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Cae Atlético de Madrid ante Chelsea en estreno de Wanda Metropolitano 1-2

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Texto Periódico Marca/Madrid.- Absolutamente desquiciado como andaba ya, después de una noche de perros, el Atlético no entendió conveniente defender la última falta del Chelsea. Coqueteaba el reloj con su límite, pero, lejos de ponerla en el área por si acaso, Willian tocó en corto para armar una combinación a la que dieron sentido Marcos y Bakayoko hasta que Batshuayi apareció dentro del área completamente solo para firmar al final lo que el Chelsea había merecido desde el principio: la victoria en el Metropolitano. Ni de centro se sacó después, oiga. El fútbol es puñetero a veces, pero en este caso se trata de una cuestión de forma, que no de fondo: llegó ahí, pero debió llegar mucho antes.

Porque pocas veces se ha sentido tan pequeño el Atlético de Simeone. Diminuto, para ser exactos. El Chelsea era más alto… y tenía a Hazard. Absolutamente indetectable, el belga se adueñó enseguida del flamante estadio rojiblanco para convertir el partido en un monólogo ‘blue’ ante el que lo peor fue la falta de respuesta. En cuarto de hora había tenido dos ocasiones y había habilitado a Morata para otras dos, pero lo más cerca que anduvo de la red entonces fue cuando estrelló un disparo en el poste. No está mal, pero no es suficiente. Porque sin gol no hay paraíso. Ni siquiera en el jardín de Eden.

Lo que empezó como chaparrón se fue convirtiendo en lluvia fina, pero en todo caso el Atlético seguía absolutamente calado. Sus jugadores parecían acomplejados y las pocas veces que agarraban la pelota bastaba una cara de malo de Bakayoko para que la cedieran dóciles. Morata y Hazard, otra vez Morata, otra vez Hazard, toparon por fin con Oblak, hasta ese momento espectador de los acontecimientos que rondaban su portería. Como casi todos sus compañeros, vamos, pero en el caso del esloveno bajo palos. Simeone no daba con la tecla y en el nuevo estadio se oía el silencio.

Y en éstas el Chelsea debió aburrirse. Y en éstas Juanfran sacó los arrestos que siempre ha tenido para que el Atlético creara por fin un problema a su rival. Y en éstas apareció David Luiz, que nunca falta a su cita con el absurdo. Bien lo sabe la buena gente rojiblanca, que aún le recuerda postrado ante Falcao allá por 2012. A la salida de un córner local, al brasileño no se le ocurrió otra que convertir una pugna con Lucas en un claro agarrón que Cakir decretó como penalti ante la incredulidad del respetable: ¿se iba a poner el Atlético por delante? Pues sí, amiguitos: Griezmann embocó sin que hubiera Courtois que valga.

La respuesta inglesa fue contundente… pero tampoco. Ni la de Marcos, primero, ni la de Cahill, después. Allí ya disparaba hasta el apuntador. La única acción en la que reinó cierta lógica fue la última de ese primer acto: el Atlético combinó por fin, Courtois sacó el disparo de Koke y Saúl, forzado, no acertó a remachar llegando desde atrás. Lo de la lógica se apunta aquí, con perdón, porque sólo hubiera faltado que un primor del Chelsea, que eso había sido su deambular hasta el descanso, acabara con 2-0. El 1-0, la verdad, ya se metía de lleno en el terreno del surrealismo.

La inercia posterior fue similar, y ya se sabe lo del cántaro y la fuente. A la hora de partido Hazard controló por la izquierda, Correa y Koke llegaron tarde para auxiliar a Juanfran y la delicia del belga tuvo continuidad en la acción de Morata, adelantándose a Lucas para cabecear a la red. Sí, por fin a la red. Como no es cuestión de acostumbrarse, el Chelsea regresó enseguida a su costumbre anterior: Cesc, a dos metros de la portería y completamente solo, fue incapaz de embocar el segundo un par de minutos después. ¿Y el Atlético? Por allí andaba…

Se antojó una eternidad el tiempo que tardó Simeone en tirar de carrusel, más que nada porque entre Torres, Gaitán y Giménez, mal que bien, consiguieron cierta consistencia. Morata había desperdiciado un mano a mano poco antes de salir del campo, pero al final resultó que el remedio era peor que la enfermedad. El sustituto, Batshuayi, no necesitó tantas para hacer una. De hecho necesitó exactamente eso: una. La última. La que no defendió el Atlético, que con el empate hubiera salido bien parado de la tunda, pero que ahora se ha metido en un lío considerable. El Metropolitano fue de Eden, las cosas como son.