Echan a Ancelotti por goleada de PSG a Bayern convertido en el hazmereír de Champions League

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Texto Periódico Marca/Berlín.- A Ancelotti le tocó torear un ‘Miura’ en Múnich. Su estancia en el Bayern ha estado marcada por la alargada sombra de Pep Guardiola. El ahora técnico del Manchester City recogió un equipo que venía de ganar Liga, Copa y Champions con una misión clara: dotarle de su sello de autor.

La idea salió bien… a medias. El Bayern ganó mucho -tres Ligas, dos Copas, una Supercopa de Europa y un Mundialito-, pero no lo suficiente. Al menos, no la Champions. Tres eliminaciones consecutivas en semis a manos de Atlético, Barcelona y Real Madrid provocaron que, quien más y quien menos, pusiera en duda el fútbol preciosista de Guardiola.

El Bayern, una vez se supo la no continuidad de Pep, anunció a Ancelotti. En ‘Carletto’ vio el entrenador adecuado para dirigir una ‘transición dulce’. Se buscaba volver a la esencia. No se trataba de destruir el ‘tiki-taken’ de golpe de Guardiola, pero sí de recuperar, en parte, el vértigo y los terribles arreones pasionales que han caracterizado el fútbol del Bayern, sobre todo como local, a lo largo de su historia.

Se confiaba también el perfil de pacificador de Ancelotti para poner paz en un vestuario y un club con un entorno salvaje. Pese a la mano izquierda del ex del Real Madrid, los conflictos fueron inevitables cada vez que un ‘peso pesado’ -veáse Ribéry o Müller- ‘calentaban’ banquillo. Del ‘entorno’ -Matthäus, Effenberg, Kahn-… mejor ni hablar. “Carlo es amigo de la libertad de expresión y de la democracia, pero no somos demasiado inteligentes si en vez de concentrarnos en el campo, hablamos fuera de él”, admitía Rummenige.

El presidente del Bayern, Uli Hoeness, en ‘Funke Sport’ comentó las razones que han llevado al equipo bávaro a prescindir de Carlo Ancelotti.

“Ancelotti tenía a cinco jugadores en contra suya, lo cual era insostenible. Como entrenador, no puedes tener a jugadores estrella en tu contra. En mi vida aprendí un dicho: el enemigo en tu cama es el más peligroso. Por eso tuvimos que tomar medidas”.

Al igual que con Guardiola, la apuesta por Ancelotti no salió plenamente bien. A nivel de títulos, el balance no es malo: ganó la Bundesliga -se convertía en el primer entrenador que ganaba la Liga en Alemania, Italia, Inglaterra y Francia- y dos Supercopas alemanas -el único título que se le resistió a Pep con el Bayern-. Las miras del Bayern, sin embargo, eran mayores. El pasado mes de noviembre ya lo pudo comprobar. Después de perder con el modesto Rostov (3-2) en Champions ya estuvo en el disparadero.

‘Carletto’ no le dio importancia. Su obsesión era guardar fuerzas y evitar las lesiones que lastraron a Guardiola. Quería llegar bien al tramo final de la Champions… pero acabó cayendo antes que su predecesor: en cuartos ante el Madrid. Es cierto que el resultado global de la eliminatoria (6-3) engaña. El Bayern forzó la prórroga, pero le pesó la expulsión de Vidal.

El gran ‘debe’ de Guardiola fue no ganar la Champions y el gran ‘debe’ de Ancelotti -mayor incluso que no reconquistar Europa- fue el juego. Le costó derribar ciertos automatismos de la ‘era Guardiola’ a la hora de crear un equipo más directo. Su Bayern carecía de una identidad definida y no consiguió enganchar al Allianz Arena. No supo, no pudo o no le dejaron crear un estilo que sí existía con Pep. La alargada sombra de su recuerdo marcó, en el fondo, la estancia de Ancelotti.

La estrepitosa derrota con el PSG (3-0) fue la gota que colmó el vaso después de que el Bayern protagonizara su peor arranque en Bundesliga -ha sumado 13 puntos de 18 posibles- desde la 2010-11. ‘Carletto’ se convierte en el primer entrenador que el Bayern despide antes de diciembre desde que destituyera a Heynckes en 1991. Sus números, a pesar de todo, no eran malos. En 60 partidos sumó 42 victorias, 9 empates, 9 derrotas, 156 goles a favor y 50 en contra. Hay más. Su media de puntos en Bundesliga (2.39) es la segunda mejor de la historia del club. Sólo le supera, otra vez más, Guardiola (2.39).

Sin embargo, Ancelotti no es el culpable o, al menos, no el único ni el máximo culpable. La política de fichajes deja mucho que desear, el equipo se ha envejecido, la pretemporada no ha sido la ideal… En definitiva, el Bayern ya no es lo que era.