadas durante la Guerra Fría sobre los efectos de las bombas nucleares, que poseen el mismo régimen energético que los impactos de asteroides. La radiación térmica, las ondas de presión y los vientos extremos podrían extenderse más allá de la zona de impacto.

“Nuestra exposición y nuestra vulnerabilidad colectivas a la caída de un asteroide pueden ser muy altas, con consecuencias graves en caso de impacto de gran tamaño, pero la probabilidad de impacto es muy baja de forma general, con una frecuencia escasa de impactos de grandes asteroides a lo largo de la historia. Así, el riesgo de sufrir grandes impactos en el día a día es relativamente bajo”.

Entre las variables clave encontramos la velocidad del objeto —dado que los asteroides procedentes de puntos más alejados en el Sistema Solar poseen unas velocidades relativas muy superiores—, su masa, su densidad y el punto de impacto, que puede ser suelo rocoso o sedimentario, o el océano. Los tsunamis generados por el impacto pueden llegar a ser especialmente devastadores. Un sitio web de la Universidad Purdue permite a los usuarios generar sus propios escenarios de impactos: https://www.purdue.edu/impactearth/.

“En definitiva se trata de ver un punto en el firmamento, sin estar seguros de la distancia a la que se encuentra, por lo que hay multitud de distintas geometrías orbitales posibles —añade Clemens—. Por eso, la franja de riesgo inicial que atraviesa la tierra puede ser muy larga y ancha. Las observaciones posteriores nos permiten descartar muchas de estas órbitas, restringiendo la franja de riesgo hasta un determinado punto”.

Clemens admite que “el consenso es que solo hemos identificado el 1% de todos los objetos cercanos a la Tierra. Lo positivo es que hemos detectado el 90% de los objetos con más de 1 km de diámetro, clasificados como mortales para la civilización. Los asteroides de menos tamaño son más difíciles de detectar porque reflejan menos luz. La explosión de 2013 en Chelyabinsk, por ejemplo, se debió a un asteroide de 17 metros”.

“Así, los nuevos telescopios necesitarán más tiempo para localizar estos asteroides más pequeños y ahí es donde ARMOR puede ayudar a determinar el rango de tamaño en el que los telescopios deben centrarse para minimizar el riesgo de impacto por este tipo de asteroides menores”.

Durante la Conferencia de Defensa Planetaria de 2015 se realizó una demostración del sistema ARMOR ante la comunidad especializada, y también se ha presentado al Grupo Asesor para la Planificación de Misiones Espaciales (SMPAG) de la ONU, teniendo en cuenta la respuesta internacional a la amenaza de impactos por asteroides.

“La validación del sistema supone un desafío debido a la escasez histórica de documentación de calidad sobre impactos de envergadura —concluye Clemens—. Sin embargo, hemos introducido los datos de Chelyabinsk y Tunguska en ARMOR y los resultados concuerdan con lo sucedido. Los futuros resultados de las misiones AIM y AIDA serán cruciales para la comunidad de defensa planetaria en general y, más concretamente, para restringir nuestros modelos de estructuras de asteroides y comportamiento en caso de impacto, pudiendo desviar la órbita de los asteroides en el mundo real”.

Clemens es miembro de la red Stardust de la UE, que apoya la investigación sobre asteroides y basura espacial.

AIM (Asteroid Impact Mission). (Foto: ESA - The ScienceOffice.org)
AIM (Asteroid Impact Mission). (Foto: ESA – The ScienceOffice.org)